El país se encuentra en una encrucijada inédita, la cual necesariamente debe enfrentar para evitar que la ingobernabilidad abra la puerta de la dictadura. La apuesta del régimen es llevar al límite la capacidad de la sociedad para soportar tantos descalabros en todos los campos de actividades productivas, sociales y de interrelación entre gobernantes y gobernados. Evitar que la cúpula obradorista diga la última palabra es vital para frenar la pérdida de soberanía, no por amenazas extranjeras, sino por la rapidez con la que se pudo llevar a cabo la instauración de un régimen autoritario decidido a imponer su hegemonía de modo inexpugnable.
Lo más riesgoso en la coyuntura en que nos encontramos, es la posibilidad de que se rompan los límites que la mayoría de gobernadores deben tener para poner coto a su voracidad y corrupción, bajo el argumento de que en la cúpula del sistema no existen, lo que implica que se trata de un permiso tácito a que actúen según sus propios intereses y contextura ética. Podría decirse que nunca como en la actualidad, la nación se había visto en una realidad como la que viven la mayoría de entidades del país, de ingobernabilidad al borde del estallido social.
El momento es crucial, teniendo en cuenta que el año próximo habrá elecciones intermedias, lo que permitirá dos cosas: se fortalece el obradorato de modo que afiance su predominio, o la oposición actúa como tal porque ya no habría otra oportunidad de levantar cabeza en los tres años siguientes. Como se ven las cosas hoy, lo primero es lo más factible, pues la sociedad no cuenta con las condiciones básicas para dar la batalla contra un enemigo dispuesto a todo con tal de seguir con su proyecto demoledor del Estado de derecho. Con todo, aún hay resquicios sociales, políticos y económicos para impedir que el régimen prosiga su desbocamiento.
Sería prolijo enumerarlos, pues cada uno de los estados tiene su propia problemática, aunque todos tienen un común denominador: la corrupción como motor del proyecto estatal del gobernador en turno. Llama la atención, a este respecto, un nuevo elemento que abona al flagelo: las complicidades entre gobiernos colindantes para ampliar sus posibilidades de negocios turbios. Un buen ejemplo lo encontramos en la zona centro, donde sobresale la colindancia ente el Estado de México y la zona metropolitana de la capital del país. Comparten problemas que obligatoriamente deben resolver de común acuerdo, de manera institucional, a fin de que no los rebase su complejidad.
Sin embargo, la conurbación también se presta a situaciones ilegales que comparten autoridades de ambas zonas. Es el caso que se observa entre los estados de Puebla y Tlaxcala, donde las complicidades son evidentes, sin que ello preocupe a ninguna de las partes. Viene a cuento un amplio terreno de propiedad privada que se invadió hace ya tres años. Aunque se han ganado todas las instancias legales, las gestiones para que se haga justicia a sus legítimos propietarios, la Fundación Antonio y Julia, han sido anuladas por la complicidad con autoridades del municipio de Tenango, perteneciente a Tlaxcala.
En dichos terrenos se asentó, a principios del siglo pasado, una fábrica textil conocida como La Covadonga, en la Colonia Agrícola Ignacio Zaragoza de la capital poblana. Los invasores, al verse perdidos, argumentaron que los predios en litigio están en territorio tlaxcalteca, aunque en las cartografías oficiales, en más de un siglo, se precisó su pertenencia a Puebla. Será interesante conocer cómo se resuelve este pleito judicial, el cual ahora brincó al plano político, donde dos gobernadores morenistas deberán actuar conforme a la ley. Como dato curioso cabe señalar que la cabecera municipal, Tenango, es ampliamente conocida por su participación en el secuestro de mujeres, sin que ningún gobernador, desde hace más de cincuenta años, haya podido frenar esta actividad delictiva.
Las invasiones a viviendas, predios y terrenos es una variante de las expropiaciones de todo tipo que pusieron en práctica los regímenes totalitarios, desde la Revolución Bolchevique hasta la fascista de Mussolini y la nazi de Hitler. Claro que en esos tres casos las incautaciones las llevaba a cabo directamente el Estado, con sus grupos de choque como instrumento ejecutor; aquí se oculta la mano gubernamental con el uso de porros, siempre disponibles en una economía con elevadoexcedente de mano de obra juvenil desocupada.
Sin embargo, el régimen encuentra como salida a una situación tan preocupante, la organización de actividades que provocan risa, esto con el fin de no dejarse llevar por un arranque de furia. La Secretaría de Gobernación anunció que, como parte de las actividades por el Día Internacional de la Juventud, este mes se lleva a cabo la Jornada Nacional “La Celebración de ser Joven”. Actividad señera de este festejo, el 16 de agosto se realizará la “Clase Nacional de Box Puños de Transformación”. Según la secretaria de Gobernación, Rosa Isela Rodríguez, “la mejor política pública es creer e invertir en los jóvenes”. Qué positivo sería que lo demostraran con acciones responsables y de sentido común. Pero eso, como dice el refrán popular: “Sería como pedirle peras al olmo”.
