La política se busca elevar la calidad de vida de los gobernados; se dice que es la práctica y ciencia del bien común. Por otra parte, también sobresale la actividad en cuanto a la lucha por el poder, los sistemas de gobierno y la toma de decisiones, que impactan en las relaciones sociales.
En el México contemporáneo hemos venido experimentando profundos y paulatinos cambios en el sistema político, sobre todo en la década de los noventa y los primeros dieciocho años de este siglo, bajo la denominación de la etapa de transición, que alcanzó una transformación importante, fijando un rumbo de equilibrios, con cimentación institucional y reglas equitativas, fortaleciendo el federalismo; el desarrollo de la democracia y; la competencia electoral.
Un elemento toral para avanzar en la materia consistió en el reconocimiento de la pluralidad política en el país; el respeto a las minorías y; garantizar el acceso a la vida pública de esas voces, abriendo puertas a efecto de que los Congresos estuvieren integrados en la medida de lo posible conforme a un fiel reflejo de la sociedad, procurando trasladar también este concepto a los Ayuntamientos.
Asimismo, dentro de esa inercia reformista, se detectaron cuando menos dos fenómenos que constituían un lastre y, por lo mismo, se les debía poner especial atención: el incremento de la delincuencia organizada y, la corrupción e impunidad arraigada en la administración pública.
En ese orden, se incluyeron en el texto constitucional los sistemas nacionales de seguridad pública y de combate a la corrupción, creando las instancias que se consideraron adecuadas para esos efectos, aunque había una claridad en el sentido que difícilmente se lograrían resultados positivos si no se acompañaban las acciones con programas de prevención y concientización.
La llegada de López Obrador al gobierno trajo esperanzas de un cambio con honestidad en todos sentidos, sin embargo, en los hechos fueron completamente destrozadas, ante un cúmulo de evidencias que dejan al descubierto un sistema de complicidades de una magnitud sin precedente.
Lo primero que hicieron los morenistas fue frenar el proceso de transición y, dar marcha atrás, eliminando cualquier contrapeso a las decisiones del Ejecutivo, lo que significa un brusco retorno al régimen presidencialista, regresando al Partido de Estado e ignorando a la oposición, la pluralidad es concebida como un estorbo.
Se dejó crecer a la delincuencia organizada e inclusive se les permitió participar en los procesos electorales y apropiarse de candidaturas y territorios, se volvieron aliados del régimen, pasaron de ser un problema para convertirse en un cómplice del gobierno, hasta que las políticas implementadas por Trump han obstaculizado esa relación, afortunadamente.
Igualmente, lo relativo a la corrupción, los niveles alcanzados y el cinismo con que se lleva a cabo esta actividad nunca en la historia del país se había registrado de forma prácticamente generalizada, con cantidades inimaginables, envolviendo a personajes de los más altos puestos y actuando a ojos vistos, con total impunidad y protección.
Se ha cambiado el régimen, ahora es de corte autoritario y, ese tipo de gobiernos no inspira confianza, pues aprovechan el puesto para beneficio personal.
