A pocos días de que inicie el Mundial de la FIFA 2026, México enfrenta una crisis de gobernabilidad gestada durante años. La amenaza de la CNTE de boicotear el evento es la consecuencia lógica de un gobierno, el de Andrés Manuel López Obrador, que entregó el poder educativo a cambio de lealtad política.
Durante su sexenio, AMLO necesitaba desactivar cualquier foco de protesta que pudiera empañar su imagen. La CNTE, históricamente la facción más beligerante del magisterio fue su principal beneficiaria. Estos son solo algunos de los episodios que evidencian la entrega:
Su primera gran decisión fue derogar la reforma de Peña Nieto, que establecía evaluación docente y promoción por méritos. En su lugar, creó la Unidad Del Sistema para la Carrera de las Maestras y los Maestros (USICAMM) y a la CNTE le permitió recuperar el control de plazas y escalafones, regresando a los vicios del corporativismo más rancio.
Al nombrar a Leticia Ramírez como secretaria de Educación Pública, una mujer que había liderado paros, tomas de casetas y plantones de meses, pasó a diseñar las políticas educativas desde el escritorio presidencial. En lugar de fortalecer el estado de derecho, AMLO impulsó liberaciones y amnistías para líderes de la CNTE detenidos por daños patrimoniales, evasión fiscal o motines.
Durante su sexenio, la CNTE recibió transferencias millonarias desde gobiernos estatales, sin fiscalización alguna. Se descubrieron desvíos hacia cuentas personales de líderes, casos que la Auditoría Superior de la Federación (ASF) documentó pero que no fueron sancionados. Mientras miles de maestros quedaban fuera por no cumplir requisitos, la CNTE logró la “reincorporación automática” de más de 15,000 profesores que habían sido dados de baja por diversas irregularidades.
Cuando hubo pandemia, la CNTE presionó para cobrar salarios completos sin dar clases virtuales. Al discutirse el Presupuesto 2023, amenazaron con tomar las 32 capitales. En cada ocasión, AMLO ordenó ceder. La lección fue devastadora: la violencia política funciona. Hoy, esa lección se materializa en sabotear el evento deportivo más importante del mundo si no se les otorgan nuevas concesiones. No se trata ya de plazas o sueldos; se trata de mostrar un poder que les permite paralizar al país a voluntad.
Los líderes de la CNTE han bloqueado avenidas en el Centro Histórico, derribado estatuas de futbolistas y quemado playeras oficiales del torneo. El mensaje es tan cínico como efectivo: o se les entrega más poder, o la imagen internacional de México se va al traste. Y el gobierno actual se encuentra atado de manos, porque la estrategia de AMLO no fue desarmar al monstruo, sino alimentarlo.
Más allá de la CNTE, la forma de gobernar de López Obrador creó un caldo de cultivo para el chantaje gremial. La política de “abrazos, no balazos” aplicada al crimen organizado también se aplicó a grupos de presión. El gobierno dejó de usar la ley contra bloqueos, tomas de edificios y extorsiones colectivas. La CNTE lo entendió mejor que nadie: si no hay consecuencias, la protesta violenta es el mejor negocio.
Al debilitar al INE, al INAI y a la Fiscalía, AMLO envió la señal de que las reglas se pueden violar si hay poder político de por medio. La CNTE simplemente copió el modelo: “Nosotros también estamos por encima de la ley”. Al centralizar todas las decisiones en Palacio Nacional, eliminó cualquier mecanismo de contrapeso. Cuando la CNTE bloqueaba casetas en Michoacán o Chiapas, se llamaba al secretario de Gobernación, que siempre llegaba con una concesión bajo el brazo.

AMLO se jactaba de “no usar la fuerza”. Pero lo que hizo fue institucionalizar el chantaje: cada plantón, cada bloqueo, cada incendio de vehículos era respondido con “mesas de diálogo” donde los líderes radicales salían victoriosos. El mensaje fue claro: la violencia es la vía más rápida para que el gobierno te escuche. López Obrador se decía humanista y pacifista. Pero la realidad es que su forma de gobernar fue débil y complaciente frente a los grupos de choque. No impartió justicia; repartió prebendas. Hoy la CNTE es un poder fáctico que decide cuándo se mueve el país y cuándo no.
Mientras el mundo se prepara para festejar el deporte, México tiene secuestrada su propia capital. La CNTE boicotea no porque tenga razón, sino porque aprendió que la violencia funciona y que la impunidad es la regla. Bienvenidos al legado de la Cuarta Transformación: un país donde los más radicales mandan, las leyes se negocian con plantones y el Mundial puede detenerse por unos cuantos encapuchados.
En 2006 la entonces oposición satanizó al gobierno de Oaxaca por haber aplicado la Ley en contra de los líderes del magisterio que obligaban —y obligan—, a los trabajadores de la educación a asistir a marchas y plantones y, sin importarles la educación, dejan las aulas por el tiempo que sea necesario para intentar obtener concesiones excesivas si las contrastamos con las condiciones de trabajo de cualquier otro gremio. Mi gobierno, cumpliendo con su responsabilidad constitucional, hizo valer el estado de derecho para proteger a la niñez oaxaqueña y al pueblo de Oaxaca afectado por el magisterio, manipulado y controlado por sus dirigentes corruptos que al final huyeron del país con los bolsillos llenos de dinero.
La CNTE encontró ahora su oportunidad dorada con el Mundial de Futbol y mantienen como rehén a la Ciudad de México donde Brugada y Sheinbaum les dan el mismo trato que al crimen organizado: no los tocan. Aún más, en lugar de hacer valer la Ley, sin titubeos ni dobleces, Claudia justifica el vandalismo señalando a infiltrados inexistentes, pues desconoce a los sectores más radicales del magisterio cuya forma de actuar ha sido la misma durante décadas.
Haber entregado el poder a la CNTE ha tenido —y tendrá—, un alto costo. Las concesiones que tendrá que hacer Sheinbaum podrían llegar al despropósito de la derogación de la Ley del ISSSTE punto central de las demandas del magisterio agrupado en esa organización sindical.
