Claudia Sheinbaum asistió a un foro en Barcelona, España, que se dijo fue “en defensa de la democracia”, al cual acudieron los presidentes de España, Brasil, Colombia y Uruguay, entre otros. Este encuentro también abordó los temas del desarrollo y la defensa del medio ambiente. Fue, según se difundió en medios informativos, una reunión de líderes que se dicen progresistas.

Pero qué puede ir a presumir la señora Sheinbaum sobre estos temas cuando aquí en México hace exactamente lo contrario. En realidad, fue farol de la calle y es oscuridad de la casa, como bien retrata el refrán popular a los demagogos, a los mentirosos, a quienes hacen alarde público de lo que no practican en sus casas.

Porque no es de demócratas ni de izquierda democrática ni progresista acabar con los contrapesos, el equilibrio de poderes y el control de la sociedad sobre los actos de gobierno, como tampoco imponer autoritariamente la militarización de la seguridad y de otros aspectos de la administración pública, como sucede en México. De ninguna manera se identifica con una izquierda democrática la imposición de una reforma político-electoral cuya finalidad es hacerse del control de los órganos electorales autónomos e independientes (como sucede con el INE actualmente) para eliminar la competencia electoral y desaparecer a la oposición, como tampoco lo es el desmantelamiento de las instituciones que en tiempos recientes permitieron la alternancia pacífica en el poder.

No es de demócratas ni de progresistas el socavamiento del sistema público de salud, ni eludir la implementación de una reforma hacendaria que ayude a la redistribución del desigual ingreso nacional, o el uso electorero de los programas sociales para comprar voluntades, o la amenaza de perseguir a opositores a los que se les pueden congelar sus cuentas bancarias sin una orden judicial bajo la sospecha (muy probablemente infundada) de supuestos vínculos con la delincuencia organizada, sin derecho a la legítima defensa, más cuando estos gobernantes no investigan a gobernantes y funcionarios públicos de Morena acusados de vínculos con el crimen organizado y de ser parte de redes insultantes de corrupción.

Menos es de demócratas negar la crisis humanitaria que se ahonda en México con las más de 130 mil personas víctimas de desaparición forzada, que han hecho de nuestro país un panteón clandestino, como lo han denunciado públicamente madres de hijos y familiares desaparecidos a los que incesantemente siguen buscando sin el apoyo y la descalificación de este gobierno.

En fin, no es de demócratas hacer lo que la señora Sheinbaum fue a presumir a Barcelona sobre su gobierno para hablar de un país inexistente. No juzgo a los mandatarios de otros países, cuyo futuro político es hoy incierto. Pero como mexicano me da vergüenza que internacionalmente se hable de México como un Narcoestado, calificado con los más altos índices de corrupción y de impunidad, como el peor país, sotanero, en materia educativa entre los que integran la OCDE.

Me avergüenza que ya México esté catalogado como una “autocracia electoral”, como un país que no cuida su medio ambiente, como lo han constatado muchísimas organizaciones que han documentado la destrucción de unos 10 millones de árboles en la selva del sureste mexicano para la construcción de un “tren turístico” fallido, que no transporta a nadie y que está contaminando el subsuelo de ese territorio, aunque se continúe presumiendo el fallido programa “Sembrando Vida”, al que se destinan miles de millones de pesos.

Esta señora presidenta cree que esos discursos falaces en el extranjero van a ayudarla a revertir la crisis de su proyecto de control político o la crisis económica que está en curso (estancamiento con inflación), según cifras recientes del INEGI.

Pero eso no va a acallar las voces de una sociedad que ya ha empezado a despertar del sueño del paraíso prometido por un falso mesías.

El gran reto de la oposición política y social, de la sociedad entera que no se resigna a caminar mansa y calladamente al abismo, es conformar un gran frente amplio en favor de México para que en 2027 se derrote a Morena en las urnas. Así, aunque ellos -los del gobierno- hoy se adueñen del INE al nombrar a sus lacayos como nuevos consejeros electorales, el voto aplastante de la mayoría puede derrotarlos en las urnas y cambiar el rumbo del país por el bien de la gente.

¡Este es el momento, después será demasiado tarde!