Una vez más, un conocido refrán y una célebre frase atribuida a sendos personajes históricos clarifican los resultados de los comicios presidenciales desarrollados en la República de Colombia el domingo 31 de mayo pasado. El primero dice: “Del plato a la boca se cae la sopa”, y la segunda: “El poder es la droga más poderosa que existe”, que algunos adjudican al general francés Charles André Joseph Marie de Gaulle, y otros al ex primer ministro británico Sir Winston Leonard Spencer Churchill. El adagio no necesita explicación. Para el caso dos precandidatos, el oficialista, Iván Cepeda Castro, y la uribista Paloma Susana Valencia Laserna (apoyada por el ex presidente Álvaro Uribe Vélez, 2002-2010), eran los preferidos en las encuestas preelectorales. Razón por la cual se sorprendieron por el resultado de la votación en la primera vuelta.

El tercero en discordia resultó Abelardo Gabriel de la Espiella que resultó vencedor en la justa con el 43.7% de los votos. Cabe decir que en esta ocasión eran once los aspirantes presidenciales. Cepeda logró el 40.9%; y, Paloma Valencia apenas el 6.9%. De tal forma, Colombia no llega al balotaje con una elección cerrada, apenas 2.8% de diferencia. Y con esto, el quid del asunto: el presidente en funciones, el primer izquierdista en ocupar la presidencia en Colombia, Gustavo Francisco Petro Urrego, se niega a aceptar el resultado, e insiste en que, en los pasados comicios, ganados por el candidato de la ultraderecha, hubo fraude. Mientras tanto, la fecha del balotaje está fija: domingo 21 de junio.

Colombia decidirá su futuro en 14 días. A unos se les cayó la sopa del “plato a la boca”, y “el poder”, sin duda, “es la droga más poderosa que existe. Y todos quieren usarla, aunque, la política —en Colombia, en México, en EUA y en cualquier parte del mundo—, opera en varios registros, incluso el democrático, ni qué decir el de la sospecha, el miedo y la deslegitimación del adversario.

Aunque el candidato oficialista, Iván Cepeda manifestó que no estaba totalmente convencido de que hubiera fraude en los comicios, como lo cree el presidente Gustavo Petro, creador de la coalición Pacto Histórico, creada en 2021 aglutinando movimientos de izquierda y de centroizquierda, dijo al cierre del cómputo: “Hoy obtuvimos 10 millones de votos mal contados en Colombia, somos la principal fuerza política…hay un desfase que queremos verificar”. Y agregó: “Existe información e indicios de mesas que estamos verificado, donde se presentaron votaciones atípicas”, y señaló “compra de votos”, así como que hubo miles de electores que no pudieron depositar su papeleta.

El martes 2, Petro insistió en su denuncia y aseguró que habían aparecido más de 800 millones de cédulas nuevas que no contemplaba el censo electoral divulgado por la Registraduría —autoridad electoral—, días antes de las votaciones. En su cuenta de X, el mandatario colombiano escribió: “La modificación consistió en cambiar el censo electoral y el número de puestos de mesa. La cuantía de la modificación es la siguiente: censo oficial 41.421,973. Está cifra fue cambiada Divipol (División Política Electoral) en el software de los hermanos Bautista (empresa privada dueña del software) el 26 de mayo de 2026 (cinco días antes de elecciones) en la siguiente cantidad: 42,307,373”.

Según Petro, esta diferencia arrojó, “la diferencia de 885 mil 409 nuevas cédulas que hoy se inscribieron en la fecha legal”. Asegura que también se variaron los puestos de votación aumentándolos de la siguiente manera: “de 13 mil 472 a 14 mil 438 en Divipol, software de los hermanos Bautista; diferencia 696 puestos de votación”. La Regiduría, institución encargada de realizar los comicios, garantizar el pre conteo y los escrutinios, aún no se pronuncia sobre las denuncias en las que, con documentos y pruebas Gustavo Petro insiste en que hubo fraude. La abstención en estos comicios fue de 57%.

Tras las acusaciones, la misión de la Unión Europea (UE) descartó “cualquier manipulación” en el conteo y el escrutinio. Por su parte Leonel Fernández, jefe de la Misión de la Organización de Estados Americanos (OEA), reconoció el “trabajo profesional de las autoridades” y que el conteo se hizo a de acuerdo a los procedimientos legales. Y, el representante de la ONU Derechos Humanos, Scott Campbell. Destacó el normal transcurso de la jornada.

Juanita Gobertus, directora para América de Human Rigths Watch, pidió en X “rodear a la Registraduría” y aseguró que “Colombia tiene un sistema electoral independiente y confiable”. Tras confirmarse los resultados oficiales, el doctor Abelardo de la Espriella difundió un video en que dice: “Compatriotas, más de 10 millones de colombianos confiaron en el tigre (como se le llama popularmente en el país), se unieron a la manada. Vamos a la segunda vuelta para derrocar a la tiranía. En 21 días vamos a cambiar la historia de Colombia. Por ahora, celebremos esta victoria de los que nunca hemos vivido de la teta del Estado, contra los del régimen de Gustavo Petro”.

Y vaya que el tigre dio la sorpresa, pues las encuestas no le favorecían, sino a Iván Cepeda en primera vuelta. Su propuesta prioriza seguridad y reactivación económica: “mano dura contra el crimen, narcotráfico y grupos armados ilegales, fortalecimiento de las Fuerzas Armadas y construcción de megacárceles”, propuestas que le echan en cara sus adversarios.

Como dice Valeria López Vela en su Acordes internacionales “Colombia: segunda vuelta, primera fractura”: “De la Espriella no representa simplemente a la derecha sino a una que ya no quiere pedir disculpas por serlo. Habla de orden, castigo, autoridad, enemigos internos y recuperación del Estado. Su candidatura crece sobre una intuición social: que la democracia colombiana ha negociado demasiado con quienes la desafían y ha protegido poco a quienes la obedecen. En un país exhausto por la violencia, esa promesa tiene fuerza. También tiene un riesgo: convertir el reclamo legítimo de seguridad en licencia para gobernar con lógica de guerra”.

La analista no olvida diseccionar al competidor del empresario, abogado y promotor de la “mano firme”, Iván Cepeda: “Tampoco es sólo el candidato del Pacto Histórico. Es la apuesta por conservar una épica progresista en un momento en que esa épica ya no llega intacta. Petro llegó al poder como rotura moral; Cepeda llega como continuidad como desgaste. Ahí está su problema. No carga únicamente con su biografía, sino con las promesas incumplidas, las peleas abiertas y la fatiga institucional de un gobierno que quiso refundar demasiado al mismo tiempo. Su candidatura necesita defender el ámbito, pero también explicar por qué el ámbito terminó pareciéndose, para muchos, a una administración permanente del conflicto”.

El país está en la balanza. En pocos días Colombia tendrá que decidir entre dos plataformas irreconciliables. Algunos extremistas dicen ni a cuál apostarle. Pero lo cierto es que los electores deben de hacerlo. El futuro no puede quedar a la buena de Dios. Cepeda representa el continuismo petrino, basado en apoyos sociales que han llevado a la deuda pública a niveles preocupantes, como está sucediendo en México —por eso la presidenta de México, asume que el injerencismo que vale solo es el de la “izquierda” y apoya la denuncia de Petro—, pero que según dicen los convencidos de esa política han sido la base para la subsistencia de millones de personas que sufre la falta de oportunidades en uno de los países más desiguales del continente. De la Espriella aspira a convertirse en otro Trump latinoamericano, tipo Milet y Bukele, promoviendo el estado mínimo, recortes sociales y una política de “mano dura” que apostará más a la construcción de megacárceles que a la reconstitución del tejido social.

En la patria de Gabriel García Márquez, la izquierda está desgastada y nada propositiva. Como dice Montserrat Salomón, “Arrojar monedas y hablar de la paz no crea oportunidades si limpia los potreros de la burocracia. Sin embargo, la retórica de la división y la ostentación de la fuerza y el poder por encima de derechos y personas, tampoco es una salida firme ante las complejas problemáticas económicas y de seguridad del país”.

La segunda vuelta en Colombia no solo es cuestión de enfrentamiento de programas, sino de diagnosticar con realismo cuáles son los problemas que debe resolver el país urgentemente. Dice López Vela: “Para la derecha, Colombia debe escoger entre recuperar el control o profundizar el desorden. Para el petrismo, debe escoger entre defender la democracia social o entregarla a una derecha vengativa. Cada campo necesita que el otro parezca intolerable. Esa es la lógica más corrosiva de la polarización: no basta con ganar hay que convencer a los propios de que la derrota sería una catástrofe nacional”.

Colombia, como México, ha sobrevivido a guerrillas, corrupción, falsos mesías, y, lo peor, lo sufre actualmente: el poderío del narcotráfico. Por eso, las elecciones democráticas son tan necesarias. Que el propio presidente ponga en duda el proceso electoral, es tan nefasto como incluir en la Constitución que los comicios puedan declararse ilegales si se “sospecha” que un poder extranjero intervino en los mismo. Es como ponerse un esparadrapo antes de la herida. La 4T, por ejemplo, ya se anticipa a esta eventualidad si perdiera los próximos comicios.

En Colombia quien sabe qué sucedería si no hubiera una segunda vuelta. Bien dice la analista citada líneas atrás: “El 21 de junio se elegirá presidente. Pero la pregunta será otra: si Colombia todavía distingue entre el poder y perder la patria”. El panorama intermedio antes del balotaje está nebuloso. Y puede ponerse peor. El martes 9 los dos candidatos, De la Espriella y Cepeda escenificarán un cara a cara en las instalaciones de la importante revista Semana —del Grupo Gilinski—. Al momento de redactar este reportaje, De la Espriella ya había dado su consentimiento en X: “Aquí está la fecha y la hora. Debate en Semana, martes 9 de junio”. Emplaza a Cepeda a “aceptar el resultado democrático del 31 de mayo. Lo único que tienes que hacer, Iván Cepeda, es aceptar el resultado de la democracia que, sin razón, te has negado a reconocer”.

El tono de la propuesta subió en las últimas horas. De la Espriella llamó “cobarde” a Cepeda por evitar debates previos. A su vez, Cepeda lo tildó de “fascista mafioso” y “estafador de estafadores”, y lo acusó de misógino, homófobo y de representar un regreso al pasado “parapolítico, narcotraficante, mafioso, plutocrático y corrupto. “Emplazo a debate político y electoral al candidato Abelardo de la Espriella”, escribió Cepeda en X, y agregó que las condiciones las definirían delegados de ambas campañas”.

El aspirante del oficialísimo, advirtió, además, que un gobierno con De la Espriella desmontaría las políticas sociales de Gustavo Petro y pidió a la izquierda “cerrar filas”. El abanderado de Defensores de la Patria, en su turno respondió desde Barranquilla con más críticas a Cepeda y a Petro.

Y Gregorio Eljach Pacheco, fiscal general de Colombia, aseguró que no hay pruebas o indicios” de que se haya alterado el censo electoral, como señaló el mandatario colombiano tras la primera vuelta. “Tampoco hay evidencia de que se haya alterado el censo electoral oficial para incorporar cédulas de manera irregular”, agregó en un video el funcionario judicial aclarando que sus delegados no constatan mesas impugnadas que prueben votos agregados.

Para que nada falte en el embrollo postelectoral colombiano, un portavoz del Departamento de Estado de EUA, declaró que los “colombianos tienen derecho a elegir libremente a sus gobiernos. Esta elección es una decisión del pueblo colombiano”. Para mayor inri del episodio de las elecciones presidenciales de Colombia, cabe advertir que el presidente Gustavo Petro presidirá la próxima semana un debate del Consejo de Seguridad de la ONU sobre la paz en Oriente Medio, donde, doble contra sencillo, hablará de la injerencia de Donald Trump en las tierras colombianas. VALE.