La Inteligencia es el producto resultante del proceso integral y metodológico de identificación, adquisición, procesamiento y análisis de información para generar un producto accionable diagnóstico o prospectivo, coadyuvando a la toma de decisiones al proveer conocimiento, contexto, coyuntura, y/o potenciales escenarios futuros de un caso, fenómeno o tema. La Inteligencia profesional se lleva a cabo en ciclo constante, donde la identificación del qué, por qué y para qué se requiere la información integra los Requerimientos de Información; siguiendo con la delimitación del cómo, cuándo y por quién debe obtenerse en un Plan de Búsqueda; y complementado esta etapa inicial definiendo los alcances esperados, expectativas, limitaciones y parámetros preliminares de la adquisición y procesamiento de los datos requeridos.
La etapa procesal subsecuente es someter dichos datos en bruto a un proceso sistematizado de análisis, para transformarlos en Productos de Inteligencia. Solo después de haberse contextualizado, depurado y tratado metodológicamente éstos podrán definir su alcance, ya sea descriptivo, diagnóstico o potencialmente prospectivo. En este último caso deben complementarse con recursos instrumentales adicionales para generar escenarios potenciales con resultados posibles y probables, costos, beneficios, y recomendaciones de implementación. Solo entonces podemos hablar de Productos de Inteligencia Accionable, mismos que deben corresponder a las expectativas preliminares del ciclo. En otras palabras, los Productos y Resultados deben responder a los Requerimientos de Información, deben cumplir con las expectativas en cuerpo y forma, pero sobre todo deben ser confiables.
Un Producto de Inteligencia que no es confiable no es más que una “fábula formateada”, un fragmento imaginativo potencialmente nocivo, o una maquinación de desinformación buscando ser legitimada por un título calificativo o un descriptivo genérico. La confianza, la seriedad y la trascendencia en la Inteligencia lo es todo, por lo que su aprovechamiento, empleo y difusión son los subprocesos más importantes y vitales. No importa que tan exhaustivo, metodológicamente correcto o profesional sea un Producto de Inteligencia Accionable si el mismo no es confiable, verificable, y entendido con claridad y contundencia.
Las tres habilidades profesionales más importantes de la Inteligencia son la capacidad de adquirir información, saber analizarla, y saber transmitir los resultados de manera clara, eficiente y oportuna. El poseer un resultado descriptivo, diagnóstico o prospectivo, pero no tener la capacidad de difundir, explicar o transmitir dichos productos de manera eficiente y oportuna es equivalente a no tener nada y haber realizado un gasto innecesario. La Inteligencia sin resultados es muerta, y la prospectiva sin comprensión es irrelevante. Es por ello que, así como hay diferentes partes del proceso de Inteligencia, debe haber especialistas profesionales en cada etapa del proceso.
La delimitación de los Objetivos y Requerimientos de Información corresponde a los tomadores de decisiones, pues son ellos quienes deben definir qué datos o escenarios necesitan para llevar a cabo sus funciones. El Plan de Búsqueda y Procesamiento de Información debe ser encabezado por el personal directivo, gerencial o supervisor del proceso de Inteligencia, ya que son conocedores de la intencionalidad de los tomadores de decisiones, traductores con los operadores especialistas de cada fase del proceso, y supervisores de que se cumpla el rigor metodológico necesario para certificar la confianza e integridad final de los productos esperados.
La búsqueda, adquisición y análisis de información deben ser llevados a cabo por personal especialista. Existen profesionales especializados en buscar información, en adquirirla por medio de fuentes abiertas, y desarrollar la complementaria en fuentes cerradas. Por su parte, debe existir personal especializado en depurar, jerarquizar y procesar la información en bruto, principalmente en un ámbito gerencial y de supervisión de procesos. De igual forma, deben existir analistas de información especializados, los cuales conviertan estos datos en bruto en productos informativos procesados. Éstos deben solicitar información complementaria o precisión informativa a los especialistas en adquisición y búsqueda de información a través de figuras gerenciales y de supervisión, con la finalidad de integrar productos analizados más precisos y confiables.
Dentro del campo de análisis los productos pueden, en algunas ocasiones, transferirse a otros especialistas en prospectiva, quienes proyectarán potenciales escenarios que respondan a las expectativas y requerimientos de los tomadores de decisiones. Estos resultados deben ser redactados, presentados o transmitidos de manera eficiente en forma o formato que sea de fácil aprovechamiento por los consumidores finales, es decir, los tomadores de decisiones. Parecería un paso redundante, pero es crítico: saber expresar clara, contundente, eficiente, y oportunamente los resultados para su aprovechamiento. Sin esta importante labor todo el trabajo y el esfuerzo podría perder utilidad, relevancia o validez; por ese motivo debe ser llevado a cabo por personal especialista en la integración y presentación de resultados de Inteligencia.
El último paso del ciclo es la difusión y transmisión de los resultados, siendo la responsabilidad del personal directivo y gerencial del proceso. Ellos son encargados de proveer los productos accionables en forma, tiempo y oportunidad a los tomadores de decisiones para su aprovechamiento, así como deben cuidar los mismos sean adecuada y eficientemente comprendidos y utilizados. Ellos deben cuidar que el resultado final corresponda a las expectativas y requerimientos de la mejor manera posible, lo que se convertirá en una labor de evaluación y supervisión del proceso orientada a fortalecerlo, mejorarlo y optimizarlo en ciclos subsecuentes. El proceso continúa con nuevos Requerimientos de Información, pero las lecciones aprendidas deben capitalizarse en cada etapa del nuevo ciclo. La acción acumulativa y repetitiva de éste conduce a la eficiencia, la optimización y la profesionalización de la Inteligencia.
Esta visión el Ciclo de la Inteligencia nos muestra lo lógico e integral que es, lo sencillo pero complejo que es esta labor fundamental de los Estados, y lo especializado pero cotidiano que debe de ser este proceso. Nos muestra con simpleza y claridad que un Producto de Inteligencia Accionable bien estructurado y metodológicamente sólido debe tener todos los atributos requeridos por el tomador de decisiones para coadyuvar a sus labores. Estos productos deben ser confiables, eficientes, oportunos y trascendentes. Estos atributos se logran por medio de una constante redundancia en la observancia de procedimientos, en la supervisión y la realimentación constante, en la evaluación objetiva de resultados y en la injerencia profesional responsable de especialistas en cada rubro del proceso.
Es por este motivo que no debe haber “generalistas” en la Inteligencia profesional. No debe evadirse la responsabilidad de la supervisión y la realimentación, no debe evitarse la evaluación continua, ni la redundancia en la revisión y reflexión en los procesos del ciclo. La complejidad metodológica, procesal, procedimental y de capital humano requerido para la generación de Productos de Inteligencia Accionable podría parecer abrumadora y hasta innecesaria, pero es fundamental para garantizar la confianza y la certidumbre de los resultados. Sin ello, las aportaciones a los tomadores de decisiones pueden ser inadecuados, sesgados o tendenciosos. Lo anterior, más que apoyar al liderazgo nacional puede ser totalmente contraproducente.
En la siguiente entrega presentaremos los Campos y Niveles de la Inteligencia, y cómo estos pueden -y deben- ser capitalizados por los Estados contemporáneos. Pero antes de adentrarnos en esa exposición, debemos reflexionar cómo se ejerce el Ciclo de la Inteligencia en nuestro país. Más que una descontextualizada crítica, invito al lector a identificar cuántos y cuáles de los aspectos anteriormente expuestos vemos adecuadamente empleados en nuestro país. Evidentemente, la respuesta general será que como ciudadanos particulares tenemos nula o poca certidumbre y noción de ello, y por tanto no podemos responder a estas interrogantes. Y ese es exactamente el problema.

Como hemos comentado con anterioridad, la Inteligencia es una labor y responsabilidad de Estado. Aunque por su naturaleza y trascendencia los particulares de estas actividades son confidenciales, reservados o secretos, los resultados y procesos generales deben ser públicos y transparentes. Esto no solo promueve un mayor entorno de coparticipación y corresponsabilidad entre el gobierno y la sociedad a la que representa, sino también de rendición de cuentas, apego a la ley y seriedad en su finalidad: el Servicio Público. En consecuencia, es responsabilidad de las Instituciones del Estado ser transparentes y rendir cuentas en materia de Inteligencia, y es responsabilidad de la sociedad tener conocimiento, observancia y seguimiento de los resultados de estas labores. Solo en este proceso de responsabilidad simbiótica se puede encontrar el equilibrio entre la reserva y la transparencia, entre la productividad y el sigilo, y la crítica constructiva y la evaluación de resultados.
La Crisis de Inteligencia que vive nuestro país comienza con la opacidad y la falta de transparencia en los procesos y la responsabilidad de las entidades, instituciones y organismos que llevan a cabo estas actividades; se materializa en la generalización, la poca preparación, y el poco profesionalismo de muchos servidores públicos en estos rubros; se traduce en ineficiencia, poca seriedad y limitada trascendencia de sus resultados; y se consuma el en sesgo, la tendencia, el oportunismo y el mal manejo de sus productos. Esto no es un proceso reciente, ya que encontramos estos problemas desde hace décadas: desde la extinta Dirección Federal de Seguridad y el transformado Centro de Investigación y Seguridad Nacional. Sin embargo, las labores del actual Centro Nacional de Inteligencia son igual o más opacas, más cuestionables y mucho más dudosas.
Lo anterior no tiene la finalidad de criticar irreflexivamente a esta institución, ni a su liderazgo ni servidores públicos. Por el contrario, se presenta como un aporte reflexivo para fortalecerla, profesionalizarla y llevarla a un nuevo paradigma para el beneficio nacional integral. Lo anterior sólo es posible si se identifican las vulnerabilidades (riesgos y amenazas) y obstáculos (áreas de oportunidad y de revisión) que tiene nuestro Sistema Nacional de Inteligencia. Ese será tema de la siguiente colaboración, sin embargo, dejo esta reflexión al avezado lector: ¿quién queremos proteja a nosotros, nuestros seres queridos y nuestro patrimonio presente y futuro: un profesional consumado que nunca deja de superarse, o un generalista que solo concibe estas labores como un trabajo ordinario más?
El autor es antropólogo Social e Internacionalista. Especialista en Inteligencia Estratégica, Estudios Prospectivos, e Innovación Aplicada.
