Personajes por orden de aparición:

Coro 1

Coro 2

Falsario, un pejelagarto con forma humana, vestido a la usanza griega, con una corona de laurel en la cabeza y una banda en el pecho con un letrero que dice: Premio Nobel.

El Augusto o el Naricitas

Falsarito, un gordo barbón y cansado

Sonrisal

Audomelo, un hombre vestido de verde

Chango león

Gordita 1, con un gorro que dice: Morena

Gordita 2, una pelirroja con un mandil que dice Morena

Una ministra con cabeza de burro

Un ministro con una cazuela echando humo de copal y una gallina negra en el brazo

Josefa: la Chacha, una sesentona, flaca y fea, vestida con un uniforme con los colores patrios

 

Escenario

Una finca tropical; al lado izquierdo una gran cabeza olmeca; al fondo se ve una finca tropical de mal gusto con un letrero que dice: EL CHINGADO, Aquí vive un premio Nobel; al lado derecho aparece un puesto en el que se venden chocolate y polvito blanco; al centro una hamaca rodeada de sillas en las que están sentados cortesanos, pedigüeños y esclavos.

(Se levanta el telón; Falsario aparece sentado en una hamaca y con un coco en la mano; a su derecha un grupo de suplicantes con hojas de plátanos y de chicozapote en las manos y a su izquierda un grupo de cortesanos).

Coro 1 y coro 2. Grande entre los grandes eres tú, o glorioso Falsario. Digno eres de alabanza. Tú y tu bendita descendencia que reinen por siempre (1).

Coro 1. Ten piedad de mí

Coro 2. De paso, si no tienes inconveniente, también de mi. ¿qué te cuesta?

FALSARIO. (Levantando el brazo derecho) ¡Hijos míos, tons, nuevo linaje del antiguo RIP! Siervos míos ¿Por qué venís ante mí el poderoso, infalible e integro Falsario, en actitud de suplicantes y lo hacéis sin ramos de laurel y olivo? Aunque sentado en mi hamaca, no me han hallado dormido, estoy muy al pendiente de vuestras penas y alegrías. Con perdón de la investidura y del auditorio: ¿Qué chingados les pasa? ¿Por qué vienen ante mí el poderoso, infalible y eterno Falsario?

CORO 1. (Hablándole al oído) Su alteza serenísima, dicho con todo respecto: bájale, no te hagas pendejo: en Teatasco no hay laureles ni olivos; ellos traen lo que hay.

FALSARIO. Tons no hay fijón. Ea, tu, Augusto entre los grandes, el más anciano, mi casi broder y, por serlo, mereces mi respeto, de buen modo, en pocas y claras palabras, dime ¿qué pedo los trae aquí?

AUGUSTO. Oh, poderoso y preclaro padre nuestro, Sol de nuestro universo, Luna de nuestras noches insomnio, estrella de nuestro universo, venimos ante ti como suplicantes y en plan de queja; nos sobran motivos para pedir tu benigna intervención; y no nos faltan razones para quejarnos: esa Chacha a la que tu pusiste para que cuidara tu changarro mientras el Falsarito, tu hijo predilecto, engordaba y maduraba, uno a uno, nos está entregando a la justica del país de los güeros. No estás tú para saberlo, ni yo para contarlo, pero ya les entregó, sin mediar autorización judicial, a más de cincuenta hermanos nuestros, socios, amigos y proveedores de tu reino. Nuestro querido patrocinador, el ilustre y generoso Junio Zambada, como ya lo sabes, fue secuestrado por agentes del reino del norte y actualmente se halla preso. A nuestro querido Noesnecio O’Ceguera, que se la jugó siempre con nosotros y que no escatimó apoyos a nuestra causa, fue asesinado y, junto con él, también cayó un grupo considerable de amigos y aliados nuestros. Tememos que, en breve plazo, uno a uno, seamos entregados a los güeros y ni inglés sabemos. Oh, grande entre los grandes, en tu infinita misericordia, ten piedad de nosotros y desde el alto sitio en que te encuentras, dígnate voltear pa’ bajo.

CORO 1. El Naricitas se ha quedado corto, preclaro e ilustre señor. Un gran proveedor de efectivo, amigo y partidario tuyo ha tenido que renunciar al cargo de tirano de una provincia. Los güeros lo quieren tener con ellos para procesarlo y, como pudiera resultar culpable, seguro que le darán a tomar cicuta. Tememos que, con tal de no tomarla, hable y nos encuere a todos, incluyéndote a ti, justo señor mío y entonces sí que nos jodimos todos; vamos valer lo que se le unta al queso.

FALSARIO. Si los pendejos volaran, se nublaría el cielo. Ea, tu, zacotecano irredento, ¿qué tienes que decir?

SONRISAL. (Con una sonrisa en la boca, unos audífonos en los oídos, un libro en la mano y hablando solo: my name is Richard, i’m a lawyear…)

FALSARIO. Tons, despierten a ese. (Audomelo corre a sacudirlo).

SONRISAL. (Se quita los audífonos y deja caer su libro). Perdón, oh infalible Falsario. Me inclino ante ti; besos tus pies como muestra de sumisión; tiento tu manto como señal de humildad y abrazo tus piernas como signo de ser tu suplicante. Que nuestro padre Zeus, del que tu desciendes, te cuide y proteja, mucho más ahora que estamos a punto de emprender un viaje al más allá, al más allá del Rio Bravo.

FALSARIO. ¿Por qué carajos no pones atención? ¿Qué lees?

SONRISAL. Estoy tomando un curso intensivo de inglés; quiero estar preparado para el momento en que la Chacha, a la que tu dejaste como encargada del changarro, me entregue a los güeros del norte.

FALSARIO. ¡¡Qué dices!!

SONRISAL. Lo que tus reales orejas están oyendo; deseo, cuando menos, entender cuando los güeros me pegunten mi nombre, nacionalidad y oficio, responder correctamente. Ya estoy resignado a acabar mis días con uniforme color naranja en un centro penitenciario del norte. Un querido queretano, amigo y tocayo, también legislador, se ha comprometido a darme clases de inglés sin cobrarme un solo centavo. Tu bien sabes que él, por tus amenazas, tuvo que salir al destierro y exiliarse algunos años en Atlanta. Ahora es legislador

PEJE. No lo recuerdo. No soy rencoroso; mi fuerte no es la venganza. ¿A tal extremo han llegado las cosas? Y, ¿El clan de tu familia todavía gobierna su ínsula?

SONRISAL. Todo se acabó. Mi hermano menor, el orgullo del nepotismo de nuestra familia, por disponerlo la Chacha, no pudo heredar la corona y el trono de la ínsula zacotecana, a pesar de que es de nuestra propiedad.

FALSARIO. Eso sí es grave.

SONRISAL. Temo por mi libertad, por mi raquítico patrimonio; tiemblo ante la posibilidad de vivir la parte final de mi vida en alguna prisión del reino del norte. Espero, llegado el caso, compartir mi reclusión con Falsarito y con nuestro querido amigo y socio el Chapote Guzmán.

FALSARIO. Ahora sí que me creció por andármela jalando. ¿A tal extremo han llegado las cosas?

AGUSTITO. Mi querido broder, Sonrisal se ha quedado corto. No te he dicho lo más grave: esa Chacha ha echado a perder nuestros negocios, ilícitos y hasta los lícitos: el de huachicol fiscal, casas de apuestas, compraventa de medicinas, reparación de carreteras, construcción de vías de ferrocarril….

UN HOMBRE DE VERDE. A nosotros nos ha quitado el monopolio de la construcción pública que teníamos.

FALSARITO. Papi, papi, a tu hijo consentido, a tu Falsarito, aquí presente, me sacó de la dirigencia de la banda de asaltantes que tu fundaste y no me hace las compras masivas de balastro y chocolate tal como se lo ordenaste y te juró hacerlo ante Zeus, lanzador de rayos. Estoy al borde de la quiebra, dentro de quinientos años no tendré de que vivir. También nos quitó el huachicol fiscal del que sacábamos algunos centavos para ayudarnos a subsistir. Me ha reducido a ser un mortal común y corriente, a mí, a quien tú, en tu gran bondad, habías designado como tu feliz y venturoso sucesor. Estoy exhausto, cansado, agotado y también decepcionado de la vida y de la Chacha. Si por algo alcance gracia ante tus ojos, te pido y hasta te ruego, que no me dejes bajar al Hades sin haber visto que me hiciste justicia de mi adversaria.

FALSARIO. (Abrazando a Falsarito) No llore mi hijo. Esto sí no lo tolero. Hasta aquí llegó esa flaca horrible. Ordenaré tons la realización de una consulta ciudadana para revocarle el cargo. No se la va a acabar.

FALSARITO. También córrela del palacio real, bájale su pensión a la mitad del salario que percibiste tu en tu venturoso paso por el trono y que no se lleve nada de lo que tiene.

SONRISAL. Esta pedorriza no me la pierdo.

FALSARIO. (Dirigiéndose a Audomelo) A ver, tú, el de uniforme verde, como te llames, dile a la Chacha que venga de volada. Antes, comunícame con Ariadna en Naxos.

AUDOMELO. Me llamo Audomiro. ¿tan pronto se te olvidó mi nombre? Voy de volada.

GORDITA 1 No me gustaría estar en el lugar de la Chacha. No se la va a acabar. ¿Le quitarán del cargo de jefa provisional del reino?

GORDITA 2. (Con un bote en la mano) Ay, ay, ay de mí, por mi piel morena nadie me quiere. Soy morena porque el Sol me miró.

MINISTRA. Hija de tu reputísima madre, ¿qué te pasa?

GORDITA 2. Soy una indigente. Una coperacha para esta pobre gobernadora; me cortaron la energía eléctrica en la provincia que gobierno. No tengo dinero ni para pagar a la estilista que me tiñe el cabello de color rojo. Gustan cooperar; no me daré por mal servida.

FALSARIO. Soy pobre; vivo al día. Te doy los doscientos pesos que siempre me acompañan. Andas de suerte; también te doy una estampita: la de san Judas Iscariote. No me lo vas a creer, ella es la que me ha dado buena suerte en toda mi vida. Es lo más preciado para mí.

GORDITA 2. Mucha gracias mi querido Falsarito. Pondré esa imagen en un lugar seguro: dentro de mi brasiere. Le daré pecho todo el día; lo veo muy desmejorado.

MINISTRA. Hijos de su reputísima madre, ayuden a esta pobre mujer; no sean ojetes. Miren, así se hace. (Saca un fajo de billetes del seno izquierdo y lo avienta al bote de la Gordita). Aprendan, pendejos.

FALSARIO. ¿Qué dijiste cabeza de burra?

MINISTRA. El pedo no es contigo, mi querido Falsarito, es con estos ojetes que no sueltan la lana, a pesar de que, gracias a tu benigno influjo, viven en la abundancia. Me cago en ellos. Que vivan el proletariado y la quinta internacional socialista.

FALSARIO. Se te olvidó incluir a la 4T.

MINISTRA. ¡A chinga!; la pendejié: que viva la 4T, su ilustre y santísimo fundador; que Zeus y su esposa Hera les concedan larga vida y una descendencia que, aunque española, nos gobierne eternamente.

 

Notas:

  1. Los textos que aparecen en cursiva fueron tomados de algún autor griego de la antigüedad o de la Biblia, en la traducción de Cipriano de Valera.