Vale iniciar este artículo con una pregunta: ¿el régimen bautizado como Cuarta Transformación tiene ideas? Debe tenerlas, pero no como un sistema político, tal como nos lo quiere hacer creer la presidente Sheinbaum. Se trata, en el mejor de los casos, de un batidillo de lugares comunes surgidos de la necesidad de dar respuesta a inquietudes ciudadanas, durante las giras que hizo, durante dos décadas, el fundador del Morena por el territorio nacional. Sus libros, por otro lado, nunca fueron escritos con una intención programática e ideológica, sino propagandística. Sin embargo, para la mandataria las ideas de su antecesor son de suma trascendencia, tanta que incluso corren el riesgo de ser plagiadas.

En el colmo de su sobrevaloración, no tuvo empacho en decir: “Las ideas de la Cuarta Transformación, el Humanismo Mexicano (con mayúsculas), el pensamiento de pensadores políticos, transformadores en nuestro país, no tiene copyright. Es parte del pensamiento universal, y quien quiera ocupar las experiencias que hemos tenido aquí, que sean exitosas”. Es claro que la mandataria no tiene idea del cúmulo de aportaciones que ha dado México en materia de ideas políticas, expresadas o escritas por los forjadores de nuestra nacionalidad, tanto en la lucha por la Independencia como en la etapa más prolífica, durante la lucha contra los conservadores, los años del liberalismo y contra la Intervención, y finalizar con los ideólogos de la Revolución Mexicana.

La enorme paradoja que surge de esta realidad chocante, es que tratando de distanciarse de su progenitor, o sea el PRI, el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) retrocedió a sus orígenes, o sea el año 1929, plena etapa del desarrollo de las ideologías totalitarias. De ahí la confusión de la mandataria, al considerar que el supuesto “Humanismo Mexicano” es una ideología progresista, sólo por el hecho de que así se le ocurrió decirlo su tutor, en una de esas conferencias matutinas en las que le venían ocurrencias disparatadas. Esto fue posible gracias a que el partido del  conservadurismo ideológico, el PAN, fracasó en su intento de recuperar el poder que disfrutó durante dos sexenios consecutivos, pero que no supo consolidar por no contar con un proyecto que abarcara el total del país, y quedar prácticamente excluida la población del sur y sureste, muy diferente a la del norte.

Con apenas un año y cinco meses en Palacio Nacional, la presidente Sheinbaum se observa incapaz de aportar ideas propias. En los hechos, Morena no necesitó un programa, pues el del añejo PRI le quedó como anillo al dedo; sólo eran necesarias adecuaciones acordes con el modo de ser y de actuar del fundador del partido guinda. Con todo, es insostenible que la continuadora del obradorismo se mantenga sin aportar ideas propias, su desgaste sería aceleradísimo, aún más si se le cierra la posibilidad de que haga campaña en su favor, con el pretexto de la innecesaria revocación de mandato, en los comicios del próximo año. Aunque pudiera lograrlo, gracias a los mercenarios disfrazados de opositores, quienes parecen no advertir que un año más en su misma situación los hará prescindibles, tampoco tendría la garantía de que Morena revierta su descomposición interna, por ahora la  amenaza digna de tomar en cuenta.

La realidad nos muestra un partido en el poder que se mantiene gracias al derroche de recursos disfrazados de “ayuda social”, situación también insostenible, sin que paralelamente se abrieran posibilidades concretas de crecimiento real. Hasta ahora no las hay, con el riesgo latente de que la situación económica mundial se complique en los meses subsecuentes, en la medida que la guerra en Medio Oriente se agrave, como es previsible por la complejidad que está adquiriendo el conflicto, a fin de acabar con Israel e instaurar el islamismo en el mundo. En tal contexto, el “Humanismo Mexicano” es una tomadura de pelo, una broma de mal gusto.

El hecho de que aún no se acabe de valorar el verdadero sentido de tal puntada, es una demostración de lo exitoso que fue el sexenio pasado, independientemente de que esto sea resultado de la demagogia como motor del proceso enajenante de gran parte de la población. Con todo, en las actuales condiciones es inviable mantenerlo. El obradorato se abrió paso gracias a que encontró terreno fértil, luego de tres sexenios de pragmatismo puro, de mucha administración y cero política, situación que aprovechó López Obrador para erigirse como el salvador de la patria, sin que ello ocurriera sino al contrario, como lo demuestran las cifras y datos concretos de la descomposición social, económica y política de un régimen patrimonialista, en el sentido de que se accede al poder para disfrutarlo entre familiares y amigos cómplices.

Por lo que se vislumbra en lo que resta del año, nos esperan situaciones terribles, no sólo por la guerra en Medio Oriente, sino por las profundas contradicciones en que se está metiendo un régimen sin un proyecto de nación objetivo, razonable, orientado a ofrecer resultados en materias que realmente derivarían en avances humanistas: la defensa de los derechos humanos de la sociedad, no de los grupos delictivos y de quienes gozan de impunidad; la corrección a fondo de las causas estructurales de la pobreza y el estancamiento económico; la atención satisfactoria a la salud de las clases mayoritarias, esas que se quedaron sin servicios de salud al acabar con el Seguro Popular; la educación con fines educativos, no doctrinarios y con un trasfondo criminalmente perverso, etcétera.

Por lo pronto, el país seguirá hundiéndose en la mediocridad cultural y académica; en la mezquindad como comportamiento social, porque así lo está propiciando el régimen a fin de manipular a una población metida en su mundo estrecho, perdido el concepto de solidaridad. De ahí lo absurdo de que tal modo de vivir se quiera compartir en otras latitudes. ¿Quién va a querer lidiar con problemas de todo tipo que ya dejaron atrás? Tal vez en algunos países africanos. Lo peor es que el régimen es enemigo acérrimo de la crítica, no se diga de un asomo de autocrítica, razón por la cual sólo cuenta con aliados convenencieros, como la inmensa mayoría de quienes se afilian al partido.

Mientras, seguiremos padeciendo situaciones vergonzosas, como la conversión de amplias áreas del territorio nacional en fosas comunes en vez de ser campos de cultivo, que buena falta nos hacen para dejar de importar alimentos básicos, como el maíz. Como también es vergonzoso descalificar a la ONU cuando cumple su función de llamar la atención a Estados que incumplen su labor prioritaria de garantizar los derechos humanos de su población, como lo hizo la semana pasada al gobierno que se autoproclama de “humanista”. La mandataria no tuvo empacho en calificar de “tendencioso” y de omitir “los avances alcanzados por el país desde 2019” en materia de desaparecidos, el acucioso informe del máximo organismo mundial. Por supuesto, como si estuviera hablando con un grupo de mujeres abatidas por sus duelos, culpó a gobiernos del pasado del flagelo. Mientras, la presidente de la CNDH, Rosario Piedra, en vez de ofrecer una respuesta seria, secundó a su jefa calificando el informe de “sesgado y contradictorio”, sin justificar sus argumentos.

Sin embargo, el informe del Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU, firmado por su presidente, Juan Pablo Albán, fue muy preciso en las cifras, que sería prolijo puntualizar en este espacio. Baste decir que no dejó lugar a dudas sobre el incremento alcanzado los últimos tres años del sexenio pasado. El INEGI, lejos de todo posicionamiento político, destacó un promedio anual de 28 por ciento el último trienio  de López Obrador. Sigue vigente la práctica de parar todo asomo de crítica, defender con toda la fuerza del gobierno los errores que salgan a la luz, jamás admitir que son consecuencia del régimen. Justificar hasta donde se pueda todo asunto que se salga de control, como las fallas en las obras emblemáticas y su elevadísimo costo.

A fin de cuentas, para eso se dio en los hechos un exitoso autogolpe de Estado, como el que intentó llevar a cabo el ex mandatario peruano Pedro Castillo, cuya familia vive asilada en México, mientras él está encarcelado. Se puso fin a la división de poderes, ahora nos esperan tiempos muy difíciles, sin un solo contrapeso al Ejecutivo. La Suprema Corte de Justicia de la Nación, integrada con el novedoso método del uso de “acordeones”, acaba de aprobar que la Unidad de Investigación Financiera (UIF), bloquee cuentas sin orden judicial, argumentando los ministros que “es un acto administrativo, no una sanción penal”.

Mientras tanto, el  país se desangra con la violencia que no cesa, con la suma, día tras día, de hallazgos de fosas clandestinas, no obstante la clausura DE estaciones radiofónicas que por décadas han informado sobre el acontecer nacional, como el programa “Buenos Días” que hace cincuenta años salió al aire bajo la batuta de Héctor Martínez Serrano. Y, contra toda evidencia, se sostiene lo insostenible. Tal es el caso de las protestas de productores agrícolas y transportistas, ya recurrentes desde el sexenio pasado. La estrategia es obvia: que se desgasten solos con los bloqueos de carreteras, pues pagar, ya no digamos lo justo, sino lo económicamente redituable para una sana interrelación entre los sectores productivos y de servicios, no forma parte de los criterios de política económica del régimen, orientados a mantener la estabilidad macroeconómica.