Adormecidos, cuasinarcotizados por el apabullante mensaje de “las mañaneras” presidenciales utilizado como mecanismo fundamental para gobernar, estamos asistiendo al funeral de la república libre, democrática y constitucional, abriendo paso franco al establecimiento y consolidación de un gobierno autoritario (en vías de derivar en uno plenamente totalitario) que con una velocidad impresionante va ahogando nuestras libertades elementales como ciudadanos.

La tan difundida detención de Ernesto Ruffo en Ensenada, Baja California, en medio del escandaloso caso de la gobernadora morenista del estado –la cual hoy debería estar siendo procesada penalmente- revela que el régimen actual ya está procediendo sin recato alguno. No le importan las críticas de quienes le cuestionan por qué no ha actuado contra Rocha Moya, de Sinaloa, o Marina del Pilar, de la misma Baja California, o contra los huachicoleros Mario Delgado o Adán Augusto López y muchos más. Les vale.

Actúan como cualquiera dictadura insensible. Para ellos la ley no tiene valor. Y si les estorba, deciden ignorarla o buscan modificarla a su gusto. No fue gratuito el reciente episodio en que la presidenta ordena a un funcionario de Quintana Roo faltar a la ley; una reedición de aquel desafortunado “no me vengan con ese cuento de que la ley es la ley” de López Obrador.

Confieso que desconozco si las acusaciones contra Ruffo tienen o no sustento. Pero de lo que sí estoy seguro es de que estamos ante un acto propio de las dictaduras militares, sin militares formalmente al frente del gobierno, aunque con un enorme y creciente peso en diversas decisiones, ajenas a lo militar, en la vida nacional, para mantenerlos leales a cualesquiera decisión presidencial.

Por eso lo más preocupante en el caso de la detención de Ruffo es que pareciera que estamos rebasando (o ya hemos rebasado) el límite entre lo que pudiéramos calificar como una simple y aislada actuación autoritaria del gobierno y una decisión que podríamos considerar como sistémica, ya abiertamente autoritaria, totalitaria, propia de un régimen policiaco.

Por eso mismo, me sorprende que en esta situación de emergencia el PAN no salga de su inercia burocrática para no sólo condenar en redes y mediante posicionamientos la detención de Ruffo, su primer gobernador y el único de oposición en 1989, sino también para llamar a toda la oposición actual a cerrar filas para enfrentar a Morena de cara al 2027.

Me duele decir que huele a traición que Jorge Romero, presidente nacional del PAN, siga declarando que el próximo año irán solos a las elecciones intermedias. Me recuerda al violinista del Titanic. México sigue hundiéndose y él como si nada.

Los números de las pasadas elecciones y las múltiples encuestas sobre las elecciones del próximo 2027 no engañan. Las alianzas son una necesidad para enfrentar a Morena, que está buscando desaforadamente coaligarse con el PT y el PVEM, porque ellos sí saben el valor de las alianzas para ganar. Si los partidos opositores van divididos, Morena ganará aún en estados ya en evidente estado de descomposición política, social y económica, como Michoacán, Sinaloa, Zacatecas, Sonora y varios más.

La conformación de un bloque opositor es un imperativo, un acto de responsabilidad con el país. Téngase en cuenta que si en el 2027 el obradorismo mantiene la mayoría calificada tendrá la posibilidad de seguir modificando la Constitución a su modo, inclusive para eliminar la prohibición de la reelección presidencial en el 2027. Dicho de otra manera: sin un 2027 en que se democratice al país, quizá ya no tengamos un 2030 con elecciones más o menos libres. Veamos el caso de Nicaragua, que en voz de Daniel Ortega anunció recientemente que ya no habrá elecciones para evitar que la oposición pueda llegar al gobierno.

Reconozco que Alejandro Moreno, presidente nacional del PRI, es el único que ha defendido abiertamente la necesidad de construir desde ya un amplio frente opositor, político y ciudadano, y que ha venido trabajando en ello.

Dudo que MC reaccione positivamente a este llamado nacional que debemos empezar a aterrizarlo con urgencia. Ojalá y los dirigentes regionales naranjas presionen a su inamovible dirigencia nacional. Igual espero suceda con el blanquiazul.

Como sucedió con la actuación de la selección nacional de fútbol que tanto nos entusiasmó y nos unió, ahora el llamado es a unirnos para salvar a México. Evidentemente, en temas mucho más trascendentales que el futbolístico: ¡es por México!