Hay mujeres cuya vida no cabe en el breve espacio de los años que les fueron concedidos. Mujeres que, aún después de haber partido, continúan iluminando generaciones enteras con la fuerza de su ejemplo. Tal es el caso de Matilde Petra Montoya Lafragua, la primera mujer mexicana que obtuvo el grado de Doctora en Medicina por la entonces Universidad Nacional de México. Pionera que con inteligencia, disciplina y valentía, abrió para sus connacionales uno de los caminos más difíciles de conquistar. El de la ciencia y la educación superior.
En el siglo XIX y principios del XX, México seguía siendo un país profundamente marcado por estructuras sociales rígidas. La educación femenina estaba orientada casi exclusivamente a las labores domésticas o, en el mejor de los casos, a profesiones consideradas “adecuadas” para las mujeres, como la enseñanza elemental. La medicina, en cambio, era vista como un territorio masculino, inaccesible para ellas.
Matilde nació en la Ciudad de México el 14 de mayo de 1859. Desde muy joven dio muestras de una inteligencia excepcional y una profunda vocación por el estudio. Sin embargo, en aquella época, el talento femenino encontraba límites dolorosamente estrechos. La educación de las mujeres estaba orientada casi exclusivamente a las labores domésticas y al matrimonio. Las universidades y las profesiones científicas parecían territorios prohibidos para ellas.
Pero hay espíritus que nacen incapaces de resignarse a los límites injustos. Matilde fue una de esas almas inquietas y persistentes. Desde muy joven enfrentó obstáculos que habrían desalentado a cualquiera. Debido a su corta edad y a los prejuicios sociales de la época, tuvo dificultades incluso para continuar formalmente sus estudios. Sin embargo, logró ingresar a la Escuela de Parteras y Obstetricia, profesión considerada entonces “aceptable” para las mujeres, pues se vinculaba con la maternidad y el cuidado femenino. Pero, su vocación iba mucho más allá. Deseaba estudiar medicina. Aspiración que para muchos era inadmisible.
Cuando intentó ingresar a la Escuela Nacional de Medicina, comenzaron las resistencias abiertas. Fue objeto de burlas, descalificaciones y campañas de desprestigio. Algunos periódicos cuestionaban que una mujer pudiera estudiar ciencias médicas. Otros sostenían absurdamente que la medicina era incompatible con la “naturaleza femenina”. Incluso hubo quienes consideraban inmoral que una mujer asistiera a clases de anatomía o participara en disecciones anatómicas.
La sociedad de su tiempo no sólo dudaba de su capacidad intelectual. Parecía temer la sola idea de una mujer libre y preparada. Pero Matilde no retrocedió. Con perseverancia admirable, logró continuar sus estudios. Y cuando obstáculos legales intentaron impedirle presentar su examen profesional, acudió directamente al entonces Presidente de la República, Porfirio Díaz, para solicitar su apoyo. Gracias a una autorización especial de éste, pudo finalmente presentar su examen de medicina en 1887, que la declaró “Médico en Cirugía y Obstetricia”. Aquel momento constituyó mucho más que una ceremonia universitaria. Era la historia de México abriendo una puerta que había permanecido cerrada durante siglos.
Se dice que el propio Porfirio Díaz acudió a la entonces Escuela Nacional de Medicina, al examen profesional de Matilde, consciente de la relevancia histórica de aquel acontecimiento. Y no era para menos, porque cuando esa mujer logró acceder al conocimiento en igualdad de condiciones, no triunfó únicamente ella, triunfó también la dignidad humana.
Los desafíos no terminaron con la obtención del título. El ejercicio profesional de la medicina continuó siendo un terreno difícil para una mujer en aquella época. La ahora doctora Matilde Montoya tuvo que luchar constantemente para ganar reconocimiento profesional y respeto social en un medio dominado por varones. Las mujeres pioneras deben demostrar excelencia permanente, simplemente para obtener el reconocimiento básico que otros reciben de manera natural, sin esfuerzo alguno.
Las grandes precursoras poseen una fuerza singular, convierten la adversidad en carácter y la incomodidad en camino para las demás. Gracias a Matilde, otras mujeres comenzaron a ver la Universidad como un espacio posible. Su ejemplo abrió paso a múltiples generaciones de investigadoras y profesionistas mexicanas que comprendieron que el talento femenino jamás debió permanecer limitado por prejuicios sociales.
Hoy cuando las mujeres participan activamente en hospitales, laboratorios, universidades y centros de investigación, resulta indispensable recordar que hubo un tiempo en que una mujer tuvo que abrir ese sendero prácticamente en soledad.
Allí reside la grandeza más profunda de su legado. Porque las pioneras rara vez disfrutan plenamente los frutos de sus propias conquistas. Muchas veces luchan para que otras mujeres, a quienes jamás conocerán, puedan vivir en un mundo más libre y justo.
Por ello, el natalicio de Matilde Montoya no debe ser solamente una fecha conmemorativa. Debe ser también una invitación para que las mujeres de hoy comprendan el enorme valor de la preparación académica, de la independencia intelectual y de la perseverancia frente a las adversidades. Su vida continúa enviando un mensaje poderoso. Ninguna mujer debe renunciar jamás a sus sueños por temor a los prejuicios de su tiempo. El conocimiento no tiene género. La inteligencia no pertenece en exclusiva a nadie. La educación constituye una de las formas más profundas de libertad.
Matilde Montoya no sólo se convirtió en profesional de la medicina, se convirtió en un símbolo. El símbolo de la mujer que se atrevió a desafiar las fronteras de su época. De la inteligencia femenina que reclama su lugar en el mundo. De todas aquellas mujeres que entendieron que estudiar, pensar y prepararse también es una forma de transformar la historia.
Mientras exista una joven mexicana que luche por sus sueños, las mujeres como Matilde Petra Montoya Lafragua, fuertes, valientes, estudiosas, dignas, nunca dejarán de existir, pues su legado sigue latiendo en el corazón de México.
La autora es ministra en Retiro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación
@margaritablunar
