Lo malo de un gobierno en cualquier parte del globo es que al permanecer muchos años en el trono o en la silla de mando —por medios democráticos, o por la fuerza de las armas gracias a un movimiento revolucionario popular o por “disposición divina”, aunque estos últimos se han reducido a su mínima expresión—, se aferran de tal manera al usufructo del poder que sacarlos del mismo se convierte en ímproba tarea. No solo son las dictaduras (sin importar su ideología), sino también los que se reeligen en el cargo, innoblemente utilizando las urnas. Las votaciones supermillonarias tienen sus trucos. El “pueblo sabio y noble” suele equivocarse. En todo caso también origina polarización social, discriminando al que opina diferente, frente al “que pertenece al pueblo”. A veces, un periodo de gobierno es suficiente para catalogarlos, no se diga con dos, tres o cuatro mandatos sucesivos. A la larga, el poder empuerca, dígase lo que se diga. Máxime cuando se utiliza cotidianamente el sambenito de “Por el bien de todos, primero los pobres”, que podría pasar como el propósito eclesial más cristiano de todos, pero que en el fondo sus propagandistas lo enarbolan como bandera en combate que los autoriza a disponer todos los despropósitos por más absurdos que parezcan. Gran discusión.
Hoy por hoy, sobre todo en el Nuevo Mundo y Europa, el populismo —a cara y cruz—, sufren altibajos. Y en el Lejano Oriente no cantan mal las rancheras: China y Viet Nam del Norte, saben de qué se trata. Y Rusia no es mal ejemplo: Vladimir Putin lleva más de 26 años ininterrumpidos al frente del poder. Desde el 31 de diciembre de 1999 asumió el cargo de presidente interino y desde entonces, a la fecha, ha alternado los cargos de presidente y primer ministro, manteniendo el control absoluto del país y desde febrero de 2022 está en guerra con Ucrania.
En el peor de los casos varios de los otrora poderosos líderes populistas están en la cárcel o enjuiciados por distintos delitos, desde sus domicilios, enfrentando condenas, investigaciones o exilios políticos que difícilmente superarán. A últimas fechas, el caso que más revuelo internacional ha ocasionado desde el inicio de año (3 de enero), fue el del “secuestro” ordenado por el no menos tenebroso presidente de Estado Unidos de América, Donald John Trump, de Nicolás Maduro Moros, jefe supremo de la República Bolivariana de Venezuela, a sangre y fuego, por las fuerzas especiales Delta Force, junto con su esposa Cilia Flores que se encontraban en una zona militar de Caracas, salvaguardados por agentes militares cubanos que en su mayoría fueron abatidos, alrededor de 32. El sucesor de Hugo Chávez está preso en una prisión federal de Brooklyn, Nueva York, “acusado por el Departamento de Justicia estadounidense no por delitos contra la democracia, sino por ser, dice el residente de la Casa Blanca, el jefe del Cartel de los Soles, la superbanda criminal calificada como organización terrorista, que entre otras ha inundado a EUA con drogas de todo tipo.
Otro caso es el del ex presidente Rafael Vicente Correa Delgado, populista de izquierda exiliado en Bélgica, condenado a ocho años de cárcel en ausencia, acusado por corrupción. Asimismo, la expresidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, cumple una condena de seis años bajo arresto domiciliario en Buenos Aires por ser mayor de 70 años, acusada de corrupción en contratos púbicos. La viuda del ex presidente Néstor Carlos Kirchner gobernó la tierra de las pampas durante dos mandatos consecutivos, ocho años. Y recientemente, el ex mandatario español socialista, José Luis Rodríguez Zapatero, en proceso de investigación en Madrid en un caso relacionado con operaciones internacionales, vinculado con intereses de Venezuela. La Policía Nacional de España acaba de catear una de las oficinas del ex mandatario en donde encontró una caja fuerte con joyas y relojes de superlujo, así como otros objetos que recibió durante su mandato y en viajes posteriores. También son objeto de investigación las dos hijas del ex líder del Partido Socialista Obrero Español (PSOE).
Aparte de lo que representa cada expediente policiaco de estos personajes, lo sobresaliente es el significado político en los días que corren: una generación de gobernantes que durante varios lustros se presentó como redentora de sus respectivos pueblos ahora queda atrapada por las telarañas de sus propias palabras.
Como desmenuza Antonio Navalón, el periodista de origen valenciano que reside en México desde hace varios años, en su columna Año Cero: “El populismo no solo está cayendo por la fuerza de sus adversarios. Está cayendo porque su promesa original se agotó. Primero prometió justicia y produjo privilegios. Prometió soberanía y terminó dependiendo de redes opacas. Prometió pueblo y construyó élites cerradas. Prometió libertad frente a los poderes tradicionales y terminó concentrado poder, debilitando instituciones y convirtiendo la permanencia en el gobierno en su verdadero proyecto político”. México ya sabe de algo parecido a esto.
“…Durante años, el populismo logró sobrevivir gracias a una narrativa eficaz: dividir el mundo entre pueblo y enemigos del pueblo, entre revolución y reacción; entre patria y traición. Esa retórica le permitió justificar excesos, aplazar resultados, perseguir críticos y convertir cada fracaso propio en culpa ajena”.
Agrega Navalón: “La crisis del populismo es, antes que nada, una crisis de resultados. Allí donde prometió prosperidad, dejó economías debilitadas…y allí donde prometió devolver el poder al pueblo, terminó entregándolo a grupos cada vez más cerrados, más autoritarios y más interesados en su propia supervivencia”…”Y eso es exactamente lo que le ocurre hoy al populismo: ya no lo derrota solo la oposición; lo derrota la realidad”. Y perdió, creo, respeto moral.
“Cuba y Venezuela son ejemplo de ese agotamiento, pero no lo agotan. En Cuba, la épica de 1959 ya no alcanza para justificar la escasez, la falta de libertad y el deterioro cotidiano…El problema cubano no necesita una invasión para explicarse: se explica en la vida diaria, en la falta de comida, energía, combustible, movilidad y normalidad”.
Ese es el punto central. Vivir de la caridad internacional, por más tradición humanitaria que haya en el mundo, que no la hay, desgraciadamente, no es vida. Ni es humanismo. Son cuentos de hadas madrinas, aunque sean presidentas.
En esta coyuntura, el repentista presidente de EUA, Donald Trump, que aprovecha cualquier clavo para colgar sus errores y distraer la atención de sus conciudadanos sobre los graves problemas que su gobierno le ha provocado a la sociedad estadounidense, redirigió su torva mirada sobre la desfallecida isla de Cuba, que desde 1959 ha vivido bajo el régimen que erigió la Revolución Cubana liderada por Fidel Castro Ruz. Guste o no, desde ese momento Cuba fue ejemplo para todos los países hispanoamericanos y del mundo contra el embate del coloso del Norte, Estado Unidos de América (EUA). Sesentaisiete años más tarde, aquel triunfo no da para más, y el magnate pretende ser el sepulturero de la gesta cubana. Sin importarle los medios a los que tenga que recurrir para lograrlo. No pudo hacerse del Premio Nobel de la Paz que le fue otorgado en 2025 a la opositora venezolana María Corina Machado Parisca, aunque ésta en un gesto inusitado le regalara a Trump la medalla del preciado galardón. En uno de esos “golpes en la vida, tan fuertes…¡Yo no sé! Golpes como del odio de Dios”, como dice el gran poema de César Vallejo, Los heraldos negros, a lo mejor el magnate se convierte en el verdugo de La Habana, como lo ha anunciado en tantas ocasiones. ¡Ojalá y no! Pero…
Sea como sea, lo cierto es que la tensión entre EUA y Cuba subió a uno de sus puntos más delicados de los últimos años una vez que Todd Wallace Blanche, procurador interino de Justicia de la administración Trump formalizó el miércoles 20 del mes en curso, una orden de captura por cargos criminales contra el ex presidente cubano Raúl Castro Ruz —hermano menor del comandante Fidel Castro—, acusándolo del asesinato de cuatro ciudadanos estadounidenses, casi 30 años después —el 2 de febrero de 1996– del derribo de dos aviones del grupo de exiliados cubano-americanos Hermanos al Rescate en aguas internacionales.
A su vez, Marco Rubio, hijo de padres cubanos exiliados en EUA (Marco y Oriales Rubio), actual secretario de Estado en la administración de Trump, endureció el tono de la acusación al referirse al exmandatario y guerrillero de Sierra Maestra, como un “fugitivo” y evitó precisar si la Unión Americana contempla medidas especiales para efectuar una eventual captura en la isla, semejante a la que se dio en Caracas contra Nicolás Maduro y esposa.
En una rueda de prensa en la torre de la libertad en Miami, Florida, símbolo del exilio cubano, Todd Blanche, el procurador en funciones de Trump, señaló: “Según se alega en la acusación formal, Raúl Castro y cinco coacusados participaron en una conspiración que terminó con aviones militares cubanos disparando misiles contra esas aeronaves civiles y matando a cuatro estadounidenses. Esas son las acusaciones presentadas por un gran jurado federal”. Blanche agregó que esto no era un show y que se había emitido la orden de captura de los acusados. Además, dijo que el “presidente Trump está comprometido a restaurar un principio muy simple pero importante: si matas estadounidenses, te perseguiremos, no importa quién seas, no importa que título tengas y no importa cuánto tiempo haya pasado”. En fin, el propio procurador enfatizó que el hermano de Fidel comparecerá ante la justicia “por su propia voluntad u otra forma”.
Los muertos fueron Carlos Costa, Armando Alejandro y Mario Manuel de la Peña, ciudadanos americanos, así como Pablo Morales, residente legal en EUA, a quien se le otorgó la ciudadanía de manera póstuma. La Fiscalía sostiene que Raúl Castro, a la sazón ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, ordenó directamente la operación militar que terminó con el ataque. La acusación también involucra a otros cinco militares cubanos.
Horas más tarde, desde la Casa Blanca, Trump reforzó el anuncio del Departamento de Justicia. Cuando se le interrogó sobre la posibilidad de una escalada directa contra Cuba, el presidente descartó una acción inmediata, aunque dejó abierta la posibilidad a nuevas medidas de presión. “No habrá una escalada. No creo que sea necesario. Ese lugar se cae a pedazos. Ellos perdieron el control”. También dijo que ese día era muy grande e importante, al considerar que la acusación representa una respuesta histórica al reclamo del exilio cubano-estadounidense de Florida, un bloque político clave para su administración.
Por su parte, como parte de la campaña de Trump contra el gobierno de Cuba, el Secretario de Estado, Marco Rubio, difundió un video en español dirigido a la sociedad cubana en el que ofreció una relación renovada con Washington, al margen del actual sistema político de la isla. De paso, acusó al conglomerado empresarial estatal en Cuba, Grupo de Administración Empresarial, S.A. (GAESA), controlado directamente por las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y cuya administración no rinde cuentas a nadie excepto al alto mando militar. “Mientras la población enfrenta precariedad extrema —agregó—, ustedes sufren. Quienes controlan su país acumulan miles de millones de dólares. Todo pasa por sus manos”. Además, ofreció100 millones de dólares en alimentos y medicina, que serian distribuidos por la Iglesia Católica y otras organizaciones de confianza.
Como repuesta inmediata —además de una concentración masiva de apoyo a Raúl Castro en La Habana y otras ciudades isleñas—, el presidente Miguel Díaz- Canel, calificó la acusación contra el hermano de Fidel, como “una acción política, sin ningún basamento jurídico” y aseguró que lo que busca alimentar un expediente propagandístico destinado a justificar una agresión militar.
Y afirmó que la decisión estadounidense pone en claro “la soberbia y la frustración de Washington ante la resistencia política de la Revolución Cubana”. Díaz-Canel defendió la actuación militar de 1996 y aseguró que se produjo en legítima defensa frente a reiteradas provocaciones. “EUA miente y manipula los sucesos de 1996. Sabe bien, porque sobran evidencias documentales, que no se actuó de manera imprudente ni se violó el derecho internacional, como si vienen haciendo fuerzas militares estadounidenses con sus fríamente calculadas y abiertamente publicitadas ejecuciones extrajudiciales sobre embarcaciones civiles en el Caribe y el Pacífico”.
Por último, un grupo de senadores demócratas encabezados por el senador Timothy (Tim) Michael Kaine, de Virginia, presentó una resolución para impedir que el presidente Trump utilice el Ejército contra Cuba. VALE.
