Hablar de mi padre es hacerlo de la poesía porque los efluvios líricos asoman y construyen palabras, para dotarles de una voz, si, la del alma. En el cuaderno de poemas, Lluvia de palabras, se plasman los versos del profesor Teodoro Barajas Jiménez, supe que era un poeta desde mi primera infancia porque lo veía escribir en su escritorio de la casa familiar. Pasaron los años, la tinta recogió ideas, emociones y pudo así compartir lo que la inspiración le dictaba.
No hay un solo día en que no esté presente en quienes fuimos y somos su familia, porque los recuerdos son infinitos, gratos y motivantes, además de vagar por el corazón que registró, en la bruma y la llovizna de la nostalgia desde donde emergen palabras de amor y sueños.
Tuvimos la oportunidad de participar en diversos recitales poéticos en Paracho, hace ya algunos años, el pueblo de guitarras y donde se escribiría la primera letra del alfabeto en la historia del profesor Teodoro Barajas Jiménez, todo ello está presente porque son vivencias que el olvido no petrificó.
El sábado 20 de junio se presentó el citado poemario en el que se registran algunos versos póstumos, lo que de alguna manera podríamos decir que permanecieron en el tintero y ahora están publicados, gracias a José Luis Rodríguez Ávalos y al Colectivo Artístico de Morelia por su promoción del arte y la cultura, para la impresión del cuaderno poético.
Agradezco también al actor y director teatral Juan Carlos Arvide, por su generosa participación para que en el foro conocido como La Casona del Teatro abriera el telón para presentar Lluvia de palabras.
Siempre habrá motivos para escribir poesía, como lo apuntara el gran Gustavo Adolfo Bécquer, porque la vida muestra imágenes, símbolos y sentimientos que unidos provocan que la mente se conecte con las manos y deslice la pluma para darle forma al sentir que se vuelve lírica.
En algún sitio del universo estará mi padre, así lo estimo, para que con su venia compartamos ahora algo de lo que escribió para dar fe de su propio ecosistema sentimental para unir letras y expresar, desde muy dentro suyo, su propio cantar en forma de versos, estrofas con la materia prima que es la palabra.
Hace ya algunos años, en el gobierno del estado, mientras al frente de la Secretaría de Cultura el titular fue el maestro Marco Antonio Aguilar Cortés, en 2015, se publicó un libro intitulado Tesoros vivos de Michoacán, se trató de un homenaje a muchos artistas de la entidad y se profundizó en sus legados en diferentes áreas de las artes, ahí figuró también el profesor Teodoro Barajas Jiménez para resaltar sus letras y su denso trabajo en la promoción cultural.
Actualmente es necesario promover la creatividad de tanta gente que suele aportar en tiempos tan complejos como los actuales, reconocer a quienes apuestan por una cultura de vida y no de muerte, muchas personas desde su trinchera hacen gala de su vocación para reconstruir el tejido social tan ajado por los renglones torcidos de la violencia. La poesía también existe.
