Se escuchan los últimos llamados de alerta para la democracia mexicana. Estamos aceleradamente arribando a la frontera que separa al ya enfermo México republicano del régimen que declara enemigos a la mayoría que nos oponemos a las pulsiones autoritarias del obradorismo gobernante.
Lo que estamos viendo cada día es la acumulación de constantes amenazas contra nuestras libertades. En estos días, es la pretensión de prohibir la libertad de expresión para amordazarnos por completo. Ayer fue la desaparición la Ley de Amparo. Ahora estamos bajo el mando de los militares que han corrompido toda la vida pública, al mismo tiempo que el INE limita a la oposición política el derecho a denunciar al narcopartido Morena como tal. Mañana será la declaración presidencial de que quienes estamos en la oposición somos traidores a la patria. Es la lógica del autoritarismo.
En ese sentido, es pertinente retomar dos escritos recientes, complementarios entre sí: “Hacia un Estado Policial” (de Sergio López Ayllón y Pedro Salazar, del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM) y el posicionamiento titulado “Agenda Mínima e Inmediata para la Reconstrucción Democrática de México”, del Instituto de Estudios para la Transición Democrática, el IETD (dirigido por Ricardo Becerra y donde destaca la participación de figuras de la talla de José Woldenberg, Rolando Cordera, Lorenzo Córdova o el ya citado Pedro Salazar).
Los prestigiados analistas de Jurídicas nos advierten en su breve pero sustancioso texto, entre otras cosas, que “lo que ocurre en México es la construcción metódica, gradual y jurídicamente sofisticada de un régimen autoritario”. Las piezas no están aisladas, dicen, “vistas en conjunto revelan un Estado con capacidades extraordinarias para vigilar, sancionar económicamente, congelar patrimonios, privar de la libertad e interferir en la vida de las personas y empresas, sin que un poder judicial capturado por la vía electoral funja como defensor de los derechos vulnerados”.
La razón de fondo, señalan –citando a Nadia Urbinati- es que estamos ante un populismo autoritario que “desfigura la democracia representativa desde dentro… un mayoritarismo radical que usa procedimientos democráticos para fines que no lo son y que, en sus versiones extremas, reescribe las reglas del juego para inscribir a ‘su’ mayoría en el orden constitucional”.
Es decir, una especie de “dictadura constitucional”, lo cual subvierte el contenido esencial de la propia Constitución, acción susceptible de ser considerada en los preceptos sustantivos del artículo 136 de nuestra carta magna. Por eso se deslegitima a la oposición y se le califica como enemiga, se busca controlar a los medios y se eliminan todos los contrapesos institucionales. “La democracia, sin dejar de llamarse así, se torna aparente”.
En eso estamos. El riesgo es su consolidación y profundización. Cabe preguntarse: ¿qué hacer? Aquí, en las páginas de Siempre, hemos insistido en la necesidad de que todos los amantes y defensores de la democracia sumemos esfuerzos. Precisamente, en esa vertiente se inscribe el llamado del IETD para que la muy amplia pluralidad democrática de nuestro país unifique esfuerzos, construya una agenda mínima en defensa del México republicano con miras a las elecciones del 2027 y se evite así la profundización del deterioro autoritario que ya nos está ahogando.
Poner en el centro –dice el IETD- el respeto a los preceptos constitucionales para evitar que de nuevo Morena y sus aliados ostenten el 73% de la Cámara de Diputados con apenas el 54% de los votos, exigir al INE y al Tribunal Electoral el apego a la Constitución, “construir una amplia red de ciudadanos, organizaciones civiles y partidos dispuestos a cuidar cada casilla, hacer de las campañas un escenario de debate de los problemas nacionales, poniendo el énfasis en construir una agenda con alma social: contra la pobreza, la desigualdad y el estancamiento del ingreso. Ahí está la clave. Esa es la ruta a seguir para Reconstruir la República Democrática.
