Después de negarlo, Sheinbaum tuvo que aceptar la veracidad de un video donde se ve a una mujer asoleando las piernas en una ventana de Palacio Nacional.
Aunque aceptó el hecho, siguió minimizándolo. Dijo que no hay un reglamento en Palacio Nacional que prohíba salir a tomar el sol. Y es cierto, no lo hay, pero la imagen ya se convirtió en ícono de un estilo de gobierno.
Y el estilo, desde que llegó Morena al poder, consiste en vulgarizar y degradar todo lo que toca. Lo mismo un recinto histórico que las oficinas gubernamentales infestadas de funcionarios públicos mediocres cuyo único mérito es ser pariente, amigo o recomendado de algún cuatroteísta importante.
La mujer con las piernas al aire en un monumento nacional, sede del Ejecutivo Federal, es irrepetible. Imposible verla en lugares del mundo donde los recintos presidenciales son considerados patrimonio nacional, símbolo de autoridad, historia y cultura.
La imagen ofende, lastima, hiere la dignidad de ese pueblo que tanto manosean. Impensable ver ese ultrajante espectáculo en las ventanas del Palacio del Eliseo en Francia, en los ventanales de Buckingham o en el Kremlin.
Las “piernas de Palacio Nacional” dicen muchas otras cosas: explican, por ejemplo, el nepotismo imperante. Esa mujer, cuya identidad se desconoce, debe ser un familiar cercano al círculo presidencial. Parecía estar de vacaciones y con la confianza de utilizar un recinto público como si fuera su casa.
Sheinbaum y la dirigente de Morena, Luisa María Alcalde, hicieron una reforma para frenar el favoritismo familiar en las candidaturas de su partido, pero nada dicen del nepotismo estructural que hay en un gobierno donde parientes de poderosos se dan el lujo de utilizar el Palacio Nacional como si fuera de su propiedad.
El Estado Mayor Presidencial que mandó desaparecer López Obrador tenía bajo su control la vida de Palacio Nacional, considerado zona de seguridad nacional. Nadie, ni el mismo presidente en turno, podía utilizar el lugar como le viniera en gana. Hoy, en cambio, asoman por la ventana de Palacio, no solo piernas, sino el despotismo de un régimen que cree tener derecho a todo.
Dijo Sheinbaum que a la mujer de marras ya se le sanciono. ¿De veras? ¿Quién es ella? ¿Es un asunto de seguridad nacional? ¿O acaso es preferible esconder su identidad —cerrar la ventana— para ocultar lo que realmente ocurre en Palacio?
@PagesBeatriz
