Hoy fui al IMSS a solicitar una cita. Eran las 12 del día. Me dijeron que no me la podían dar porque yo era del turno de la tarde, que inicia a las 14:00 horas.

La tecnología permite agendar en una agenda electrónica… pero solo si llegas en el horario “correcto”. Fuera de ese horario sagrado, el sistema se apaga. Porque así lo diseñaron.

Y esto no es un caso aislado. Es la filosofía completa del sistema.

Si eres enfermo crónico y vas cada mes por las mismas medicinas, tienes que agendar cita solo para que te firmen la receta. Aunque el protocolo ya esté aprobado desde hace años. Tienes que perder medio día para que te den lo mismo de siempre.

Un especialista emite tu protocolo, tú lo llevas físicamente al jefe de médicos para que lo autorice, y luego a la farmacia… cuando toda la información ya está en el sistema. Tres veces el mismo trámite, solo para mantenerte ocupado y humillado.

Aquí la burocracia de la 4T está diseñada para hacer fracasar cualquier intento de inteligencia, está diseñada para hacerte idiota.

Y no creas que es solo el IMSS. Intenta renovar tu licencia de conducir. Aunque todo esté digitalizado, tienes que sacar cita, ir a un módulo, tomar foto, pagar, esperar, regresar… porque el sistema “no permite” que hagas el trámite completo en línea.

Pero lo más cruel y miserable es ver a los adultos mayores. Viejitos que, con el poco tiempo de vida que les queda, tienen que hacer colas de más de cuatro horas bajo el sol inclemente, bajo la lluvia pertinaz o el frío que cala los huesos, solo para cobrar su pensión del Bienestar. Tienen que llenar papeles con datos que ya están en el sistema desde hace años, sacar copias, firmar, esperar, volver a firmar… perdiendo la poca vida que les queda en colas absurdas, mientras la vida se les escapa de entre las manos.

Aquí la burocracia de la 4T ya se encargó de destruir cualquier posibilidad de eficiencia antes de que llegue. Aunque le des a la IA más avanzada del planeta acceso total al sistema, primero tendría que pedir cita para que le autoricen usarla, luego imprimir el protocolo, llevarlo al jefe de área para que lo firme, esperar tres horas en una fila y, finalmente, que le digan que “hoy no se puede porque ya pasó el horario”.

Mientras el mundo teme que la Inteligencia Artificial nos destruya, en México podemos dormir tranquilos.
Nuestra burocracia de la 4T ya hizo el trabajo sucio: nos volvió tan ineficientes, tan lentos y tan resignados, que ninguna IA podría salvarnos.

Y al final, esa es la gran ironía: La IA más peligrosa del mundo no es la que puede hacer todo. Es la que no te deja hacer nada. Es la PA, la Pendejez Artificial.