El retiro de la visa estadounidense a “Andy” López Beltrán no es una cosa menor. Se trata de un golpe directo al corazón del obradorato. Es la reacción del gobierno de Trump ante la negativa de Sheinbaum a cumplir con el tratado de extradición para detener a Rocha Moya y otros secuaces por sus vínculos con los cárteles delictivos, lo cual está ampliamente documentado en México y Washington por las fuerzas opositoras.

No estamos ante una acción “injerencista” de Estados Unidos para debilitar al grupo gobernante en México, como inmediatamente reaccionaron desde el oficialismo, calificando el hecho como un atentado contra la soberanía nacional, sino ante la confirmación de la acusación de que “el hijo de papá” forma parte de una red delictiva que involucra a cárteles del crimen organizado, especialmente a operadores del llamado huachicol fiscal.

El jefe real de esa mafia es Andrés Manuel López Obrador. Es él quien ideó y armó la estrategia para hacer de México un narcosistema a partir de hacer del suyo un narcogobierno que se sustentó en acuerdos con la delincuencia para que le ayudaran a Morena y a sus candidatos a ganar elecciones, aún a costa de asesinar a candidatos y líderes opositores. Por eso creció tanto la violencia y se fortalecieron esos grupos en su sexenio.

Así ganaron Rocha Moya en Sinaloa, Ramírez Bedolla en Michoacán y Alfonso Durazo en Sonora. Así ganó Sheinbaum la Presidencia en el 2024 y con esos dineros obtuvieron muchos triunfos en Tamaulipas, Guerrero, Colima y Zacatecas, entre otros estados y distritos.

Cada día se revelan datos de cómo Mario Delgado y altos funcionarios de la Marina, el Ejército, las aduanas y el SAT, estuvieron y siguen actuando para inyectar recursos al narcopartido Morena.

“Andy”, el junior preferido de “su majestad”, es la cabeza más visible de esa cadena criminal. Quizá por su torpeza. Quizá por su desmedida ambición. O por ambas cosas. Hoy parece una estrella decadente, aunque ande haciendo campaña electoral anticipada e ilegal en Tabasco.

Pero el jefe máximo de esta mafia en el poder ha dado la orden de no entregar la plaza política del 2027 por adelantado, sino dar uno o muchos pasos al frente y acusar al “imperio yanqui” de estar actuando contra el “proyecto de transformación” para “ayudar a la derecha” a que gane las elecciones del próximo año.

Sin embargo, quienes le entregaron la soberanía nacional a los grupos delictivos al permitirles controlar casi el 40% del territorio nacional, ahora se envuelven en la bandera para acusar a la oposición de estar invocando la intervención norteamericana en nuestro país y atentar contra la soberanía.

Es el discurso del obradorismo para justificar una futura nulidad de las elecciones que perderán en el 2027, bajo el pretexto de la causal de “injerencia extranjera”, según los cambios legales que ellos aprobaron recientemente.

Se sienten acorralados. Por eso quieren aplicar la censura a todos los medios de comunicación. Por eso mismo elaboran listas de los opositores para perseguirlos y exhibirlos ante las hordas fanáticas del obradorismo.

Se saben perdidos, como lo demuestra una importante cantidad de encuestas. Pero no están dispuestos a dejar el poder por las vías democráticas. Y por eso están actuando, endureciendo sus decisiones, amenazando (a Alito), persiguiendo y encarcelando opositores (como Ruffo y Aguirre). Y no están dispuestos a moderase, mucho menos a detenerse.

Desconozco hasta dónde llegarán las actuaciones de Estados Unidos en esta nueva fase. Creo que están haciendo realidad las amenazas de ir contra los delincuentes y sus protectores políticos en México. Y podríamos estar en el inicio de una serie de nuevos acontecimientos.

Lo que me queda claro es que cada vez más amplios sectores de la sociedad mexicana, incluido el clero católico en los últimos días, saben que hay una coyuntura favorable para evitar la continuidad del obradorato y que por el bien de México debe aprovecharse con la creación de un amplio frente social y político con miras al 2027.