La fiesta de la Copa Mundial de fútbol y el triunfo de la Selección Mexicana en su debut frente a la escuadra de Sudáfrica no pudo ni puede ocultar las protestas sociales ni el desgaste del régimen, producto de una notable pérdida de legitimación ante la sociedad. Es decir, claramente estamos ante un deterioro del proceso práctico y activo detrás del cual se justifica el papel y la autoridad del Estado.
Nadie en su sano juicio ha deseado impedir la realización de esta justa deportiva, como tampoco nadie debería criticar o condenar que este escaparate internacional busque ser aprovechado por importantes sectores sociales cuyas demandas han sido ignoradas por el gobierno morenista de Claudia Sheinbaum, como por ejemplo las madres buscadoras (que cargan con la tragedia de 133 mil familiares desaparecidos), para visibilizar ante el mundo entero su exigencia y derecho de ser atendidas por el gobierno mexicano.
¡Qué bueno que la inauguración de esta fiesta se haya podido realizar en el ahora tres veces mundialista Estadio Azteca! ¡Qué malo que haya sido un festejo bajo sitio policiaco y militar ante la incapacidad e insensibilidad del régimen para dialogar con los diversos sectores sociales inconformes, no sólo con la irracional CNTE!
Familiares de desaparecidos, transportistas agobiados por la inseguridad en las carreteras, jubilados y pensionados despojados de sus derechos, extrabajadores del desaparecido poder judicial, productores del campo en el abandono, trabajadores del deteriorado sistema de salud y muchos más, buscaron utilizar inteligentemente esta ventana de oportunidad para que el mundo, la comunidad internacional, se entere de nuestras tragedias y miserias. Es a lo que se han visto orillados cuando aquí, dentro del país, ya no hay autoridad a la cual acudir.
En tanto, el régimen ha pretendido que con el fútbol se distraiga la opinión pública de los escándalos sobre los narcopolíticos de Morena, de la galopante corrupción oficial y de la impunidad que caracteriza a “la 4T”, como “causa principal de la descomposición nacional”, diría el prestigiado analista político Federico Berrueto. Sin embargo, al lado de estos frentes que ahí han estado y siguen presentes en este México que sufre, continúan abriéndose otros más, como producto de la cerrazón oficial y de la incapacidad para enfrentar problemas y conflictos, así como para encauzar y resolver esas expresiones de descontento.
Es indignante que la señora Sheinbaum haya evitado el diálogo con los inconformes y, peor aún, que haya llegado a satanizarlos como si fueran parte de un complot de “la derecha” contra México (o sea, contra su gobierno) y que incluso se haya burlado de las madres buscadoras con esa malvada expresión irónica de que “eran más los integrantes del Comité de Búsqueda que los familiares de desaparecidos”.
Consciente de su caída en las encuestas y del aumento de sus niveles de desaprobación, la presidenta no fue al Estadio Azteca ni al Zócalo, sino que cobardemente se fue a resguardar a un acto pequeño en un escenario completamente controlado por sus huestes al norte de la Ciudad.
Se confirma así que el deterioro no tiene límites porque el comportamiento irresponsable de este gobierno todavía puede ser peor. Y quizá enloquezcan en Palacio Nacional si en próximos días el Departamento de Justicia y el órgano encargado de las labores de inteligencia en Estados Unidos revela una nueva lista de narcopolíticos del obradorato. Más aún si, como se ha exigido por la oposición mexicana y comentado por reconocidos analistas nacionales y estadounidenses, se declara a Morena como un narcopartido y, junto con ello, se ordena un congelamiento internacional de sus cuentas bancarias.
Este escenario no es improbable si se toma en cuenta que Trump designó la semana pasada a Jay Clayton como Director de Inteligencia Nacional de los Estados Unidos, ya que este personaje era el Fiscal Federal para el Distrito Sur de Nueva York, encargado de las investigaciones sobre el caso Sinaloa. ¡Ojo! ¡Mucho ojo a este nombramiento!
No nos equivocamos cuando decimos que el régimen obradorista, al traicionar sus postulados de campaña de “no mentir, no robar, no traicionar”, es el causante de su propia descomposición. La cuenta regresiva del obradorismo como proyecto de control político ya comenzó y no tiene reversa. Así lo demuestran casi todas las encuestas independientes que se han dado a conocer en los últimos días.
Sin embargo, la fiera cuando se siente herida de muerte puede reaccionar peligrosamente si no se le logra cercar con inteligencia y audacia. Morena por sí sola difícilmente admitirá su trágico final. Sólo un amplio frente opositor, político y ciudadano, plural y diverso, puede ayudar a la derrota de este nefasto proyecto autoritario.
Los ojos del mundo voltean hacia México. Que las voces de tantos sectores tan agraviados por el obradorato encuentren eco más allá de nuestras fronteras es una válida herramienta de lucha y otra muestra más del fracaso de la autodenominada “4T” en múltiples reglones. Sólo falta que desde el púlpito presidencial nuevamente se les acuse de atentar contra la tan llevada y traída soberanía nacional, una soberanía mancillada desde que el régimen decidió cederla en grandes porciones a grupos que, como los delincuenciales, son generadores de muchos de los padecimientos que hoy llevan a miles a alzar la voz ante el mundo entero.
