Esta no es una crisis política. Es una obra de teatro. Un drama en tres actos, con un guión que ya todos conocen pero que nadie se atrevía a montar.
En el programa de mano dice “Sálvese quien pueda”. Director: Marco Rubio. Productor ejecutivo: Donald Trump. Y un elenco mexicano que, uno por uno, hace fila en la taquilla del Departamento de Justicia para cambiar su papel de victimario por el de testigo protegido.
Acto I: Los que abrieron el telón
La obra no empezó con los políticos. Empezó con los capos. Fueron ellos los primeros en entender que el pacto de impunidad en México tenía fecha de caducidad.
El primero en cruzar la puerta fue Jesús Vicente Zambada Niebla, el “Vicentillo”. Él abrió la grieta. Demostró que la única forma de sobrevivir no era tener más sicarios, sino tener un mejor abogado en Washington.
Luego vino Joaquín “El Chapo” Guzmán. Su juicio en Brooklyn fue el primer ensayo general. Ahí, bajo juramento, se cantó cómo el narcotráfico no es un poder paralelo, sino el financista del poder oficial. Cómo los millones del cártel compraron campañas, gobernadores y protección a cambio de territorio libre.
Y ahora, el acto más esperado: Ismael “El Mayo” Zambada. El fantasma que durante medio siglo fue intocable. El hombre que nunca pisó una cárcel mexicana porque no necesitaba hacerlo: él era parte del sistema. Su entrega no es la caída de un capo, es la confesión del sistema. Él es quien puede contar, con nombres, fechas y montos, cómo el dinero del narco financió al actual gobierno a cambio de protección presidencial.
¿Por qué cantan? No por culpa. Cantan porque buscan el trato preferente y la protección del Estado norteamericano. Porque saben que en México los van a matar. Y no los va a matar un cártel rival. Los van a mandar matar los verdaderos jefes del crimen: los narco políticos.
Y la cabeza de esa estructura tiene nombre y apellido: Andrés Manuel López Obrador.
Acto II: El libreto del abrazo
Desde el día uno, AMLO escribió el libreto. “Abrazos, no balazos”. Defender a los criminales porque “también son seres humanos”. Amenazar con “acusarlos con su mamá”.
Pensamos que era ignorancia. Era la doctrina.
Las visitas a Badiraguato. El saludo reverencial a la madre del Chapo. La orden directa de liberar a Ovidio Guzmán en el Culiacanazo, con el Ejército mexicano humillado y de rodillas frente a un grupo criminal. Cada escena fue un mensaje para su base real: yo los protejo.
Así se instauró el narco gobierno. Un gobierno que cambia poder y dinero a cambio de muertos. Muertos mexicanos. Muertos por el fentanilo, por la extorsión, por la guerra territorial que el Estado dejó de pelear. Todo envuelto en el papel celofán de la “justicia social”, del “humanismo mexicano” y de una “soberanía” que solo se usa para gritarle a Estados Unidos mientras por la puerta trasera se le entrega el país.
Y el coro de esta tragedia es el propio pueblo. Muchos mexicanos que se dicen nacionalistas, que lloran con el himno, han caído en la complacencia y la complicidad porque reciben un beneficio. Cambian las convicciones heroicas que exige un nacionalismo auténtico por una dádiva personal, aun sabiendo que el trato es venenoso y que destruye el futuro.
Acto III: La fila se acaba
El tiempo se acaba. Y aquí está la parte que los actores secundarios no han entendido: Estados Unidos no dará trato preferencial a todos los delincuentes.
Washington sigue recibiendo información, tomando declaraciones, armando el rompecabezas. No quiere a los mensajeros. Quiere a los verdaderos jefes. Está acumulando la evidencia suficiente para actuar de manera determinante y quirúrgica contra las cabezas.
Por eso los políticos implicados se están entregando en cascada. Porque saben que el cupo es limitado. Hay que escoger bando ya. Y el coro de los que cantan es cada vez más numeroso. Pero el coro no puede ser más grande que el elenco principal del drama.
La pregunta que todos en el público nos hacemos no es SI caerá el telón, sino cuándo iniciará la escena más esperada de la obra: ¿Cuándo entrará en escena el primer actor, Rocha Moya?
Ese será el inicio del final. El momento en que el director, Marco Rubio, y el productor, Donald Trump, decidan que ya tienen suficientes testimonios para ir por los protagonistas.
¿Cuál será el final de esta trama? Muchos creemos que será la caída del narco partido. Al menos, el final de esta primera temporada de la serie.
