Hay discursos que se aplauden por cortesía y hay discursos que incomodan porque dicen lo que muchos prefieren no escuchar. El discurso de Cayetana Álvarez de Toledo en un evento empresarial en México pertenece a la segunda categoría. La diputada española desmontó, en pocos minutos, una de las narrativas favoritas del oficialismo mexicano.

Mientras Claudia Sheinbaum insiste en presentar la soberanía como una lucha permanente contra amenazas de los neoliberales y Estados Unidos, Cayetana planteó una pregunta mucho más incómoda: ¿qué está destruyendo realmente la soberanía de México? Su respuesta fue demoledora: no es el neoliberalismo, ni Estados Unidos, ni España, que tanto le gustan al discurso gubernamental. Son tres enemigos que operan dentro del país: el crimen organizado, el populismo autoritario y la cultura de la dependencia.

La observación golpea directamente el corazón político de la 4T, porque durante años Morena ha utilizado el nacionalismo como ardid de supervivencia política. Cuando hay críticas, se habla de injerencia. Cuando hay cuestionamientos, son ataques de los medios de la derecha contra México. Cuando aparecen investigaciones incómodas, se invoca la defensa de la patria. Pero la realidad es mucho más difícil de manipular.

Para Cayetana, no existe soberanía en territorios donde grupos criminales agrupados en cárteles controlan y mantienen bajo el terror comunidades enteras. Están vivos el Jalisco Nueva Generación, Noreste, Zetas, Sinaloa, (ahora dividido entre Mayitos y Chapitos), Santa Rosa de Lima, Viagras, La Línea, Unión Tepito y Contra Unión, Tren de Aragua, Barrio 18, Mara Salvatrucha, además de una enorme cantidad de subgrupos como Ardillos, Rusos, Tequileros, y un incontable etcétera que siguen surgiendo a ciencia y paciencia de autoridades locales y federales.

No existe soberanía cuando ciudadanos viven bajo amenaza, extorsión o violencia. Hoy exigen pago de piso hasta a puestos de tamales y las carreteras siguen en poder del crimen organizado. No hay soberanía cuando el Estado pierde capacidad para ejercer plenamente su autoridad. Tampoco existe soberanía cuando el poder concentra facultades, debilita contrapesos y convierte instituciones autónomas en extensiones del “movimiento” morenista, mucho menos cuando millones son empujados a depender cada vez más de programas sociales mientras se reduce el espacio para la iniciativa individual, la movilidad social y la autonomía económica.

Por eso el discurso de Cayetana pegó directamente a la línea de flotación de la 4t. Porque no atacó a México. Exhibió las excusas de su gobierno. Mientras el oficialismo sigue buscando culpables en el extranjero y en el pasado, la diputada española puso el dedo en la llaga de los problemas internos que amenazan la libertad de los mexicanos. Y esa diferencia es fundamental.

Una cosa es utilizar la soberanía como bandera política y otra muy distinta es defenderla de verdad. Defenderla implica combatir al crimen organizado donde gobierna de facto, fortalecer instituciones en lugar de subordinarlas, crear ciudadanos libres, no clientelas electorales.

Lo demás es demagogia y propaganda. Por eso el discurso de Cayetana tuvo tanta resonancia. Porque expuso una contradicción evidente: quienes hablan todos los días de soberanía parecen mucho más preocupados por las amenazas externas y los gobernantes del pasado que por los problemas que hoy están erosionando al país desde dentro. La soberanía que describe el gobierno existe en los discursos. La que describió Cayetana existe en la realidad. Y la distancia entre ambas no se puede ocultar.

La muerte de Billy Álvarez y la no presencia de Juan Manuel Briseño, marcaron la Asamblea de la Cooperativa Cruz Azul del pasado 30 de Mayo. La administración de Víctor Velázquez se desmorona. Abusos, malos manejos y excesos de poder están a la vista.

A Víctor Velázquez y su operador jurídico Rafael Anzures les urgía ser ratificados legalmente, porque la titularidad de Velázquez se las regaló Julio Scherer, el Consejero Jurídico de AMLO. Él les entregó los tokens de la Cooperativa, en un intento por privatizarla, después de provocar la caída de Billy Álvarez. El único logro de Velázquez, en la Asamblea, fue ser votado por el 98% de los socios cooperativistas, más por amenazas que por democracia.

¿Entonces no hay diferencias de opinión, cuando una sola familia gobierna la Dirección General, los Tokens, el área Comercial y la Fundación? ¿Y no existen inconformidades por la falta de liquidez de la empresa y la negativa de la banca comercial de darles crédito? Hay un problemón financiero. Tomó más de 8 horas que los socios aprobaran los números. Los gastos legales multimillonarios de Rafael Anzures fueron parte del problema. La sombra de la defraudación fiscal y el lavado de dinero, fue inevitable. La muerte de Billy Álvarez la madrugada del sábado, los tomó por sorpresa.

Mal augurio a la primera ratificación oficial del poder (que no legítimo) de Víctor Velázquez. Una segunda ausencia provocó terror: la de Juan Manuel Briseño. Velázquez y Anzures no tuvieron el valor de quitarle el nombramiento de Director Financiero, ni su estatus de socio cooperativista. ¿Por qué? Briseño dejó por escrito (ya fue publicado) su inconformidad por la compra de 50 millones de dólares de coque de petróleo a la empresa fantasma gringa. Ni deducibles, ni acreditables en IVA. Un mes después, Briseño era denunciado por violación, por tocamientos, a una trabajadora sexual. Sabe demasiado; sabe todo. Y está a semanas de salir de la cárcel, por su propio pie. 90% de las pruebas ya se cayeron y eso confirma que le fabricaron el delito.

 

Plato extra

Pareciera una anécdota de pésimo gusto, pero el tema ya amerita una investigación para identificar responsables del daño económico que han provocado a las arcas de la CDMX las ocurrencias de Clara Brugada y su equipo. Dilapidar millones de pesos en pintar de morado y repintar de amarillo, poner candiles rococó en el Metro, ajolotizar el tren ligero, decorar inútilmente el pavimento o colocar cempasúchil en camellones de Reforma, son el colmo de un derroche impune. Ya basta.