A lo largo de las entregas anteriores de esta serie hemos contruído una visión diagnóstico-prospectiva de la Seguridad Nacional de nuestro país en el contexto contemporáneo. Se ha presentado de manera fundamentada y propositiva un modelo analítico multifactorial sobre el cual podemos visualizar la Seguridad Nacional como condición indispensable para el Desarrollo Integral, se han identificado los rubros esenciales de éste, así como sus ejes mutuamente vinculantes, y a lo largo de este proceso hemos identificado a grandes rasgos -pero de manera sistemática- los retos, oportunidades y desempeño objetivo de nuestro país. De igual forma, se ha presentado como estos ejes y procesos son comunes y comparables con cualquier otra sociedad y civilización a lo largo de la historia (guardando siempre el debido contexto y coyuntura socio-temporal), por lo que conforme vayamos fortaleciendo este modelo podremos realizar ejercicios de medición, prospección y programación para el porvenir.

Este modelo, en términos generales, ha mostrado una visión del binomio Desarrollo-Seguridad como condición social indispensable en torno a los siguientes rubros fundamentales e interrelacionados: aprovechamiento y producción alimenticia e hídrica, desarrollo y aprovechamiento de alta tecnología, producción y uso de energía, fortalecimiento del capital humano nacional, acceso y empleo de información exterior e interior del Estado, y la Administración Pública del mismo. Sin embargo, existe un núcleo, un Centro de Gravedad que cohesiona el modelo, le otorga dinamismo, y genera un efecto centrífugo-centrípeto en torno al mismo: aleja y se diferencia de todo aquello que no es parte del Estado, y conjunta de manera armonizada todo aquello que coadyuva directa o indirectamente al mismo.

Ese Centro de Gravedad, ese eje sobre el cual este modelo tridimensional gira y da forma al Estado, su Desarrollo y su Seguridad es la Democratización. Aunque íntimamente relacionado, no debe ser confundido con la Democracia. Éste último es un sistema de gobierno en el cual las sociedades que integran una nación eligen directa o indirectamente a sus gobernantes y al liderazgo nacional en función de sus propuestas competitivas y representativas de los intereses y la voluntad social. El proceso de acceso a estas posiciones de autoridad es institucional, y se deriva de las normas y preceptos normativos que fueron avalados y construidos por la sociedad nacional en cuestión, y que puede ser alterada de acuerdo a los intereses ciudadanos. La Democracia, en consecuencia, es un proceso circular donde el “poder y la voluntad social” elige su presente para modelar su futuro potencial.

La Democratización es parte del mismo proceso, pero en sentido inverso. Se trata de hacer accesible a todos los ciudadanos el producto de la toma de decisiones del liderazgo nacional, haciéndoles partícipes directos de los beneficios de sus elecciones, y de esta manera cerrando el ciclo de la participación ciudadana. En términos de nuestro modelo Desarrollo-Seguridad, la Democratización es el núcleo cohesionante de mismo, y es el proceso por el cual todos los ciudadanos reciben de manera proporcional y equitativa, libre y transparente, abierta y conducente, y dinámica los recursos alimentarios e hídricos necesarios para su supervivencia y desarrollo; tienen acceso a la más alta tecnología del Estado y su producción científica; tienen acceso a fuentes energéticas confiables, plenas y sustentables; tiene acceso a programas educativos, sanitarios, culturales, y de desarrollo social; tiene acceso participativo a información interna y externa del país para moldear su toma de decisiones, y elaborar sus criterios de manera libre y transparente; así como tiene acceso a todos los servicios, planes y programas pertinentes de la Administración Pública Nacional para mejorar su calidad y desempeño vital tanto en lo individual como de manera comunitaria.

En otras palabras, la Democratización es el proceso por el cual todos los componentes sustantivos del Desarrollo Integral y la Seguridad Nacional son accesibles a la ciudadanía de manera armónica, estructurada, homologada, y proporcional en función a las necesidades reales y potenciales de la sociedad y con fundamento en un sistema jurídico regulatorio de dichos procesos. Este sistema es solo un instrumento para normar y dar seguimiento al proceso cíclico de acceso-distribución de estos recursos sociales, el cual debe estar en constante estado de evaluación y realimentación por el binomio gobierno-sociedad que integral la esencia de la nación. El mismo no es una secuencia lineal, sino un ciclo constante de corresponsabilidad, mejora continua, y eficiencia complementaria.

En lo general, lo anterior parece de primera instancia como un proceso complicado, complejo, con demasiadas partes móviles, y difícil de operar. Pero si reflexionamos sobre este modelo como un todo, como una aproximación ordinaria a la vivencia de cualquier Estado y su sociedad, veremos que es realmente simple, lógico y eficiente. La Democratización es la capacidad instrumental del derecho ciudadano al acceso libre y transparente de todos los recursos que requiere para poderse desarrollar en sociedad de manera estable y trascendente, y la obligación del Estado en su conjunto de armonizar y sistematizar todos sus recursos para asegurarse de que la distribución de estos insumos sea eficiente y expedita.

En reflexión integral, podemos ver que este es el mayor reto y área de oportunidad del México contemporáneo. Sin lugar a dudas, nuestro país tiene muchos temas que debe atender con urgencia, y un conjunto de oportunidades por explotar muy elevado. Pero si buscamos el común denominador, el origen fundamental de estos retos, y nos limitamos a analizar las verdaderas causas de los problemas y tensiones de nuestro país, encontraremos que realmente el fundamento es un limitado -pero crítico- número de variables. De éstas, la común y más trascendente es la falta de acceso ciudadanos a los recursos esenciales para su desarrollo social de manera sustentable, y la inhabilidad voluntaria o involuntaria del gobierno para hacer dichos recursos accesibles a la sociedad.

La carencia de identificación, consolidación y proyección de los rubros fundamentales del modelo Desarrollo-Seguridad crea entornos de inestabilidad social en diferentes entornos y dimensiones. Lo anterior genera un entorno ineficiente, poco permisivo o no-permisivo para el desarrollo por medio de actividades y procesos productivos legales, lo cual genera un entorno cada vez más inestable. Este círculo vicioso se convierte en una espiral descendiente cuando aquellos medios y recursos con los que cuenta el Estado se ven interrumpidos, retrasados o suprimidos por la incapacidad voluntaria o involuntaria de un liderazgo nacional que no tiene claridad en las prioridades nacionales en el corto, mediano y largo plazo para hacer accesibles los recursos del Estado a su población, obligándola a buscar otras vías de acceso a los mismos.

Por definición este acceso es fuera de la ley, y acciones extralegales fomentan procesos posteriores también fuera de la normatividad. El no seguimiento de la ley genera procesos disruptivos en la sociedad, no armonizados ni homologados, no equitativos ni transparentes, poco eficientes y desproporcionados. En esencia, se convierte en un “caos funcional”, el cual mantiene cierto dinamismo por inercia, pero que tarde que temprano esta condenado al colapso estructural, funcional e instrumental.

Esta es la esencia de la crisis de la Seguridad Nacional de México. La falta de identificación de las autoridades de los factores esenciales para el Desarrollo Integral en el corto, mediano y largo plazo; la incapacidad de establecer vinculaciones productivas y trascendentes entre ellos; de armonizar planes y programas eficientes y con resultados evaluables y con retroalimentación; y medios abiertos, expeditos y transparentes para que la ciudadanía tenga acceso a los insumos integrales esenciales para su supervivencia y proyección al provenir de manera organizada y programable.

Lo anterior genera abusos, corrupción, desinformación, imprudencia, opacidad. Estimula una relación gobierno-sociedad fundamentada en la carencia de datos específicos sobre los cuales tomar decisiones acertadas, en conductas psico-sociales poco objetivas como el rencor y la ignorancia, en la mediocridad y el oportunismo. En términos del filósofo griego Polibio (220-118 a.C.), es la vida pública fundamentada en la oclocracia: el gobierno de la muchedumbre, una tergiversación perversa de la democracia, y el camino demostrado a lo largo de la historia del declive y colapso eventual de las civilizaciones.

Este es tal vez el estado político-social a donde se va perfilando nuestro país, al igual que muchos otros más en el contexto contemporáneo. Pero afortunadamente hay alternativas y caminos de solución. Todavía estamos a tiempo de enmendar el rumbo y retroceder la marcha que se ha emprendido de manera voluntaria o involuntaria. Para ello es necesario entender algunas variables y procesos complementarios del modelo Desarrollo-Seguridad que hemos construido, y con fundamento en ellas establecer caminos de solución y de aprovechamiento de oportunidades. Ese será la dirección de la siguiente entrega, reconociendo una vez más que este largo camino empieza con el primer paso, y éste con la voluntad de darlo, por difícil que este sea.

El autor es Antropólogo Social e Internacionalista. Especialista en Inteligencia Estratégica, Estudios Prospectivos, e Innovación Aplicada.