“La defensa retórica de la soberanía no tiene efectos reales. La soberanía se defiende cuando se ejerce, y se ejerce cuando hay instituciones competentes y eficaces que cumplen y hacen cumplir la ley. Estas instituciones son las que no tenemos”, dijo hace unos días atinadamente en su cuenta de redes sociales el prestigiado constitucionalista Diego Valadés.

Precisamente esa soberanía -que es control total del territorio nacional, aplicación plena del imperio de la ley, monopolio estatal exclusivo del uso de las armas y del ejercicio de la fuerza legítima, así como del cobro de impuestos- ese ejercicio de la misma, es algo de lo cual deberíamos de sentirnos orgullosos en un país que quiere y merece vivir en paz; eso, que es la soberanía nacional, es precisamente de lo que carecemos en México.

Porque como dice atinadamente Diego Valadés, hoy no tenemos esas instituciones competentes y eficaces que cumplan y hagan cumplir las leyes. Estos gobiernos de la autodenominada “4T” las eliminaron, las absorbieron para manejarlas a su antojo, a su conveniencia.

Y, por si fuera poco, se aliaron con la delincuencia, convirtiendo a México en un país que se encamina a ser un proyecto político fallido administrado por un narcogobierno. Nos convirtieron así en un narcoestado que entregó el 40% -casi la mitad (¿o más?)- del territorio nacional a la delincuencia organizada bajo el engañoso lema de los “abrazos”, mientras que los balazos siguieron para las madres buscadoras y para una sociedad que sigue reclamando justicia.

La vergonzosa cara del narcoestado la ha desvelado a nivel internacional la denuncia del Departamento de Justicia de los Estados Unidos contra Rocha Moya, el senador Enrique Inzunza y el presidente municipal de Culiacán, junto con otros 7 funcionarios, todos ellos de Morena, para quienes se exige la extradición por sus demostrados vínculos con el Cártel de Sinaloa.

La señora Sheinbaum, cómplice de la banda de narcopolíticos obradoristas, gracias a lo cual llegó al poder presidencial, ha reaccionado diciendo que eso es una violación de la soberanía nacional y más aún, llamando a la “unidad nacional” en defensa de esa “soberanía”.

Claudia Sheinbaum ha exigido “pruebas” y más “pruebas”, aunque ella las conoce muy bien, porque se exhibieron desde el 2021 cuando la elección de Rocha, Bedolla y demás gobernadores de Morena, pruebas que López Obrador y sus procuradurías desdeñaron. Por eso después fueron presentadas públicamente en Washington ante la CIDH, la OEA y el Departamento de Estado de EU por los dirigentes opositores del PRI, PAN y PRD en agosto del 2021.

Ahora, después de la presión del gobierno de Trump exigiendo la extradición de estos siniestros personajes sinaloenses de Morena, a quienes Sheinbaum se ha empeñado en defender, está en curso la posibilidad de nuevas exigencias de extradición de otros conocidos y relevantes narcopolíticos del partido obradorista, lo cual colocará al gobierno mexicano en una situación más delicada para que se defina si colabora con Estados Unidos en la lucha contra la narcopolítica o forma parte de ella.

Esto, por cierto, se da precisamente en los días en que se negocia el T-MEC que, si no se firma, pondrá a México en una situación más delicada de la que ahora estamos, con una economía a punto de la recesión, situación preocupante confirmada por la decisión de S&P, al anunciar que México se colocó en perspectiva negativa con mayor riesgo por el estancamiento económico y presión fiscal. Recuérdese que S&P es una de las calificadoras internacionales de mayor prestigio que influye en las decisiones de los inversionistas privados nacionales y extranjeros.

Muchas encuestas empiezan a hablar de que la tan cacareada popularidad de Claudia Sheinbaum va en picada y de que varias de las gubernaturas en juego en 2027, puede perderlas Morena. Estos pueden ser algunos de los efectos políticos inmediatos de la insensatez de la señora presidenta de seguir defendiendo a narcopolíticos como Rocha Moya y compañía envolviéndose en la falsa bandera de la soberanía nacional.

¿Qué busca o qué quiere Claudia Sheinbaum? Pareciera que defender a Rocha para proteger al narcoexpresidente Obrador, quien sí debería ser juzgado por traición a la patria, como responsable de haber entregado nuestra soberanía nacional al crimen organizado.

Y como no creo que la señora Sheinbaum renuncie a la Presidencia de la República, lo cual sería deseable y muy sano (como lo ha planteado nuestra amiga Beatriz Pagés), entonces lo peor sería que Trump tomara decisiones radicales como la abducción (extracción física, secuestro pues) de algunos prominentes narcopolíticos morenistas, (entre ellos Rocha y quien sabe quiénes más.

Confieso que es impredecible lo que pasaría si eso sucediera. Sólo veo un negro panorama, más negro que el que hoy vivimos. Pero de ocurrir, la responsabilidad única sería de Claudia Sheinbaum porque terminaría de hundir al país.