Hermógenes (ca 160/185 de la era actual), un retórico de la antigüedad, en su obra Sobre las formas de estilo (Gredos, Madrid, 1993), estudia los elementos que dan solemnidad, gravedad, carácter, claridad, viveza, ritmo, nobleza, aspereza, simplicidad y otras características a una pieza oratoria, en particular o a una exposición, en general.

Ese autor considera que la solemnidad en una exposición se alcanza por observar ciertos elementos: dar a entender que sabemos algo, pero no podemos expresarlo, como lo hace Platón: “Descubrir esto es difícil, y quien lo descubra lo exponga ante todos, imposible.” (247 p. 132). También se alcanza por utilizar ciertas vocales, metáforas y por usar los menos verbos posibles, como lo hace Tucídides: “…<<pues la audacia irracional fue considerada valentía leal; la demora meditada, cobardía destacada; la prudencia, un pretexto para la falta de valor >>”. (249, ps. 135 y 136).

Dan carácter a una exposición, pero no solemnidad, los juicios de valor que expresan dudas, como lo hace Demóstenes cuando dice: “<<A lo que parece, aunque no me gusta injuriar, es necesario que lo haga>>” (250, p. 136).

Formulada esa breve y docta exposición, paso a algo más terreno y menos solemne: a ciertas particularidades del español que se habla en algunas regiones de México; son frases o versos que únicamente pueden ser obra de muchos, sobre todo anónimos y derivar del paso de mucho tiempo. Es un rico acervo de frases que contienen contrasentidos, absurdos o ironías; está contenido en dichos, refranes, alardes y habladas; también aparecen en versos de canciones: sones, gustos y corridos. Cito, a continuación, algunos de ellos; es una simple antología, una muestra representativa:

Las brujas no existen, pero de que las hay las hay; dicen que un buey voló, tan pue’ que sí, como tan pue’ que no; cuando el búho canta, el indio muere, eso no es cierto, pero sucede; ni lo permita Dios quiera; a todo mundo le llega su hora, pero a algunos no; ¿qué les parece si lo posponemos para inmediatamente?; yo nunca he hecho eso, tan feo que sabe; ¿Puedo jugar con tus chichis?, sí, pero no te las lleves muy lejos; el agua y las chichis no saben a nada, pero son muy ricas; o su variante: el agua y las tetas se parecen en que no saben a nada , pero pueden caer muy bien. (Estos tres últimos los aportó el Maestro Pintor don Jorge Espinosa Chacón).

¿Te duele el puñal que traes enterrado? sólo cuando me río; si saben contar, no cuenten conmigo; mándenme más dinero que estoy ganando; yo primero muerto que cadáver; conmigo andarás descalza, pero con la barriga llena; con el tiempo y con saliva un elefante se fornicó a una hormiga.

Lo que es parejo no es chipotudo; para mí, nunca es a veces y a veces es nunca; ¿por qué tanto brinco, estando el suelo parejo?; no sólo estamos retrocediendo, también vamos para atrás (Catón); dicen que el semen sabe a cloro, no sé, yo nunca he probado el cloro; busco a la mujer por lo que valga, no por la nalga; pies pa’ que los quiero, si tengo alas pa’ volar; que me la traigan, porque si voy me quedo; se me hace que te doy una nalgada antes de matarte; el que sabe, sabe y el que no, no sabe nada; es tan indeciso que no sabe si pegarse un tiro o tirarse un pedo; estoy solo cuando tengo compañía y tengo compañía cuando estoy solo.

Como decía Voltaire: Dios mío, si existes, salva mi alma, si es que tengo. No sean montoneros, aviéntense de siete en siete. Esto pasa cuando sucede; ¿Cuántos son pa’ no contarlos?; ábranla que vengo herido, no los vaya a salpicar; eso se escupe; a mi ni a melón me supo; el Diablo nunca aprendió a sumar, pero a dividir sí; nunca digas: de esa agua no he de beber, si la estás bebiendo; hasta la risa te pago, cuantimás unos eructos; no me importa que nadie me quiera, si me quiero yo; a mí las nalgas sólo me sirven pa, cagar; mejor muerto que mal herido.

A mi no se me fue viva la paloma; me corto un huevo y la mitad del otro; que chingue a su madre la Muerte, mientras la vida nos dure; vámonos muriendo ahora, que están enterrando gratis; de pendejo me muero este año sabiendo que el que viene es bueno; me quiebro, pero no me doblo; a mi no me digan tío, que ni parientes somos; poco se me hace el mar para echarme un buche de agua.

Todos los que me ven son ojos; a mi se me hace panzón san Lucas y flaca la Magdalena; ¿desde cuándo las arañas mean en la casa de los Alonso? Para mí la pulpa es pecho y el espinazo cadera; al fin si te has de poner, vete pues acomodando; siendo el amor parejo, nomás un pujido se oye; a mi las calaveras me pelan los dientes y los guajolotes me bailan un tango; cagando y juntando varas; la pólvora alemana no arde en manos de pendejos; no pido que me den, sino que me pongan donde hay; a mí me pelan tres cuartas y un jeme; me eché tres sin sacar; acostándome con Luz, aunque me apaguen la vela; soy pendejo pero Dios me ayuda; no sé que tengo en los ojos que puros pendejos veo; si esa araña me picara san Jorge sería pendejo.

Le pido a Dios por los pendejos, para que nunca se acaben; aunque somos del mismo barro, no es lo mismo bacín que jarro; al cabo de mil años todos seremos calvos; esto ya valió chichi de gallina o de culebra; ay vida, no me mereces; no te hagas como yo era antes; si no fueras mi comadre, otro gallo nos cantara; he hecho de todo, menos parir, porque no ha habido cabrón que me enseñe; si de Cristo hablaron, qué no dirán de mí; no te hagas ilusiones, voy de paso; qué me ha de dar san Sebastián, si ni a calzones llega; yo antes verdugo, que ahorcado; tengo las manos verdes de tanto amansar pericos; soy como el armadillo: me gusta dormir con Concha; ni yo, que soy la portera, me asomo tanto al zaguán; cuando tu vas por la leche, yo ya vengo con el requesón; vámonos … tentando atrás, que se siente gran consuelo.

En la trova existen testimonios abundantes de ironías, absurdos o de contrasentidos:

Dicen que la mar es grande

y yo les digo que no;

pues si la mar fuera grande,

desde aquí la viera yo.

Solamente Dios es grande,

pues él fue el que la formó.

(Gusto calentano)

Enamoré a una casada,

por ver si decía que sí;

y me contestó enojada:

¡Lárguese usted de aquí!; …

ahí venga en la madrugada,

cuando vaya a hacer la chi.

(Gusto calentano)

Al pie de un árbol frondoso,

yo vide a la virgen del Carmen;

y te juro, ángel hermoso,

que si no llegas a amarme:

me echo de cabeza a un pozo,

pero siempre, a no matarme.

(Bomba yucateca)

Una monja y un fraile

durmieron juntos;

porque le tenían miedo,

Cielito Lindo:

a los difuntos.

(Cielito lindo, son huasteco)

Enamoré a una vieja,

Me dijo: me duele un píe,

pero si es para esa cosa:

aunque sea rengueando iré.

(Verso de un son veracruzano)

Nicolás desesperado,

de un palo alto se iba a ahorcar;

y el mayordomo le dijo:

ten la reata Nicolás.

(El Payo, canción ranchera).

Al otro lado del río

hay un gato sin orejas.

Lo que no hacen las muchachas,

lo hacen las malditas viejas.

(Son veracruzano el Gavilancillo).

El día en que la mataron

Rosita andaba de suerte.

De tres tiros que le dieron,

nomás uno era de muerte.

(Corrido de Rosita Alvirez)

 

Doy fin a estas notas citando un clásico: los pendejos y la de malas siempre andan juntos.