Las exigencias de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) son de llamar la atención; el comportamiento de sus agremiados, que llega a los límites de lo penal, es el mismo de siempre; ante sus desmanes, la pasividad de las autoridades, tanto federales como locales, raya en negligencia y hasta complicidad criminal. Sobre esos temas, mucho es incomprensible y todo sospechoso, muy sospechoso.

De inicio, a la vista de quienes tienen ojos para ver y sobre todo los de las autoridades, si hubiera un estado de Derecho y los servidores públicos asumieran las responsabilidades que por ley tienen asignadas, algunos miembros de la CNTE, debieran ser acusados de desobediencia y resistencia de particulares, asociación delictuosa, ataques a las vías generales de comunicación y amenazas, aparte de otros delitos. Están a la vista los daños causados por ellos a las casetas de las autopistas que comunican a la Ciudad de México con las entidades federativas. Que yo sepa, nadie fue detenido. Los responsables actuaron impunemente.

Hubo una ocupación indebida de varias calles importantes de la Ciudad de México, y ninguna autoridad intervino para hacer respetar el derecho al libre tránsito y la libertad de comercio. Nadie hizo nada. Por componendas políticas y arreglos en lo oscurito, se optó por tolerarlas.

En el caso de la CNTE, sabiendo la connivencia que existe entre ellos y Morena, muy pocos, pidieron el desalojo violento de los campamentos y la consignación penal de los responsables de ellos. De muchos es sabido que AMLO y sus seguidores utilizaron a la CNTE para llegar al poder y, una vez que lo alcanzaron, la utilizaron para neutralizar brotes de inconformidad política que provocaban elementos ajenos a Morena. Esa circunstancia pudiera explicar la pasividad de la autoridad y el activismo irresponsable de los profesores integrantes de esa organización magisterial.

Siendo la CNTE parte de Morena, el activismo de los miembros de ella en el momento menos oportuno para el gobierno de la señora Sheinbaum, en el fondo, pudiera implicar la existencia de un enfrentamiento político mayor: un conflicto de autoridad entre AMLO y su gente, por un lado y la señora presidenta y sus subordinados, por el otro.

La presidenta y su equipo, considerándose titulares del Poder público, pretendieron ejercerlo y hacerlo más allá de lo aceptable para AMLO, su familia y sus cómplices. Estos, consideraron que los nuevos titulares formales del poder estaban actuando más allá de lo aceptable o pactado y, por medio de la CNTE, están haciéndoles saber quién manda y a quién le deben todo lo que son.

La actuación de la CNTE tiene un mensaje de AMLO: Claudia, estás yendo más allá de lo pactado. No oigas malos consejos de alguno de los miembros de tu gabinete; tampoco atiendas peticiones de las autoridades de los Estados Unidos de América; no te pases de lista. El Poder, las instituciones públicas e, incluso, el Estado, me pertenecen.

La otra posibilidad es que el caso de Rocha Moya, el operativo de Chihuahua, el retiro de las visas a algunos gobernadores y empleados morenistas y la derrota en las elecciones del estado de Chihuahua, estaban llamando demasiado la atención del electorado. Había que inventar un distractor. Nada mejor y oportuno que el activismo de la CNTE. Muchos volvieron los ojos hacía éstos y sus desmanes.

Los miembros de la CNTE, sabedores del pacto, como parte de Morena que son y reconociendo su dependencia de AMLO, están actuando, en la medida en que es útil a éste; nos dicen a todos: somos portadores de un mensaje: recuerden quien manda está y despacha en Palenque; a ella: no te excedas ni te pases de lista; al gabinete: limítense a actuar de tal manera que pasen desapercibidos. En este contexto, hay que reconocer que nadie, excepto AMLO, tiene existencia política por sí.

La CNTE recibirá la orden de retirarse en el momento en que los mensajes anteriores lleguen a sus destinatarios y se logre el sometimiento de los destinatarios. Los miembros de ella, hagan lo que hagan, no serán reprimidos. Vienen a la segura; se irán cuando convenga a quien los manda; y cuando él se los permita.

Sabiendo que en el pasado la disidencia magisterial fue utilizada políticamente por AMLO, no es de descartar que en la actualidad sus acciones no sean del todo auténticas, sino que estén dirigidas a diferentes fines: debilitar al gobierno de la señora Sheinbaum y crearle problemas con vista a que ella se vea obligada a pedirle su apoyo. Todo es factible, menos que la acción de los miembros de la CNTE sea auténtica o espontánea.

AMLO, el primero de octubre de 2024, ante la vista de todos, se limitó a entregar a la señora Sheinbaum la banda presidencial, pero no el Poder; por un acto soberano se lo reservó y, cuando es puesta en dudas su autoridad, por ejemplo: se duda si se entrega a no a Rocha Moya y a sus secuaces a las autoridades norteamericanas, es cuando sale a relucir su dominio e influencia; es entonces cuando se ve quién manda y quién obedece.

El pelelismo de los tiempos de Plutarco Elías Calles ha vuelto. Estamos frente a un fenómeno de bipolaridad del Poder, que el grueso de los mexicanos nunca había vivido.

En el momento en que los actos de violencia que se observan dejen de ser útiles o que los miembros de la CNTE pretendan realizar un juego propio o se tema que su acción se salga de control, es entonces cuando pusiera ser previsible que se proceda a reprimir a sus miembros y a los demás grupos violentos que han venido actuando. En ese momento, una sociedad poco informada, pudiera aprobar y aún aplaudir, la violencia que la autoridad ejerza sobre los disidentes.

Las anteriores pudieran ser la explicación a la pasividad de las autoridades federales ante el vandalismo de los miembros de la CNTE.

Así ha sido el Poder y, al parecer, así seguirá siendo.

El autor es catedrático Universidad Autónoma Metropolitana.