A pesar de los recurrentes cuestionamientos sobre conflictos de interés, concentración de funciones y favorecimiento a un circuito cerrado de allegados dentro de la Compañía Nacional de Ópera (CNO) —publicados en este mismo espacio en marzo pasado—, las dinámicas operativas de su titular, el argentino Marcelo Lombardero no sufrieron variaciones sustanciales. Tras la previsible fractura de su relación con las autoridades del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), la gestión del regista sudamericano llegará formalmente a su fin este 31 de julio de 2026, dejando a la principal agrupación lírica del país acéfala y en incertidumbre a mitad de temporada.

Con una remuneración asignada de 81 mil 200 pesos mensuales como director artístico de la Ópera de Bellas Artes (OBA) —de acuerdo con los registros de la Plataforma Nacional de Transparencia para ese cargo en 2023—, la gestión de Lombardero se caracterizó por la constante autoprogramación como director de escena. Muestra de ello fue el inicio de la temporada en marzo de este año con Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny, de Kurt Weill: un montaje de su propia autoría presentado con anterioridad en escenarios de Argentina (2017) y Colombia (2018), que contó en los rubros de vestuario y escenografía con la participación de su esposa, Luciana Gutman, y de su colaborador habitual, Diego Siliano.

Fuentes internas señalan que Lombardero presentó su renuncia el pasado mes de junio —situación que la dirección general del INBAL, encabezada por Alejandra de la Paz Nájera, ha mantenido en reserva durante el periodo vacacional de la compañía—, aludiendo diferencias con los directivos de la institución y presuntos recortes presupuestales. No obstante, la fecha de efectividad del trámite se fijó para el último día de julio, permitiendo al funcionario el cobro de sus honorarios hasta el término formal del mes.

La crisis operativa de la ópera oficial en México queda al desnudo en el calendario de actividades: tras la conclusión de Werther de Massenet a inicios de junio, el Palacio de Bellas Artes no volverá a escenificar un título operístico sino hasta mediados de octubre con Tosca de Puccini. El prolongado vacío solo se interrumpirá en septiembre por un concierto sinfónico a cargo de la Orquesta del Teatro de Bellas Artes; una programación improvisada que duplica funciones en un recinto que alberga como agrupación residente a la Orquesta Sinfónica Nacional que se encarga de ese tipo de repertorio.

Estas frecuentes y extensas pausas en la actividad de la CNO —que históricamente mantiene un promedio de apenas cinco títulos anuales— facilitaron las constantes ausencias de Lombardero para atender sus compromisos profesionales fuera del país. Ejemplo de ello fue su estadía en Italia para dirigir Napoli Milionaria de Rota en el Teatro Comunale de Bolonia en las mismas fechas en que se presentaba Werther en México. Su ausencia fue evidente tanto en la conferencia de prensa como en las funciones, recayendo la representación oficial en la subdirectora Lilia María Maldonado García. Como en otras ocasiones, en que hubo protestas y cambios de directores de orquesta de último momento o la no participación del grupo musical en otra actividad lírica programada, bajo el argumento del pesado tránsito durante la Copa Mundial de Futbol en el Centro Capitalino, el traspaso de responsabilidades de la compañía reflejó severos vacíos institucionales, como el anuncio erróneo de Maldonado García (consignado por diversos medios impresos y digitales) de que la producción significaba el debut de Ramón Vargas en el rol titular, ignorando la trayectoria previa del tenor mexicano con dicho personaje dentro de la misma compañía, en teatros internacionales y en registros discográficos.

A los señalamientos sobre las interacciones ríspidas de Maldonado García con miembros subalternos en las oficinas de Bellas Artes, como de la crítica periodística en redes sociales, se suman otros cuestionamientos éticos en la asignación de roles. La mezzosoprano Cassandra Zoé Velasco, coordinadora artística del Estudio de la Ópera de Bellas Artes (EOBA) —instancia dirigida también por Lombardero—, fue programada en el papel femenino principal de Werther. Paralelo a ello, se dio el impulso para la contratación de la soprano coreana Sory Kim, pupila del tenor Vargas, quien fue integrada a presentaciones en Monterrey, León y la propia capital.

Lombardero concluye su periodo al frente de la CNO sin haber transformado estructuralmente el modelo de trabajo de la compañía, pero habiendo consolidado redes de colaboración personal que se extienden a otros escenarios del país. Recientemente dirigió la ópera Fidelio, de Ludwig van Beethoven, en las ciudades de Monterrey y León —donde participaron nuevamente Ramón Vargas y Sory Kim—, en una coproducción entre las autoridades culturales de Nuevo León y Guanajuato que dispuso de un presupuesto de 6 millones de pesos. Dicha gestión contó con la mediación de Ricardo Marcos González, funcionario vinculado a la administración cultural de Nuevo León desde el periodo de Jaime Rodríguez Calderón El Bronco.

Para este montaje de Fidelio, Lombardero figuró como director de escena, contando otra vez con el diseño de vestuario de Luciana Gutman y la participación del bajo argentino Hernán Iturralde, invitado recurrente en Bellas Artes. Durante su gestión en la CNO, la presencia de artistas cercanos a su círculo fue constante en escenarios bajo su influencia, desde la soprano Oriana Favaro y el ensamble argentino Orion 415, en el Festival Cultura UNAM, hasta la soprano Nicola Beller Carbone —quien tras cantar en Un re in ascolto la temporada pasada, dirigirá escénicamente esta temporada las óperas La señora en su balcón y Cavalleria rusticana, además de presentarse en el Festival Internacional Cervantino— además del director Stefan Lano, programado para concertar Tosca en octubre (en Bellas Artes como en el Festival Cervantino). La inercia de sus contrataciones y legados continuará reflejándose en la cartelera nacional, cerrando oportunidades a creadores, directores y artistas mexicanos en su propio país.

Cabe preguntar a los responsables de las instancias que contrataron o albergaron sus proyectos —como la asociación civil  Pro-Ópera presidida por José Luis Barros, la Dirección de Música de la UNAM a cargo de José Julio Díaz Infante, la dirección del Festival Internacional Cervantino encabezada por Romain Greco, así como las autoridades de Conarte en Nuevo León y del Teatro del Bicentenario en León— sobre la estricta verificación de la documentación fiscal y migratoria requerida a colaboradores extranjeros para realizar actividades remuneradas en el país. Considerando además que dichas actividades las llevó a cabo Marcelo Lombardero, mientras estaba contratado exclusivamente para realizar sus labores de director artístico de la compañía nacional de ópera de Bellas Artes.

El debate de fondo sobre el modelo de gestión cultural y la dependencia de redes externas de nuestro entorno musical fue sintetizado recientemente por el titular de la Orquesta Sinfónica Nacional, el director Ludwig Carrasco, al reflexionar en un post fijado en su Facebook el pasado 2 de junio:

“Muchos quieren hacer negocio con el dinero local, pero pocos tienen el interés de construir verdaderos puentes culturales (colonialismo, le llaman algunos…) ¿No ven que el medio artístico está tan fragmentado por los egos personales que eso solo propicia el oportunismo, el amiguismo y el compadrazgo? (…) Ante este panorama, ¿no debería ser normal intentar crear plataformas, oportunidades y un ecosistema autosuficiente que proporcione trabajo digno y significativo a nuestros artistas? ¿No convendría invertir más en nuestro entorno que en intentar/pretender ser un pseudoestado (musical) imaginariamente situado entre Alemania y Austria, cuando estamos a casi 10,000 kilómetros de distancia y vivimos en una realidad social y económica completamente distinta?”

Son interrogantes que, tras el cierre de este ciclo en la Compañía Nacional de Ópera, exigen respuestas urgentes desde la ética pública, la transparencia institucional y el compromiso irrestricto con la comunidad artística nacional.