Insisto: en la actual administración pública federal algo o mucho anda mal. Al parecer es grave y, además, generalizado. Los hechos lo indican; hasta lo gritan. Algunos señalan los problemas y apuntan soluciones. Estas líneas se reducen a algo muy simple, es una modesta sugerencia: que la presidenta asuma el cargo o que tenga el valor de renunciar. Hago referencia a algunos hechos indicativos del desgobierno en que vivimos.

Lo del ingeniero Víctor Rodríguez Padilla, ex director de PEMEX y posteriormente director del Instituto Nacional de Electricidad y Energías Limpias, INEEL, es un caso que salió del control de la señora Sheinbaum; al parecer, ella, al saber de su agresividad, no tuvo el valor de destituirlo; se limitó a darle nuevo cargo. El que, supuestamente, se haya confiado a un especialista destacado una posición secundaria, fue visto con suspicacia y hasta con desconfianza. Algo indicaba que la presidenta, al saber de la violencia familiar atribuible a su subordinado, trató de encubrirlo y esperar a que con eso se calmaran las cosas. 

Víctor Rodríguez Padilla

Víctor Rodríguez Padilla

La esposa agredida, al ver que su marido no había sido cesado, como lo merecía, sino que había recibido un premio de consolación, al que no tenía derecho; o, al ver que su eventual acusación o denuncia no avanzaba, posiblemente por la protección presidencial, decidió hacer público el video en el que aparece siendo golpeada. 

También existe la posibilidad de que la señora María Felicia Jiménez, al saber que su marido había sido obligado a renunciar al cargo en PEMEX por una indiscreción de ella, volvió a ser objeto de otro acto violencia y con mayor intensidad de parte de su marido y ella, para evitar se repitieran las dosis de golpes, hizo público el video en el que aparece siendo golpeada. 

Los hechos indican que alguien trató de encubrir y hasta proteger al agresor y nadie, que no sea la presidenta de la República, tenía poder para hacerlo. Al parecer hubo aliento presidencial en el encubrimiento y en la inacción del ministerio público, que supuestamente es autónomo.

Lo de Cuauhtémoc Blanco huele a lo mismo: encubrimiento, que llega a complicidad. Es otro caso más de violencia cuya averiguación y consignación no camina y, como van las cosas, no caminará. La inacción del ministerio público hace sospechar que la protección al ex gobernador proviene de muy arriba. Pudiera no ser cierto.

La fiscal general de la Nación no procede en contra de Rubén Rocha Moya y sus socios ni, al parecer, busca elementos para proceder en su contra. Para bajarle presión a la insistencia norteamericana de que le sean entregados, no ha abierto una investigación. Para quitarle golpes a su jefa no ha afirmado que está investigando a Rocha y socios y que los ha llamado a declarar como posibles imputados. De lo que ha trascendido, tampoco se ha allegado pruebas para ejercer la acción penal. La fiscalía no le cubre la espalda a doña Claudia ni le quita golpes. 

La entrega de Rubén Rocha Moya y de sus cómplices se le está complicando innecesariamente a doña Claudia. En el caso, la dilación hace sospechar que, aparte de los particulares temores de AMLO respecto de lo que pudieran decir él y sus socios en los procesos que se les sigan los Estados Unidos de América, también ella teme que algo salga respecto de la suya o de la elección en la que resultó ganadora.  

Un ejemplo más: no hace acto de presencia en la fiesta de todos los mexicanos: la que está teniendo lugar en los estadios de fútbol. No fue suficiente con que, en privado o en auditorios controlados, se pusiera la camiseta verde y echara porras a los jugadores mexicanos. Teme a los auditorios que están fuera del control de sus allegados. 

A ella, en algún momento, le va a caer el veinte de que más debe preocuparse por salvarse ella, sin importarle el destino de los tabasqueños; de otra manera, se hundirán junto con su equipo; si es que lo tiene.

El signo distintivo de la actual administración es la inacción y el descontrol; nadie hace nada; no hay autoridad. Esa es la impresión general.

Como tengo algunas nociones, generales, si se quiere, del derecho constitucional, una pregunta que se me hace frecuentemente es: ¿cuál sería el mejor momento para que salga CSP? También me piden escenarios posibles. Me limito a dar opiniones referidas al aspecto jurídico, no sin advertir a mis interlocutores que la renuncia de la presidenta es una materia más de índole política que jurídica: ¿quién gana y quién pierde?, si lo hace o no. 

Les pregunto: de renunciar la presidenta antes del 30 de septiembre de este año, ¿la oposición tendría candidato capaz de ganar una elección?; les hago notar: los resultados de los comicios dependerían de una eventual intervención que tengan autoridades de los EUA en el proceso electoral, a través de filtrar información respecto de un eventual candidato de Morena; esta posibilidad estaría fuera de control de la oposición, dependería de un tercero y no de ellos. 

No es aconsejable emprender una empresa en la que el resultado no depende de quien la intenta. Para el caso de que, en una elección extraordinaria, resulte ganador un candidato de Morena y sus aliados, ello significaría un voto de confianza a favor de ésta, afianzaría su posición como partido gobernante e incidiría en perjuicio de la oposición.

A quienes me consultan, les hago notar que la otra posibilidad es que la presidenta renuncie a partir de octubre próximo. En este supuesto Morena, que tiene el control del Congreso de la Unión, designaría de entre los suyos al presidente sustituto que concluya el sexenio. El gran elector sería el nuevo jefe máximo: AMLO; lo que confirmaría su autoridad, pero la oposición no enfrentaría un eventual fracaso en las urnas. Esos son los hechos.

Maquiavelo cita unas palabras que pronunció el pretor Annio: “Me parece importante para nuestros intereses que penséis antes en lo que vamos a hacer que en lo que vamos a decir. Será fácil, una vez establecido nuestro propósito, acomodar las palabras a las cosas” (Discursos, II, 15). Ello es absolutamente cierto: en este mundo es más importante saber que hacer, qué que decir; una vez tomada una determinación es más fácil acomodar las palabras a los hechos, que los hechos a las palabras. 

En México sobra indecisión y falta autoridad. 

El autor es catedrático Universidad Autónoma Metropolitana.