Es una vergüenza para México que el Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU haya decidido llevar ante el Consejo General del máximo órgano internacional el caso de las 132 mil 400 desapariciones forzadas de personas en nuestro país (contadas hasta el 19 de febrero de 2026), debido a que su constante aumento es en sí mismo un evidente indicio “de la magnitud del fenómeno a nivel nacional, sin que se vislumbre una tendencia inversa”.

Igualmente, es de una gran desvergüenza la reacción de la presidenta Claudia Sheinbaum al descalificar dicho informe afirmando que este fenómeno delictivo “va a la baja”, que tal documento está sesgado y no toma en cuenta los esfuerzos institucionales de su administración, en lugar de asumir la magnitud del problema y la gravedad de la acusación para entender y atender esta crisis humanitaria de manera conjunta con el ofrecimiento de colaboración institucional de la ONU.

Del mismo modo (o quizá  peor aún) fue una absoluta desvergüenza que la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), cuya titular es Rosario Piedra Ibarra (hija de una reconocida luchadora por la presentación de su hijo Jesús, guerrillero desaparecido durante los años de la guerra sucia en los años ’70), haya salido en la misma sintonía gubernamental y hasta haya afirmado que del 2018 (inicio del gobierno de López Obrador) hasta el 2026 (ya con Sheinbaum), el fenómeno de las desapariciones forzadas “prácticamente ha desaparecido”.

¡Qué barbaridad! ¡Qué insensibilidad de estas mujeres que parecen no tener empatía y tampoco sentir el dolor de las madres, padres y familiares, ante la tragedia de saber que la delincuencia (de parte de cuerpos privados o incluso oficiales, cometida por agentes del Estado) les secuestró a un ser querido! O estas mujeres del morenismo no son madres o ¡simplemente no la tienen!

Por lo pronto, México como país miembro de la ONU ya está sentado en el banquillo de los acusados por posibles “crímenes de lesa humanidad” debido a la irresponsabilidad de este gobierno, que ya ha asumido la mentira como política de Estado. Pueden seguir afirmando en sus insufribles “mañaneras” que han reducido los índices delictivos hasta en un 40 o 50 por ciento, pero la percepción de la gente de que la inseguridad es el principal problema del país creció un 20% en el último mes. Esa es la realidad que niegan sistemáticamente desde Palacio Nacional.

Como muestra  están las recientes protestas de productores del campo y de los transportistas, hermanados en sus reclamos porque el fenómeno del asalto en carreteras y el cobro de “derecho de piso” siguen sin atenderse por parte del gobierno. De manera paralela, los agricultores se quejan del incumplimiento de compromisos contraídos por Sheinbaum para atender la crisis en ese sector estratégico para la alimentación.

Ante la descalificación de la señora Sheinbaum en el sentido de que el Comité contra la Desaparición Forzada “no pertenece a la ONU”, éste, a través de su Presidente, Juan Pablo Albán, ha salido a declarar que “sí formamos parte del Sistema de Naciones Unidas”, como “mecanismos creados por tratados internacionales en el seno de la ONU por los Estados miembros”, “actuamos con independencia, pero no al margen de la ONU”.

Entre su respuesta al gobierno mexicano, que señaló que no se analizaron los datos entre 2018 y 2026, Albán retoma un dato escalofriante del mencionado informe: “a inicios de 2026, las cifras oficiales estiman alrededor de 72, 000 restos humanos sin identificar (en comparación con los 52, 000 en el momento de la visita del Comité en México en 2021)”.

Y, elegantemente, refutando la acusación del gobierno mexicano y su palera, la CNDH, de que el informe está sesgado, concluyen que no están sometidos a ningún tipo de dirección o influencia ni a presiones “de ningún Estado” y que sus objetivos “deben seguir siendo: fortalecer la prevención de las desapariciones, buscar a las personas desaparecidas, investigar los casos de desaparición y erradicar el fenómeno, todo ello en beneficio de las víctimas y sus familias”.

Precisamente lo que “la presidenta feminista” no hace: ponerse del lado de las víctimas, sino seguir protegiendo a los criminales y sus cómplices narcopolíticos y narcofuncionarios de Morena, aunque sea con mentiras de por medio. Cada día está más acorralada en un callejón sin salida. No parece (o no quiere) darse cuenta de que, como dice el memorable poema de Mario Bendetti dedicado a los dictadores insensibles: “después de todo/, usté es el palo mayor/ de un barco que se va a pique”.