La conseja dice que, como nunca, el mundo conoce la época de mayor adelanto tecnológico de la historia, al grado que la humanidad está enfrascada en una discusión bizantina que pretende dilucidar las ventajas y desventajas de la Inteligencia Artificial que, en teoría, sería la herramienta per se para el ser humano, aunque muchos estudiosos aseguran que es todo lo contrario. Puede ser lo uno o lo otro, pero para los efectos prácticos, tratándose de la convivencia mundial, el supuesto “adelanto” poco o nada ayuda a que la generalidad de la comunidad de naciones viva en paz, armónicamente, sin saldos sangrientos que ensucien esa relación. Y no es exageración.
De acuerdo al Uppsala Conflict Data Program (UCDP) —elaborado desde 1970 por especialistas de la famosa Universidad sueca—, en los días que corren se cuenta un récord histórico de más de 65 conflictos armados activos en los que participan gobiernos, incluyendo un preocupante repunte de guerras directas entre Estados soberanos. Otros datos indican de 110 a 130 enfrentamientos bélicos en todo el mundo, con aproximadamente 60 países involucrados, el mayor número desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.
Panorama nada halagüeño. Llama la atención que de todos estos conflictos, en la época de los “celulares”, las “tablets”, la internet, y las “benditas” o “malditas” redes sociales, los medios de comunicación dedican su atención a unos pocos: en el Oriente Medio —donde parece que priva una “maldición bíblica” de larga data—, ahora Estados Unidos de América (EUA), con el magnate Donald Trump a la cabeza ya no sabe cómo salir de la olla, acompañado de Israel, cuyo gobierno, dirigido por Benjamín Netanyahu (el primer ministro israelí más controvertido del Estado judío desde que lo dirigió David Ben Gurion, en 1948, y después primer ministro en dos periodos hasta 1963), ha perdido mucha simpatía en el mundo por su política anti palestina en la Franja de Gaza. La invasión de Ucrania por Rusia es otro de los conflictos bélicos que tienen la atención de la prensa mundial. Del resto no hay mucha información.
En suma, tanto de los conflictos armados que reciben la atención de los medios, como de los que son ausentes, tan malo el pinto como el colorado. Todos dicen que buscan la paz, pero en los hechos, hay que parafrasear a la décima musa, la famosa monja Jerónima Sor Juana Inés de la Cruz, que en su famoso poema dice: “¿Cuál es de más culpar// aunque cualquiera mal haga// la que peca por la paga// o el que paga por pecar?”
Itamar Ben Gvir, ministro de Seguridad Nacional de Israel, llamó el domingo 16 de agosto al asesinato de entre 30 y 40 personas cada noche en Gaza y defendió una migración masiva de palestinos para permitir la instalación de asentamientos judíos en el disputado enclave.
Las declaraciones del funcionario ultraderechista israelí y ex convicto aparecieron en un podcast —programa de audio digital que funciona de forma parecido a la radio, grabado por episodios que se pueda escuchar en la Internet cuando veces se quiera—, publicado hace poco junto a Rom Braslavski, que fue rehén de Hamas en Gaza. Ben Gvir afirma que Israel debería realizar asesinatos selectivos y no limitarse a personas que representan una amenaza inmediata.
Para que no haya dudas, Gvir sostiene también que existen palestinos que, a su juicio (?) no deberían vivir. Sus declaraciones se suman a otras expresiones previas tanto de él como de funcionarios israelíes que fueron presentadas ante la Corte Internacional de Justicia de la ONU como evidencia de una supuesta intención genocida en Gaza, acusación que el gobierno de Jerusalén rechaza.
En contrapartida, emulando la cinematográfica Ley del Oeste de EUA, el general de División, Amir Hatami, jefe del Estado Mayor del ejército de Irán, ofreció una recompensa de 30 mil dólares (que puede aumentar a 60 mil dólares si la reclamante es una mujer) por cada soldado estadounidense muerto o capturado, de acuerdo a lo informado por la agencia de noticias Irna (medio oficial de la República Islámica que depende del Ministerio de Cultura y Orientación Islámica desde 1979).
Toda persona “que mate o capture y entregue a un agresor estadounidense… recibirá un obsequio equivalente a 30 mil dólares. El general Hatami no aportó detalles de cómo o cuándo se esperaba que se matara o capturara militares de EUA. Solo que la recompensa subiría al doble si la muerte o la captura es la acción de una mujer.
Asimismo, el jefe del Estado Mayor iraní indicó que el dinero de la recompensa provendrá de donaciones de personas que desean contribuir financieramente a la guerra contra Israel y EUA.
Los bandos en pugna no tienen para cuando ni con las armas en las manos ni en el uso de la lengua. Y si algo le fascina al magnate de la Casa Blanca es hablar, hablar, hablar, aunque a la postre sus dichos resulten en su contra. De tal forma, el lunes 17 de agosto, Trump amenazó con bombardear el Sultanato de Omán —que por cierto fue fundado como un Imanato en el año 751D.C., lo que le convierte en el Estado más antiguo del mundo árabe—, si este país se interpone en las conversaciones de EUA con Irán sobre el estrecho de Ormuz.
“Si Omán se interpone en nuestro camino, los vamos a bombardear hasta dejarlos hechos polvo” (sic), declaró el hombre de la Casa Blanca en una entrevista telefónica con Fox News —su agencia de noticias preferida—. Asimismo, aprovechó el momento para aclarar que EUA posee aún mucho armamento para continuar con la guerra en Oriente Medio, que hasta el momento solo ha utilizado una pequeña parte de su arsenal contra Irán. ¡Cuántas bravatas no ha dicho Trump durante esta guerra que ya le sacó canas!
La amenaza estadounidense tuvo lugar después de que el portavoz del Ministerio de Exteriores de los Ayatolás, Esmaeil Baqaei, informara que Teherán y Mascate —la capital de Omán—, avanzan hacia un acuerdo para establecer rutas marítimas seguras en Ormuz. Baqaei agregó que “las conversaciones entre ambas capitales continúan con seriedad, aunque advirtió que hay actores que intentan influir en el proceso y acusó a algunos grupos de buscar que continúen el conflicto y el caos en la región. Sin embargo, Trump aseveró que existe un canal de comunicación extraoficial y secreto con la Guardia Revolucionaria Islámica para las conversaciones de paz. Teherán negó esa versión y un portavoz de la Guardia Revolucionaria dijo a la agencia iraní Tasnim que no existen conversaciones a ese nivel y sostuvo que la diplomacia no forma parte de las competencias de ese cuerpo. Usted, querido lector, a quién le cree.
El martes 18, Trump volvió a dar un campanazo cuyas consecuencias son de pronóstico reservado: al negar que existan conversaciones en curso o previstas con Teherán, y publicar, en su cuenta de Truth Social un mapa en el que llama al estrecho de Ormuz como un “nuevo territorio” de EUA. En la gráfica publicada por el magnate, la vía marítima que separa a Irán y Omán, aparece destacada con un círculo y superpuesta con el texto en inglés: “New U.S. Territory” (en español: Nuevo territorio de Estados Unidos”).
En su cuenta de X, el presidente estadounidense escribió: “No hay diálogo ni conversaciones en curso, ni tampoco están previstas. El bloqueo naval sigue aplicándose. Ormuz está abierto y en operaciones. Todas las minas en las aguas han sido retiradas o detonadas”.
A su vez, Kazem Gharibabadi, vicecanciller iraní, advirtió en su red: “así como Trump escribió correctamente el nombre del Golfo Pérsico (anteriormente el magnate abogó por cambiar el nombre a Golfo Árabe), su ilusión respecto al Estrecho de Ormuz pronto será corregido, o bien, nosotros corregiremos las fantasías de este ilusionista”.
Los ayatolás no se quedaron con esta simple aclaración, Moshem Rezaei, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, abundó: “La brecha entre la incapacidad estadounidense para reabrir la vía marítima y su pretensión de ser su propietario es mayor que la distancia de 11 mil 265 kilómetros que separa Washington del propio estrecho. Bienvenidos al orden post-Estados Unidos en el Pérsico”.
El asunto va más allá. El principal negociador iraní, Mohammad Baqer Qalibaf, líder de la Asamblea Consultiva Islámica (Parlamento), reiteró que el estrecho de Ormuz permanecerá cerrado hasta que EUA cumpla las condiciones del acuerdo provisional que aceptó y suscribió en junio pasado. Es decir, los iraníes exigen que los estadounidenses levanten el bloqueo a sus puertos, retiren las sanciones petroleras, desbloqueen los activos congelados de Teherán y pongan fin a las amenazas y operaciones militares en todos los frentes.
No solo eso, en sus redes sociales agregó: “los estadounidenses creen que presionar más a Irán les permitirá obtener concesiones que nunca formaron parte del acuerdo”. Con tono burlesco, el líder parlamentario iraní citó a los secretarios del Tesoro, Scott Kenneth Homer Bessent, y de Guerra, Peter (Pete) Brian Hegseth, al asegurar que “están totalmente fuera de su liga. Dejen de esperar a que los payasos saquen su conejo de la chistera y arreglen el lío que han montado”.
A dos meses de cumplirse el lunes 17 la firma telemática —mediante redes informáticas— del memorando de entendimiento con el que EUA y la República Islámica de Irán se comprometieron a comenzar una negociación que en el plazo de 60 días habría de concretarse en un “plan de paz definitivo” con un acuerdo en torno a la espinosa cuestión nuclear, comenzó a vislumbrarse el texto de 14 puntos impulsado por la administración Trump gracias al cual las partes se comprometían al cese inmediato de operaciones militares, el levantamiento gradual del bloqueo naval sobre Irán, la reapertura del estrecho de Ormuz y a un ambicioso programa de reconstrucción valorado en al menos 300,000 millones de dólares, estaba condenado al fracaso.
Dados los últimos acontecimientos —sobremanera el anuncio del “nuevo territorio estadounidense: el estrecho de Ormuz—, los dos últimos meses transcurridos desde la firma de un memorando que Donald Trump dio por roto ya el 8 de julio, no han hecho sino dejar constancia de la incapacidad de las autoridades de EUA a la hora de forzar al régimen de los ayatolás, cada vez más envalentonado y con el tiempo corriendo a su favor, a aceptar siquiera la apertura del dichoso estrecho.
Si bien hace más de tres semanas que el Tío Sam puso fin a su última tanda de bombardeos contra intereses militares y civiles de la República Islámica, la guerra regional abierta a finales de febrero pasado continúa abierta en dos frentes principales: Yemen, donde los rebeldes apoyados por Teherán, los hutíes, se enfrentan a las autoridades reconocidas internacionalmente y a Arabia Saudita, y Líbano donde las fuerzas israelíes incrementan enfrentan a las últimas horas sus ataques contra intereses y mandos de Hizbulá, la mayor estructura militar “proxy” —de la República Islámica en Oriente Medio.
Así las cosas, al “apropiarse” EUA cartográficamente el Estrecho de Ormuz, ¿qué sucederá en Oriente Medio? Nadie puede asegurar nada. El asunto parece nudo gordiano. ¿Quién lo desatará? Trump y Netanyahu están entrampados en un conflicto que no pueden finalizar. Los iraníes, como los ucranianos han podido salir adelante hasta el momento. ¿Cuánto más resistirán? Ese es el quid de la cuestión. Como dicen los italianos, “Chi lo sa?” Algo es seguro, la Ley del Oeste tampoco resolverá el problema. VALE.
