La clausura del Mundial de futbol fue un gran espectáculo, como todos los organizados en Estados Unidos, contó con la presencia de los dignatarios de los tres países anfitriones de este torneo, pero también asistieron distinguidas personalidades como el rey de España que junto con su familia estuvieron presentes para ver triunfar a su equipo y ganar la Copa Mundial de la FIFA.

Finalmente nuestra Presidente se dignó a asistir al último partido al aceptar la invitación del presidente de Estados Unidos y de Gianni Infantino presidente de la FIFA, pero lamentablemente no asistió al partido inaugural en el que jugó la selección mexicana en el Estadio de la Ciudad de México que todos conocemos como el Estadio Azteca, en donde su lugar en el palco lo ocupó la actriz Salma Hayek, justificando  para ello  razones de carácter populista, haciendo referencia al selecto público elitista que acudiría al estadio.

Al llegar a Nueva York fue recibida por un grupo de mexicanos residentes allá que habían sido convocados por el consulado de México en esa ciudad, pero en los corrillos de las redes sociales se menciona que también fue recibida en el hotel que se hospedó por 2 oficiales de las agencias norteamericanas para negociar diversas peticiones y advertencias.

En su corta visita al vecino país, la presidente tuvo un trato cordial frente al público  por parte de Donald Trump, en privado seguramente que intercambiaron comentarios y puntos de vista sobre los temas de interés para las dos naciones, sobre la seguridad y el combate a los grupos delincuenciales, los acuerdos del T-MEC.

La relación bilateral con los Estados Unidos, desde siempre ha sido difícil, complicada, ardua, cuesta arriba, en muchas ocasiones desde posiciones de debilidad que en no pocas veces en el pasado, conseguíamos equilibrar con base en la fortaleza que nos daba el respeto obtenido en los Organismos multilaterales. El respeto a México de la comunidad internacional, obedecíó a una diplomacia fincada en valores y principios, mismo que en las últimas dos décadas, fuimos abandonando por un opaco pragmatismo que hoy, nos tiene a merced de la Casa Blanca.

Desde el lado de la Justicia, en los Estados Unidos al hacerse pública la condena a cadena perpetua de Ismael Zambada “El Mayo”, el titular del Departamento de Justicia estadounidense y el de  la DEA declararon una lucha frontal contra el “narcogobierno”. Esta condena  al haberse declarado culpable de los cargos y reconocer sus acuerdos con los diferentes gobiernos en México, prueba que existe una conexión estrecha entre el crimen organizado y algunos gobiernos en nuestro país. Las autoridades advirtieron que irán tras las redes de políticos y funcionarios corruptos en México que protegen a los Cárteles de la droga, y anunciaron que el combate se enfocará en desmantelar las redes de corrupción institucional que han operado durante los más de 50 años de historia del cártel de Sinaloa.

Desde el lado de la política hemisférica contra los países que se dicen de izquierda, el Secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio anunció el combate frontal contra esos gobiernos al declarar:

“La violencia de la izquierda no es una “protesta”. Es una revuelta de lo peor contra lo mejor. Es la pataleta de los débiles, los mediocres y los cobardes contra los fuertes, los capaces y los buenos. Son aquellos que no saben construir, crear ni lograr nada grande… y por eso deciden vengarse del mundo destruyendo lo que otros levantaron con esfuerzo, talento y visión”.

“Eso es el izquierdismo radical en su esencia más pura. Es resentimiento venenoso disfrazado de “justicia social”. Es envidia podrida maquillada de “igualdad”. Es odio a la excelencia envuelto en banderas de “liberación”. Su único talento es destruir. Su única alegría es ensuciar lo hermoso. Su único objetivo es arrastrar todo hacia abajo para que nadie brille más que su propia mediocridad”…

“Y ya estamos hartos. La civilización no se defiende pidiendo perdón. Se defiende nombrando al enemigo por su nombre”.

Estos mensajes son muy claros para quien los quiera escuchar, pero por lo pronto debemos estar atentos a los próximos acontecimientos en la relación entre nuestras dos naciones para buscar un futuro de entendimiento, armonía y paz.

Ante tales nubarrones en la relación binacional, se presagia una tormenta que podría convertirse en huracán si la relación es mal conducida o si la presidente de México se empecina en envolverse en la bandera y tirarse al vacío, porque no caerá sola ya que arrastrará a los millones de mexicanos que pretendemos vivir en paz y de manera honesta.