Finalmente, la presidenta Sheinbaum presentó al Congreso de la Unión su anunciada y muchas veces diferida iniciativa de reforma electoral. Otro parto de los montes atribuible a su autoría. Pocas sorpresas; mucha simulación y nula democracia.
La llamada reforma electoral tuvo varios objetivos: dos evidentes: el primero afianzar y eternizar a Morena en el Poder Público; el segundo, asegurar recursos públicos, ante la posibilidad de que los ilícitos o de procedencia dudosa, pudieran comenzar a escasear, visto el golpe dado al Mencho. Otros objetivos, menos evidentes: debilitar a la oposición, quitarle legisladores, recursos y ganas de competir y el último: sacudirse a un radical y fanático: Pablo Gómez, que no funcionaba en donde estaba y que, viéndolo bien, más respondía a la ordenes e intereses de AMLO, que a las que recibía de su presidenta.
El señor Gómez, como parte del gobierno federal, daba mala imagen ante la vista, sobre todo de la administración del señor Donald Trump y eso era grave; éste ha llegado a decir, en el caso particular de Irán, que el nuevo presidente de ese país “… necesitará de su aprobación si quiere dudar”. Más claro no canta un gallo. Nuestra presidenta se adelantó; actuó antes de recibir la orden.
Pablo Gómez, por su pasado mediato, que para sobrevivir económicamente navegó como radical de izquierda, no es bien visto por los derechosos que actualmente gobiernan los Estados Unidos de América; por la misma razón tampoco tiene visa para entrar a este país. No Conoce Orlando ni las Vegas. Para él son muestras de un imperialismo decadente y nocivo. Aunque tiene experiencia como legislador, carece del oficio de formular leyes; pues no es lo mismo criticar lo que hacían otros, sobre todo los priistas, que construir algo propio, que es lo que ahora se le confió.
Para evitar que la iniciativa de reforma constitucionales confiada al señor Gómez derivara en propuestas radicales, dados sus antecedentes ideológicos, se puso a su lado a Arturo Zaldívar, que sí sabe Derecho, pero que no es izquierdoso, es de derecha a pesar de que ahora aparenta navegar con bandera de izquierdista. AMLO, que no tiene un pelo de tonto, lo sabía; también sabía que es ambicioso; lo utilizó para sus fines; hizo con él lo que quiso: controlar a los ministros de la Corte y de paso a los magistrados y jueces. No lo digo yo; tampoco estoy dando una primicia; hay testimonios escritos y publicados que lo afirman.
Conociendo las ambiciones de los morenos, era de esperarse que con el proyecto de iniciativa cuya elaboración se confió a Pablo Gómez, más procuraran afianzarse eternamente en el poder, que instaurar un auténtico sistema democrático. ¿Cuándo un izquierdista que ha llegado al Poder público va a aceptar abandonarlo a fuerza de votos?; siempre, en todos los casos y sin excepción, se aferrará a él. Su pensamiento es simple: en las democracias el voto es una vía para que ellos alcancen el Poder, pero no para abandonarlo. Ese es el ADN de un izquierdista. Los que no piensan como ellos, son fascistas, capitalistas, bujaranistas, revisionistas, imperialistas, mencheviques, trostquistas, zinovietistas, conservadores, derechistas, antibolcheviques o kausquistas. Epítetos les sobran.
Finalmente, el proyecto elaborado por el equipo presidido por Pablo Gómez pudiera ser aprobado por el Congreso de la Unión tal cual fue presentado por la presidenta de la república. Todo es cosa de que le lleguen al precio a los partidos menudencia o comparsa: PT y Verde.
El que se dijera que la presidenta cuenta con un plan B, es una finta; se filtró con el fin de que esos partidos menudencias le bajen unas rayitas el precio de su complicidad y accedan a sumar su voto a los de Morena.
De ser aprobada la reforma electoral por el Congreso de la Unión, la intervención de las legislaturas de la Entidades es cosa de mero trámite. Los votos aprobatorios pudieran ser emitidos por las diputaciones permanentes locales. Las aprobaciones, desde luego, se harán llegar por vía electrónica. El cómputo de sus votos pudiera ya estar hecho.
Es de esperarse que cumplida la encomienda que se dio a Pablo Gómez, como no tiene oficio ni beneficio y sólo sabe vivir del presupuesto público, es seguro que vuelva al Congreso de la Unión y que, como eterno legislador, acabe sus días.
Aprobada que sea la reforma electoral es de esperarse que Arturo Zaldívar también sea premiado. En razón de que las posiciones para las que se barajaba su nombre: la Fiscalía General de la República y la Consejería Jurídica de la presidencia de la República están ocupadas por mujeres, como dice el dicho: a más no haber, me acuesto con mi mujer. Ante el repudio de que es objeto de parte de los radicales de Morena, que lo ven como un arribista, oportunista y de derecha, lo que es absolutamente cierto, y para que lo afirmen no les faltan motivos, como en varios casos del pasado, pudiera derivar en que sea nombrado como vicecónsul. En su caso, en Belice para que, en casos de una emergencia, tenerlo cerca, pero no tan cerca, es decir: en casa.
Ese pudiera ser el panorama previsible. Dadas las actuales circunstancias mundiales siempre hay que decir: Trump mediante. Éste, en el momento menos oportuno, a pesar de que reconoce que nuestra presidenta es bella y tiene una voz muy bonita, pudiera dar un golpe que desarticule su gobierno, que lo exhiba como cómplice de la delincuencia organizada; o de que, sin el permiso de ella, haga llover fuego en los centros de producción de drogas o, en el mejor de los casos, desprestigie a su administración al grado de que no se vuelvan a levantar.
Debe de ser una gran desgracia que el futuro de un país, de un partido o de una persona, dependa de manera total y absoluta de la voluntad o humores de un tercero y no de uno mismo. Está muy difícil el papel que le tocó desempeñar a señora Sheinbaum. Ni modo. Nadie la forzó. Ella y su padrino: AMLO lucharon para que llegara a donde está. Ahora se aguantan, en plural; que no inventen pretextos para no dar la cara.
El autor es catedrático en la Universidad Autónoma Metropolitana.
