En la colaboración anterior se presentó como una aproximación al entendimiento de la Seguridad Nacional en México la condición permanente armonizada, integral, multidimensional, trascendente y subyacente que debe de mantener y promover el Estado como requisito para la libre manifestación de los fenómenos y procesos sociales que contribuyen a las aspiraciones, intereses y objetivos nacionales. Adicionalmente, señalamos que debe ser una labor coordinada y con plena corresponsabilidad en la ejecución, evaluación, observancia y realimentación de procesos en torno a la misma de ciudadanos particulares, funcionarios, instituciones, gobierno y la sociedad en general. Con la finalidad de asegurar su trascendencia e integralidad, la Seguridad Nacional por definición debe ser estratégica, lo que implica obligadamente una visión de largo y muy largo plazo (diez, veinte, treinta e incluso cincuenta años para el provenir) y que debe abarcar todos los sectores presentes y potenciales futuros del país.

Pensar conceptualmente en estos términos sobre la Seguridad Nacional nos obliga a definir operacionalmente los fines, los medios y los objetivos para tales fines. Y es precisamente el ejercicio de identificación reflexiva de éstos lo que nos permite comenzar a aclarar y puntualizar por qué las condiciones de Seguridad en México son tan frágiles, inestables y volátiles. Contrario al discurso oficial, la evidencia histórica de al menos la última década nos muestra que mientras que en los datos oficiales las condiciones nacionales son estables y hasta prósperas, la realidad en buena parte del país es exactamente lo contrario.

Debemos señalar que más allá de los indicadores numéricos, estadísticas y fórmulas matemáticas -mismos que son instrumentos sumamente valiosos si se analizan de forma objetiva e imparcial- existen dos factores sociales que determinan la “realidad”. El primero de ellos es la percepción, es decir, el cómo interpretamos nuestro entorno inmediato, y cómo reaccionamos ante él. El segundo -y mayoritariamente definitorio del primero- es la perspectiva, es decir, la posición relativa que como individuos mantenemos en una sociedad, y la cual determina nuestras acciones, nuestra capacidad de influencia, y cómo el entorno puede influir sobre nosotros y nuestras acciones.

De esta manera, podemos entender el por qué mientras las autoridades pueden declarar un incremento en las condiciones de seguridad y estabilidad en el país, la percepción y la perspectiva de los ciudadanos puede reflejar una condición completamente diferente, y en que en la práctica poseen mucha mayor relevancia para la conducción de las actividades ciudadanas en lo individual y en lo colectivo. Esta “realidad ciudadana” determina su disposición, su interacción social, su respeto a las autoridades y las normas jurídicas, e incluso determina el ejercicio de su potencialidad como actores sociales. En otras palabras, las condiciones de Seguridad de un país no sólo son acciones de gobierno y fenómenos sociales, sino también cómo se interpretan y reaccionan los ciudadanos ante ellos.

Si consideramos que la Seguridad es un conjunto de condiciones subyacentes necesarias para que se pueda llevar a cabo la acción social, debemos identificar cual es el fin último de la misma, y la respuesta es clara: el objetivo final de la Seguridad Nacional es el Desarrollo. Existe una amplia multiplicidad de definiciones e interpretaciones de este término, dependiendo de la aproximación a la misma. Ya sea desde el sector productivo, industrial, financiero, cultural, histórico o social, todas las aproximaciones terminológicas podrían sintetizarse en el siguiente postulado: el Desarrollo es un proceso social integral, multidimensional, multivariable, y permanente orientado a incrementar en todos sus componentes presentes y potenciales la calidad de vida de un Estado. Para ello, el mismo no es estático, sino dinámico y adaptable al contexto y coyuntura por las que atraviesa la sociedad en su momento, y debe tener la capacidad de ser ampliado y proyectado constantemente.

El Desarrollo no es una función lineal de la sociedad. Es una curva dinámica no proporcional, la cual busca ser ascendente en el largo plazo; pero en el corto y mediano plazo puede tener picos y valles, altas y bajas, que le otorgan un impulso cinético constante. Su característica definitoria es la eficiencia. Es por este motivo que cuando hablamos del Desarrollo debemos considerar el adecuado aprovechamiento de los recursos nacionales presentes y potenciales, maximizando los mismos y minimizando su desperdicio.

Si existen las condiciones nacionales propicias y permisivas para el aprovechamiento de los recursos y potencialidades sociales (seguridad) se puede generar una espiral ascendente de actividad social con trascendencia (desarrollo), la cual a su vez promueve un entorno estable y conducente para la proyección nacional. Este ciclo acumulativo convierte a la Seguridad y al Desarrollo en dos caras de una misma función dinámica de la sociedad, y determina el potencial presente y futuro de una nación. Fenómenos, procesos y sucesos adversos tales como la delincuencia, desastres naturales o medioambientales, presiones o influencias del exterior, o acontecimientos político-sociales potencialmente disruptivos ciertamente pueden afectar el binomio Desarrollo-Seguridad. Pero su impacto puede ser administrado, gestionado o mitigado de manera más eficiente en virtud de la resiliencia contextual y coyuntural derivada de mantener un proceso nacional integral estable, robusto y trascendente.

Es así como identificar y fortalecer adecuadamente los factores esenciales del Desarrollo Nacional -así como sus procesos mutuamente vinculantes- resulta esencial para consolidar las condiciones de estabilidad e integridad nacional, para disuadir y minimizar los fenómenos que pueden influirla negativamente, y evitar repercusiones sociales en el corto, mediano y largo plazo. Esto implica un cambio de perspectiva, y la adopción paulatina de una posición conceptual, reflexiva y operacional diferente en torno al binomio Desarrollo-Seguridad. Implica romper paradigmas, adecuar nuestra doctrina nacional, y concentrarnos en lo importante y no solo en lo urgente. Requiere ser eficientes, objetivos, y generar una apertura reflexiva más amplia que la del discurso oficialista/triunfalista vigente, mirar al provenir con objetividad.

Reconocer la importancia de este proceso es un acto de responsabilidad social, no como un intento sistémico disruptivo, sino como una aportación colaborativa y propositiva encaminada al fortalecimiento del país. Con esa finalidad, en colaboraciones subsecuentes se abordarán los componentes analíticos fundamentales del complejo Desarrollo-Seguridad: seis complejos procesales, sus correspondientes ejes relacionales, y un Centro de Gravedad integrador.

Para aproximarnos a esta perspectiva analítica obligadamente debemos dejar de pensar en términos cerrados de nuestra sociedad, y considerar que estos procesos han sido demostrados a lo largo de la historia en numerosas ocasiones. Dicho de otro modo, si queremos encontrar la respuesta al camino de nuestro futuro, debemos ver al pasado y al presente de la civilización humana. No hay nada nuevo, más que la oportunidad que tenemos de fortalecer nuestro contexto y propiciar una adecuada coyuntura al porvenir.

El autor es antropólogo Social e Internacionalista. Especialista en Inteligencia Estratégica, Estudios Prospectivos, e Innovación Aplicada.