Colombia se apresta a vivir una de las jornadas poselectorales más cerradas y cuestionadas de su historia, luego de que el ultraderechista Abelardo de la Espriella, obtuviera un cerrado triunfo con apenas el 0,9 por ciento de diferencia sobre el candidato de izquierda del Pacto Histórico, Iván Cepeda Castro, quien llamó al pueblo colombiano a estar en guardia para exigir la revisión de 33 mil mesas de votación – casi el 30 por ciento de las 122 mil instaladas–, y prepararse a dar una lucha política para evitar un retroceso en las conquistas sociales, logradas en el gobierno del presidente Gustavo Petro.
El temor de que Espriella resulte una copia al carbón de gobiernos que han mostrado su sumisión a los Estados Unidos y a los organismos financieros internacionales, atentando contra los derechos de la clase trabajadora y su nivel de vida, se confirmó apenas se dieron a conocer los primeros resultados de la segunda vuelta electoral, celebrada el pasado domingo 22 de junio, cuando señaló en su cuenta de “X”, haber recibido vía telefónica, la felicitación del presidente norteamericano, Donald Trump.
El Secretario de Estado, Marco Rubio fue más explícito cuando señaló “el gobierno del Presidente Trump espera trabajar estrechamente con su administración entrante para promover nuestra cooperación en materia de seguridad bilateral y regional, poner fin a la inmigración ilegal hacia Estados Unidos y fortalecer los vínculos económicos entre ambos países”.
A diferencia de otras elecciones de naciones como Venezuela donde Washington siempre ha exigido transparencia electoral en su aparente defensa de la democracia, ahora no invocó en lo absoluto el cuestionado resultado del ganador que con el apretado triunfo apenas y aventaja por 248 mil votos a Cepeda.
Algo muy similar al todavía polémico fraude electoral con que el panista Felipe Calderón Hinojosa, llegó a la presidencia de México en 2006, al ganar a Andrés Manuel López Obrador por una diferencia de 0,56 por ciento; es decir, apenas 236 mil votos, lo que levantó la exigencia nacional de revisar los sufragios casilla por casilla, reclamo ciudadano evadido por el entonces Instituto Federal Electoral (IFE). Como se recordará, cínicamente Calderón reconoció que “haiga sido como haiga sido”, él se instaló en la silla presidencial, con los desastrosos resultados para el país.
Nada bueno asoma en el horizonte social de Colombia pues entre los primeros anuncios de Espriella está el aplicar “mano dura” contra crimen y narcotráfico, fortaleciendo las fuerzas armadas y la construcción de mega-cárceles, algo muy similar al modelo salvadoreño de Nayib Bukele, lo que es un claro indicio de abandonar el uso de recursos públicos para rubros como educación, salud o seguridad social, tal y como sucede en países como Argentina, con el fiel seguidor de Trump, Javier Milei, que tiene al borde la extrema pobreza a un creciente número de ciudadanos.
Por ello, Cepeda Castro respondió tras exigir limpiar los comicios: “No vamos a permitir que nos quiten en salario vital. No permitiremos que le quiten a los mayores el bono pensional. No permitiremos que se destruya la educación pública”.
No será nada fácil que el Consejo Nacional Electoral (CNE) y la Registraduría Nacional del Estado Civil –órganos electorales con dudosas actuaciones pasadas–, puedan ocultar las más de 2 mil 600 denuncias por irregularidades, denunciadas tras el proceso. Los colombianos deben exigir un recuento a fondo para evitar la consumación de un presunto fraude cibernético, porque el retorno de los gobiernos de ultraderecha, representa una inevitable involución a las conquistas sociales de los pueblos latinoamericanos.
