Los gobiernos de los 19 países del continente que en el pasado Foro de la Coalición de las Américas contra los Cárteles (A3C), celebrado en Panamá, le abrieron las puertas de sus territorios y de sus soberanías al proyecto que oficialmente autoriza el inicio de las operaciones del Comando Sur (Southcom), con la participación del ejército de los Estados Unidos, bajo el pretexto combatir en tierra a los cárteles de la droga, han cometido un pecado capital que los coloca en un estado de vulnerabilidad, más que de alianza estratégica, ante el expansionismo e intervencionismo mostrado por Washington, al anunciar que pronto hasta el Estrecho de Ormuz será territorio americano.

Desde marzo pasado en que se anunció la conformación del llamado Escudo de las Américas, apoyado por los gobiernos ultraconservadores y de derecha en Centro y Sudamérica, el riesgo de que cualquier gobierno corra la suerte del derrocado presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, es inminente.

A las naciones que suscribieron en primera instancia tal alianza, como Argentina, Bolivia, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay y Trinidad y Tobago, ahora en el Foro de Panamá, se sumaron Bahamas, Belice, Chile, Guatemala, Jamaica, Perú y, por supuesto, Colombia, tras el triunfo de Abelardo de la Espriella.

De ninguna manera parece casual que las operaciones del llamado Panamax 2026, iniciado con la participación de mil 700 soldados de élite de los 19 países, incluido EU, se esté dando en la selva panameña. Desde el retorno a la Casa Blanca, Donald Trump, manifestó su especial interés por controlar el Canal de Panamá, por su importancia como ruta comercial en el mundo, pero además como punto militar estratégico para sus intereses.

Precisamente en Panamá, el Secretario de Guerra de los Estados Unidos, Pete Hegseth, dio la noticia de que el Pentágono planea atacar por tierra a narcotraficantes de Latinoamérica, ampliando las acciones que ya realizaba por aguas internacionales del Caribe y del Pacífico, hundiendo a embarcaciones donde presuntamente se transportaba droga a la Unión Americana y que ha costado la vida a más de 300 personas, asesinadas sin comprobarse ser realmente partícipes en el delito de narcotráfico.

Hegseth advirtió que la lucha contra los cárteles va en serio y serán erradicados “tanto el tráfico de cocaína hasta el fentanilo en las plazas de México”. El militar dijo que entre las primeras acciones por tierra se tienen contemplados a países como Ecuador y Colombia, aunque señaló que estas incursiones podrán ampliarse “donde quiera”.

En esta nueva versión de la Doctrina Monroe, el gobierno estadunidense ha marcado lo que apunta a ser su nuevo control geopolítico de la región: “la defensa del hemisferio occidental y del Canal de Panamá no son negociables”.

Preocupante que los gobiernos de derecha que se consideran “aliados” de los EU, no quieran aceptar la verdadera realidad que tarde que temprano les cobrará una altísima factura a sus naciones, pero sobre todo, a sus poblaciones más vulnerables, pues son charalitos nadando con un insaciable tiburón, capitalista y neoliberal, que terminará engulléndolos sin ningún remordimiento.