La Ciudad de México vive una transformación que ya han aplicado otros, pero no con tan nefastos alcances: todo lo que toca su actual gobierno termina pintado del mismo tono morado, envuelto en la misma estética, parte de una narrativa política sin ambición de grandeza, chabacana. Parques, bardas, canchas, murales, programas sociales, y hasta eventos culturales parecen atravesados por una especie de filtro ideológico donde la prioridad ya no es cómo funciona la ciudad, sino cómo se ve políticamente. De ahí nació en redes el concepto del “rayo brugadizador”.

Primero como burla, después como descripción precisa de lo que ocurre en la capital. Porque Clara Brugada ha tomado la ciudad no como un espacio que administrar, sino como un enorme lienzo partidista donde todo debe adquirir identidad visual propia: morado por todos lados, símbolos repetidos, estética uniforme y propaganda disfrazada de intervención urbana. La famosa “ajolotización” de la CDMX entra exactamente ahí.

El ajolote, convertido en mascota institucional del progresismo chilango, aparece cada vez más integrado a la narrativa oficial. Todo necesita símbolo, personaje, color, branding. ¿Qué sigue?, ¿Palacio Nacional, Bellas Artes, el Hemiciclo a Juárez, la Zona Rosa de morado? Como si gobernar fuera construir una marca emocional antes que resolver problemas reales.

Y ese es el punto de desgaste. Mientras la ciudad se llena de murales, slogans y espacios “transformados”, la realidad cotidiana sigue golpeando a millones de personas: un sistema de salud colapsado, el Metro convertido en pesadilla cotidiana, cifras delictivas maquilladas porque las fiscalías no levantan denuncias, drenaje azolvado, tráfico insufrible, transporte saturado, baches eternos, áreas comunes abandonadas, y mención aparte merece ese ejército de carteristas, desvalijadores de vehículos, policías extorsionadores coludidos con viene-vienes que son un ejército impune, sobre todo en espectáculos como toros, fútbol o conciertos musicales a reventar de jóvenes y adolescentes.

Pero nada de eso luce bien en las redes sociales. Por eso el gobierno parece más concentrado en producir escenografía política que en administrar una de las ciudades más complejas del mundo. La capital empieza a sentirse menos como una metrópoli global y más como un gigantesco set propagandístico donde todo debe pasar por el filtro morado de la narrativa oficial.

La izquierda que durante años criticó el culto a la imagen terminó obsesionada con la imagen. Todo debe comunicar ideología, identidad y pertenencia política. Incluso una cancha rehabilitada necesita parecer parte del movimiento. Y cuando el poder empieza a pintar todo del mismo color, normalmente no es por creatividad. Es por control político. Por eso el “rayo brugadizador” conectó tan rápido con la gente. Porque resumió en una frase algo que muchos ya perciben: la ciudad dejó de gobernarse pensando en ciudadanos y empezó a diseñarse pensando en propaganda.

El problema es que el morado no tapa la realidad. No tapa las calles rotas. No tapa el miedo. No tapa el deterioro urbano. Y tampoco tapa el cansancio creciente de una ciudadanía que empieza a notar que detrás de tanta escenografía hay una ciudad que sigue sin soluciones.

La orgullosa Ciudad de los Palacios reducida a maqueta de fantasilandia. Porque ningún ajolote salva una avenida inundada. Y ningún filtro morado resuelve las deudas de un gobierno ineficiente.

 

Platos extra:

El próximo lunes 1 de junio va a declarar ante un jurado en Brooklyn, Nueva York, el general Gerardo Mérida Sánchez, ex titular de seguridad de Sinaloa, quien se entregó a las autoridades estadounidenses con un cúmulo de archivos de memoria, videos, fotos y llamadas bajo el brazo, en los que hay nombres de los narco políticos beneficiados por el crimen organizado en las elecciones de 2018 y 2024. Para quienes en México piden pruebas…

Entre los personajes que Estados Unidos ha negado deportar a México están Inés Gómez Mont, su pareja Víctor Manuel Álvarez Puga, los hermanos Rafael y Elías Zaga y el ex gobernador de Tamaulipas, Francisco Javier García Cabeza de Vaca. Dicen allá que después de haber devuelto al general Salvador Cienfuegos, para que acá fuera liberado y condecorado por AMLO, mejor ahorita no, gracias.

El stripper, bailarín, participante de realities y legislador de ocasión, Sergio Mayer, renunció a su fugaz militancia en Morena y lo hace “de carácter irrevocable”, para que no le anden rogando. ¿Se va porque se va a un nuevo reality o porque prefiere conservar su visa de Estados Unidos? ¡No! lo que pasa es que en Morena ya le traían ganas y abrieron un Procedimiento Sancionador en su contra desde febrero, “por afectar la imagen del movimiento”. Ahora, a ver dónde lo recogen como cascajo político. Eso sí, nuestra democracia lamentará su ausencia, la nación extrañará a ese prócer del legislativo, pero la vida es así, y tendremos que aprender a asimilarlo. ¡Snif!

El que en sus redes se aventó, o mandó hacer un cursi mensaje auto elogiándose como el vivo ejemplo de rectitud y honradez republicana fue el morenista Enrique Inzunza, el soberbio y perdonavidas senador por Sinaloa, considerado el poder tras el trono del pobre Rubén Rocha, asegurando que sigue en su entidad natal, aunque nadie lo ha visto. Eso sí, sigue con fuero y cobrando como legislador, aunque ya lleva casi un mes sin presentarse a trabajar mientras Estados Unidos exige su extradición por sus nexos con el narco.