La corrupción en México sigue siendo un problema estructural y crítico, en 2024 se clasificó como el país más corrupto de las 38 economías de la OCDE y ocupando el lugar 140 de 180 a nivel global, situándose al nivel de países como Irak y Nigeria. La corrupción se encuentra gravemente enquistada en la administración pública, con muy alta impunidad que reproduce la persistencia de la corrupción de gran escala y cotidiana.
La corrupción en México tiene más de quinientos años, en distintas modalidades, formas y grados. Las prácticas corruptas tienen un profundo arraigo que se llega a “institucionalizar”, lo que las vuelve muy difíciles de contener porque en las redes de corrupción se movilizan recursos, intereses financieros, familiares, político- partidista y de grupos.
Es cierto y nadie niega que ha habido una enorme corrupción desde siempre; en la Federación y en los estados de la República que han abusado del erario público, que carecen de un mecanismo eficaz de rendición de cuentas y que existe una gran opacidad respecto de la trasparencia en el ejercicio del gasto público; que debe denunciarse y juzgarse. Los gobiernos de los tres ámbitos de Gobierno y del partido gobernante, tienen una gran cola que les pisen y no hay cual se salve.
Existen diversas formas de corrupción, muchas de ellas imperceptibles; en la cultura de los mexicanos la mentira, la corrupción y la simulación como prácticas nacionales difíciles de erradicar, actos como aceptar un cargo para el cual no se está capacitado ni se tiene experiencia, en las oficinas gubernamentales, la corrupción reviste distintos actos como el abuso de poder, tráfico de influencias, compadrazgo, amiguismo, soborno, cohecho, mal uso de los conocimientos, fraude, aceptación de obsequios a cambio de favores, entre otros que forman parte de lo que denomina “prácticas administrativas”, muy difíciles de reglamentar o sancionar.
Con Morena en el gobierno, ha surgido una nueva camada de nuevos ricos, quienes antes de 2018 no tenían recursos personales y en muchas ocasiones ni siquiera un empleo formal, ahora se pasean en vehículos de lujo y ostentan sin pudor propiedades en México y en el extranjero sin poder comprobar el origen lícito de sus recursos.
Los recursos que obtuvieron y siguen obteniendo del contrabando de combustible (huachicol) que entra por la frontera norte y por los puertos tanto del Pacífico como del Golfo de México es el atentado contra las arcas de la Nación más grande que ha habido en toda la historia de nuestro país desde la independencia, además de toda la corrupción que se generó durante el desarrollo de las obras insigne del presidente López, en donde sus propios hijos administraron los recursos y realizaron la supervisión.
Desde que asumió al poder se confrontó con el Presidente de Argentina Javier Milei, y ahora pretende que le rinda una cortesía diplomática concediendo la extradición del mexicano Fernando Farías Laguna, quien fuera detenido en aquel país por haber ingresado con un pasaporte falso. En su conferencia de la mañanera la presidenta dijo: “Se está solicitando la deportación y, en caso de que no fuera así, pues ya se establecerían las condiciones de extradición, pero estamos esperando que haya deportación dado que entró de manera ilegal a Argentina”.
Cortesía diplomática es la que debió tener la señora, cuando al ir a Barcelona, recordando sus años de estudiante, exigió con una pancarta la libertad de la anterior presidenta de Argentina, Cristina Kichner presa en su país por corrupción.
Fernando Farías Laguna, y su hermano Manuel Roberto ya preso en México, son los constructores y principales actores de una de las mayores tramas de corrupción en México de los últimos años. Los dos son sobrinos del Almirante Rafael Ojeda Durán, secretario de la Marina durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, y la FGR los acusa de delincuencia organizada y lavado de dinero, por operar un estructurado contrabando a través de las aduanas mexicanas para dejar pasar combustible sin pagar impuestos.
En verdad los políticos del régimen no entienden que la crisis mundial requiere de lo mejor de todos para sortear el vendaval geopolítico y financiero nacional e internacional, que no basta la defensa verbal, sin reservas monetarias; sin el control de la inflación, con las finanzas públicas en terapia intensiva, y la Presidente de México en estos momentos no ha entendido que requerimos de consensar medidas de políticas públicas que pongan el acento en el fortalecimiento del mercado interno, en generación de empleo y desarrollo social. La señora Presidente debería adoptar una política de relaciones internacionales más cordial y dejar las provocaciones de lado; ahora como nunca México tiene relaciones ríspidas con diversos países del continente, ya que solo comulga con los pocos izquierdistas que quedan del Foro de Sao Paulo y que están confrontados con Donald Trump nuestro más cercano vecino y hasta antes de la imposición de los aranceles nuestro socio comercial.
