El inicio del Mundial de futbol, nos impone un mes de distracción que representa un impasse, en el cual nada parece importar o preocupar por encima de los resultados de los partidos de las selecciones participantes. Ese “Impasse mundialista” no es exclusivo de los mexicanos, como se imaginan los pocos no amantes de este deporte nacional, que califican a los aficionados de “pueblo globero”, distraídos con el juego, mientras la delincuencia organizada sigue cometiendo los más horrendos crímenes.
La realidad es que la afición por este deporte, acontece por igual en Europa, Asia, África y en todo el continente Americano, donde un número muy importante de la población está sentada frente al televisor disfrutando los partidos.
Quienes disfrutan de adoptar una pose de rechazo al juego y pretenden pontificar con análisis sociológicos y califican el hecho social de que a la gente le guste el futbol, de ignorantes y olvidan que ningún cartabón o modelo de comportamiento sociológico explica todo para todas las sociedades, y muestran su total y absoluto desconocimiento de verdades elementales, como la forma de ser del mexicano, que al igual que todos los seres humanos, son totalmente imprevisibles.
La conducta de los fanáticos futboleros, tampoco puede extrapolarse como propia de todos los mexicanos, como los de la ciudad capital que celebran en el Ángel y en los estados y en los demás países en las principales plazas, para celebrar algún logro de su selección, Y ni que decir de los lingüistas que buscan justificar la pertinencia de un grito homofóbico totalmente reprobable, que debiera retirarse de la afición porque al final habrá de revertirse colectivamente.
Las anteriores comentarios me llevan a expresar, que me alineo con quienes quieren que gane México, no solo porque levante el ánimo social, que bastante falta hace o baje la tensión y disminuya la ira social contenida que puede percibirse por la enorme inseguridad que se desborda en la ingobernabilidad, en la crisis económica que sufrimos y en desigualdad en la distribución de la riqueza; no, deseo que gane México, porque parece ser la única actividad que nos une mayoritariamente, el juego genera un lazo de identidad nacional aquí en México, entre los mexicanos o de origen mexicano que residen en los Estados Unidos y entre todos los connacionales desperdigados por todo el mundo. Y lo afirmo, lejos de una perorata nacionalista; jugar y ganar nos vendría bien.
Mientras todo esto sucede, el Mundo sigue su marcha. En los tribunales de Estados Unidos siguen integrando los expedientes de los delincuentes mexicanos que operan perjudicando los intereses de aquella Nación.
En Medio oriente la guerra aún no termina, los israelitas continúan bombardeando ciudades libanesas en donde se encuentran los integrantes de hezbollah, grupo armado islámico que opera en Iran, Líbano y Siria, que se impone militarmente, demuestra que los ataques norteamericanos para imponer un equilibrio regional a modo de sus intereses, está prendido con alfileres. Igual acontece en Ucrania, Rusia le cortó el suministro de gas y golpeó al mediano el corazón de la producción industrial de Europa Occidental y el abasto domestico para la población del próximo invierno.
Y mientras tanto aquí en México, la discusión legislativa por las leyes secundarias en materia electoral, siguen su curso, como tenía que ser, si ya está aprobada la reforma constitucional con la consabida super mayoría ilegal. La ciudad de México como frecuentemente la vivimos, convertida en un caos de movilidad, con la gran cantidad de marchas y plantones de los diferentes grupos que protestan por sus causas, sin hacer la más mínima mella en el gobierno al que poco le importa que los ciudadanos sufran las consecuencias.
Y no, el futbol no tiene la culpa.
