Nuestro país se encuentra en la que tal vez sea la crisis más seria de su historia. Nos encontramos en una disyuntiva que amenaza la existencia misma de los fundamentos del Estado mexicano, sus instituciones y su sociedad. Se antoja arrebatado, atrevido, exagerado e imprudente señalar que México se encuentra en tan deplorable situación, pero lamentablemente la evidencia es exactamente lo que nos muestra. Y la muestra más clara y sutil de ello es que la gran mayoría de la población ni siquiera identifica ni percibe el peligro que ha permeado en todos los rincones de nuestra patria.
El oficialismo burocratizado e institucionalizado, los instrumentos humanos y materiales del poder formal del gobierno en turno, los vigentes funcionarios emplazados por actores político-sociales de un ayer con miras del antier, descalifican y minimizan estas perspectivas y posiciones, justificando lo injustificable y repitiendo un discurso que busca sustentar una narrativa sólida y monolítica que demerita y deconstruye a cualquiera que ose desafiar la ilusión de fortaleza y prosperidad que han enarbolado como prédica popular y populista. Con este irreflexivo actuar solo confirman el indicio diagnóstico preliminar de cualquier adicción, en este caso, la mentira ilusoria y ridícula: el primer síntoma es la negación.
La Seguridad Nacional de México, como hemos reiterado en numerosas ocasiones, es un proceso íntimamente vinculado al Desarrollo Integral. Se trata de dos caras de una misma moneda. Constituye una condición permanente y trascendente de condiciones permisivas a todas las actividades sociales armonizadas, homologadas, jerarquizadas y trascendentes para la proyección de los Intereses Nacionales. La Seguridad Nacional es una construcción cotidiana y programada, un esfuerzo conjunto entre gobierno y sociedad con fundamento en una Visión Nacional, y con plena interacción entre los factores nacionales internos y el contexto externo global. Este equilibrio dinámico siempre debe mantener un balance tendiente a lo positivo, y ser adaptable y flexible ante los retos y áreas de oportunidad de su entorno.
Como hemos pormenorizado en anteriores colaboraciones, el binomio Seguridad Nacional-Desarrollo Integral se fundamenta en seis rubros (aprovechamiento y producción alimentaria, desarrollo tecnológico, gestión y distribución energética, fortalecimiento del capital humano, acceso y aplicación informativa, y su sistema de Administración Pública) sus ejes vinculantes (planes y programas públicos), un tejido armonizado mutuamente vinculante (leyes y reglamentos) y un Centro de Gravedad que cohesione al Estado en su conjunto (la democratización participativa). Hemos identificado a lo largo de estos textos las principales áreas de oportunidad para el México contemporáneo, así como se ha puntualizado sus mayores vulnerabilidades (riesgos y amenazas), así como el origen sustancial de la gran mayoría de los retos que enfrentamos.
El común denominador de ellos no tiene su origen del exterior del país, sino del interior. Desde una perspectiva analítica objetiva, la mayor parte de las vulnerabilidades de la Seguridad Nacional de México fueron creadas -ya sea de manera consciente, inconsciente, colateral o inadvertidamente- desde el interior del país; y buena parte de ellas puede encontrar su origen en la profunda irresponsabilidad del liderazgo político nacional desde por lo menos una década. La falta de visión, la imprudencia, la carencia de conocimientos, o bien la búsqueda de intereses personales que se convirtieron en decisiones inadecuadas han creado un conjunto de condiciones permisivas al desorden entrópico por el cual atraviesa nuestro país, y que es mayoritariamente responsable de la crisis que vivimos y que nos falta por navegar.
Se trata de una crisis creada por la incapacidad de dimensionar las decisiones nacionales, por la falta de una Estrategia Nacional, por la ausencia de una Doctrina Nacional, y por una incomprensión de los factores esenciales de la estructura dinámica presente y prospectiva nacional. Este problema se ha incrementado por una sobre-dependencia a la justificación irreflexiva y la evasión de las responsabilidades legales y profesionales de un muy cuestionado liderazgo nacional, del cual no sabemos a ciencia cierta a que intereses responde. Lo anterior es grave, particularmente por que genera desconfianza, incertidumbre, inestabilidad y resentimiento. Todo esto es exactamente lo contrario del marco de cohesión, coordinación, fortalecimiento y proyección nacional, que es exactamente una de las principales prioridades actuales de la sociedad nacional.

Podríamos profundizar aún más en los orígenes de la actual crisis de Seguridad Nacional y Desarrollo de México, pero sería redundante. Con la finalidad de evitar ser innecesariamente reiterativos, es menester de este texto dar el siguiente paso: establecer un camino alternativo de solución. Mientras que ya hemos establecido los rubros fundamentales y las características generales de sus ejes vinculantes, es necesario establecer el marco integral para consolidar una Ruta Crítica en materia de Seguridad-Desarrollo. Ésta debe ser clara, eficiente y debe poderse materializar de manera trascendente. Debemos partir de un marco simple (no sencillo), eficiente y que pueda ir paulatinamente alineando los intereses nacionales.
El primer paso, por preliminarmente abstracto que parezca, es generar una Doctrina Prospectiva Nacional. Se trata de una visión del presente y el futuro nacional que coordine, homologue y promueva la superación nacional en toda la ciudadanía, en todos los rubros y en todas las dimensiones sociales del Estado. No se trata de crear un “monolito ideológico”, ni un instrumento que suprima las posiciones y visiones individuales o colectivas de la sociedad. Por el contrario, este instrumento constituye un recurso reflexivo nacional que otorgue un marco general de pensamiento y reflexión colectiva, de preceptos ético-morales universales orientados al desarrollo, al progreso, al beneficio de la mayoría y a la responsabilidad conjunta de una sociedad democrática para la construcción de la Nación. Es crear una consciencia general que homologue criterios; que rechace conductas antisociales, detrimentales o nocivas para el Estado; y que fortalezca la cohesión responsable en torno a la observancia jurídica, el Desarrollo y la construcción acumulativa de las condiciones de Seguridad que requiera el país para su provenir.
El segundo paso es establecer cuáles son los Objetivos Estratégicos Nacionales. Se propone de manera preliminar emplear como referencia los rubros esenciales expuestos en esta serie de colaboraciones, ya que responden fundamentalmente a los principales aspectos del Desarrollo Integral. Posteriormente, será necesario generar metas para el corto plazo (cinco años), mediano plazo (quince años) y largo plazo (treinta años), sobre las cuales generar una adecuada prospectiva programática. Solo después de ello definirse una Planeación Estratégica Nacional objetiva y que pueda cohesionar, coordinar e integrar los esfuerzos conjuntos del gobierno y de la sociedad.
Podría argumentarse que este es el objetivo del Plan Nacional de Desarrollo, pero esto sería una imprecisión fundamental. Este documento responde sólo a los intereses de una Administración Federal, y no se construye como un instrumento sobre el cual pueda darse seguimiento o continuidad transexenal. En el mejor de los casos es solo una declaración de intenciones político-administrativas, y en el peor es un discurso dogmático-ideológico o una continuación narrativa idealizada completamente inaplicable. Es por ello que la Planeación Estratégica Nacional debe ser un documento acumulativo, permanente y trascendente, cuya intención sea dar continuidad a planes y programas organizados, evaluados y retroalimentados para alcanzar objetivos nacionales de manera clara y con evidente repercusión en la calidad de vida ciudadana del país.
El cuarto paso es la Administración y la Gestión Estratégica del Estado. Implica dar seguimiento a los planes y programas en corto, mediano y largo plazo que le permitan al país de manera eficiente y trascendente alcanzar, consolidar y proyectar sus objetivos. Es dar continuidad a los programas gubernamentales en coordinación con la sociedad organizada de manera equilibrada y responsable, cada uno en su ámbito de responsabilidad. Para ello es importante mantener flexibilidad nacional para alcanzar las metas fijadas, y no crear una estructura tan rígida que limite la innovación o la capacidad de adaptación del país ante contextos y coyunturas internas y externas.
Tampoco puede considerarse que esto representa una mentalidad de “partido único”, o de “ideología política monopolizada”. Por el contrario, la apertura y diversidad política deben existir y promoverse como medios alternativos y como planteamientos complementarios para alcanzar los Objetivos Estratégicos Nacionales. Pero las metas y objetivos no pueden -ni deben- cambiar cada cambio de Administración Federal; no podemos “reinventar a México” en cada sexenio, ni tratar de subordinar el desarrollo del país y las condiciones que le lleven a éste a un discurso popular ni populista abstracto.
El ejercicio de evaluación y realimentación debe ser periódico y permanente, en cada uno de los rubros fundamentales descritos, en sus ejes vinculantes, en su estructura cohesionante y en su capacidad de aprovechamiento ciudadano de manera equitativa y transparente. Debe ser una práctica donde de manera objetiva, responsable y transparente, sociedad y gobierno contrasten los resultados obtenidos con lo previsto en el Plan Estratégico Nacional. Si algo debe corregirse y enmendarse, debe hacerse de manera eficiente y excluyente de posicionamientos individualistas. Si hay responsabilidades que deben atenderse o fincarse, el ejercicio transparente de la ley no puede ser negociable o conmutable. Si se identifican caminos alternativos más eficientes para alcanzar los objetivos propuestos, la capacidad de adaptación nacional debe ser emplazada sin dilación con fundamento a las disposiciones Doctrinarias Nacionales.
Lo anterior promoverá un entorno permisivo para el Desarrollo Nacional Integral, minimizando y mitigando buena parte de los riesgos internos y amenazas externas al Estado, sus instituciones, su sociedad y su integridad conjunta. Lo anterior debe ser complementado con un Plan Estratégico de Seguridad Nacional donde se identifiquen dichas vulnerabilidades, se establezcan las Líneas de Acción Estratégica para atenderlas de manera permanente y preventiva, se delimiten áreas de responsabilidad institucional y corresponsabilidad ciudadana, y se establezcan mecanismos de seguimiento preventivo y reactivo en el corto, mediano y largo plazo.
Dichas medidas deben reconocer que México no es un actor aislado, sino parte de una comunidad global. Nuestro país debe definir realmente sus prioridades de Política Exterior e Interior, las cuales correspondan a lo delimitado en el Plan Estratégico Nacional y en los márgenes establecidos por el marco jurídico vigente. Todo lo anterior debe ser elaborado de manera transparente, clara y sin prejuicios político-ideológicos. La narrativa debe apegarse a los hechos demostrados y demostrables, y no viceversa. Implica congruencia, profesionalismo, responsabilidad y seriedad. Pero, como hemos indicado antes, sobre todo implica tener la voluntad para materializar estos objetivos y llevarlos a pleno término.
El camino parece demasiado complejo de manera preliminar, pero en esencia es un plan simple, lineal y efectivo. Se trata de excluir y minimizar variables innecesarias, de eficientar y simplificar procesos, de coordinar y transparentar acciones, de evaluar de manera objetiva y de corregir de manera responsable. Implica poner los intereses de México por encima de las aspiraciones personales, de ser flexibles pero con dirección, de tener apertura y tolerancia pero con responsabilidad, y de ser incluyentes con compromiso y seriedad. Ser congruentes entre el discurso y los hechos, tener visión fundamenta y realista, de abandonar la retórica vacía y sustituirla con acciones coordinadas, programadas y trascendentes.
En colaboraciones subsecuentes abordaremos aspectos puntuales de la Seguridad Nacional de México y su Desarrollo Integral. De manera pormenorizada se analizarán fenómenos y temas de coyuntura relevantes para el país. Pero a lo largo de todos ellos el espíritu contributivo y reflexivos será el mismo: aportar a la creación de condiciones permisivas y permanentes para la libre y responsable conducción de las actividades sociales orientadas a la trascendencia de la nación. Esto es Seguridad Nacional, esto es Desarrollo Integral. Este es el único camino para un porvenir con progreso, dejando atrás el retroceso que nos abruma y superando el atolladero en el cual una inadecuada toma de decisiones de manera inoportuna y miope de un liderazgo nacional ineficiente nos ha sumido y relegado. No busquemos más problemas, busquemos soluciones. Lleguemos entonces a la aceptación, y eventualmente a la superación.
El autor es Antropólogo Social e Internacionalista. Especialista en Inteligencia Estratégica, Estudios Prospectivos, e Innovación Aplicada.
