¿Qué pensarías si te dijeran que puedes ser sancionado por compartir un meme con tu pareja, con tu familia o tus amigos? ¿Te haría sentido saber que una plática privada con un amigo por WhatsApp donde criticaron a un político podría llevarte a los tribunales y terminar con una o varias sanciones?
No es una broma, si #DatoProtegido te pareció absurdo, espérate a conocer al Tribunal del Chisme.
Como sabemos, estrenamos jueces y magistrados electos por el pueblo y para el pueblo; tres de ellos integran la Sala Regional Guadalajara del Tribunal Electoral.
Para esta nueva integración, nacida del acordeón, tu privacidad nada vale si incomodas a una poderosa política.
Emma hoy lo sabe muy bien, pues lleva meses en desgastantes litigios presentando argumentos cada vez más especializados, cuando solo se necesitaba del sentido común.
En 2024 y 2025, Emma sostuvo simples conversaciones por WhatsApp con un amigo. Nada peculiar, una plática relajada y en confianza donde en breves líneas soltaron críticas y burlas hacia la diputada Almendra Negrete Sánchez.

Para ponerlos en contexto sobre “la víctima de los mensajes de Emma”, la diputada llegó al Congreso en el único espacio que correspondía a una acción afirmativa LGBTQ+, pero no ha ejercido el cargo, porque apenas rindió protesta pidió licencia y saltó a la Secretaría Nacional de la Diversidad Sexual de MORENA.
Resulta que el amigo con quien sostuvo aquellas charlas ingresó a trabajar con la diputada Almendra y tiempo después llegó la sorpresa. En octubre de 2025, Emma fue denunciada ante el Instituto Electoral de Sinaloa y se le ordenó que, en tanto se tramita el asunto, debe dejar de infligir daño psicológico, emocional o alterar a la diputada. Emma fue silenciada con medidas cautelares que fueron usadas como una amenaza para que no hiciera del dominio público lo que estaba pasando.
¡Es inaudito! No existieron declaraciones públicas, no hubo una conducta que deba ser reprochada por el Estado. ¡Fueron mensajes que por WhatsApp se escribieron dos amigos! Emma y la diputada ni siquiera se conocen, no pertenecen a la misma dependencia y no han colaborado juntas.
Sobraría explicarlo, era una comunicación privada inviolable que jamás debió ser filtrada; sin embargo, en los mensajes tampoco existe una explicación lógica para que el Estado se haya vuelto el guardián de los nervios de la diputada. No son más que un puñado de frases que se aislaron del contexto como: “Ya consíganle una novia a la almond”, “inventa pen… abusando de su influencia y contactos” y “lo que ha avanzado por el colectivo ‘Igbt’ no ha sido por ella”.
Estos asuntos no deben ser una ocupación del Estado. Claramente, los Tribunales Electorales no tienen competencia, porque ni siquiera existe un impacto en el ejercicio de un cargo público ni en otro derecho político-electoral; la “víctima” ni siquiera ejerce el cargo de elección popular.
El Derecho no va más allá del sentido común, pero si una ley infringiera esto, los tribunales están para controlarlo, protegiendo la privacidad y la libre expresión; no para torcer la ley para dar cabida a caprichos y venganzas de políticas que claramente no entienden qué es la función pública.

QR para tener acceso a la sentencia
A la Sala Regional nada de esto le importó, el 25 de febrero resolvió que Emma había cometido violencia política de género y ordenó que fuera sancionada. A falta de ley, las construcciones imaginarias no faltaron. Para ese tribunal los mensajes privados entre amigos se equiparan a “flaming”, que es una “provocación incendiaria” en redes sociales y a “wollying”, que es “bullying” o acoso entre mujeres.
Emma tiene un último recurso extraordinario que pretende agotar, presentó una impugnación contra la absurda sentencia ante la Sala Superior; pero no perdamos de vista que es la misma Sala que validó las sanciones en el caso de #DatoProtegido. Veremos si ellos aprendieron la lección y recobran conciencia del peligro y represión que encierra este precedente.
Es lamentable, la violencia política de género surgió como una herramienta para combatir la discriminación y el abuso con el que se pretendía apartar del camino político a las mujeres. Hoy se ha pervertido por políticas poderosas e instituciones para ser utilizada como un instrumento de venganzas, caprichos y para perseguir a quienes simplemente se atreven a pensar distinto.
Mientras se resuelve la impugnación… ¡cuidado con lo que escribes a tus amigos, familiares, pareja y conocidos! No vaya a ser que el Tribunal Electoral te sancione.
La autora es abogada y consultora especialista en materia electoral y derechos humanos
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