Pilo o Pilos
A unos pocos kilómetros del mar Jónico, –Estrabón afirma que a más de treinta estadios de la costa– (Geografía, libro VIII, 26), al sur de Élide, se halla Pilo o Pilos, sitio en donde era rey el anciano, prudente y experimentado, Néstor. Se conservan las ruinas de lo que se considera fue su palacio y, un poco alejado de éste, se halla su tumba; tiene la forma usual en la época micénica: colmena. El lugar, tal como lo refiere Homero, es arenoso. Aunque el asentamiento está tierra adentro, a lo largo, en la parte baja, se observa el mar y la isla de Zacinto. A Pilo llegó Telémaco, el hijo de Ulises, en busca de noticia de su padre. Ahí fue acogido por Néstor y su familia y encontró compañía para visitar Esparta. (Odisea, III, 17 y siguientes).
Enfrente de Pilos está la Bahía de Navarone, en donde, supuestamente, tuvo lugar la batalla del mismo nombre, que se narra en la película Los cañones de Navarone.
Esparta/Menelaión
En la Odisea se refiere que Telémaco, el hijo de Ulises u Odiseo, acompañado de un hijo de Néstor llegó a Esparta a entrevistar a Menelao, rey de esa ciudad-estado, en procura de noticia de su padre, que por motivo de la guerra contra Troya se había ausentado de su casa y reino por un lapso de veinte años. Ahí se sorprendió por lo majestuoso del palacio:
“Conducidos los huéspedes dentro, miraba con pasmo el palacio del rey oriundo de Zeus: como un brillo de sol o de luna cerníase en a casa de elevada techumbre, morada del gran Menelao. —-”
Ahí vio y trató a Helena, la hija de Zeus que, con su huida con París, había provocado la guerra contra Troya. La encontró convertida en una ama de casa hospitalaria, ejemplar y amable. En la actualidad dirían que, además, era pacheca, se daba sus pases, es decir, le entraba a las drogas. Maña que había aprendido en su paso por Egipto (Odisea, IV, 220).
Helena, en su tiempo, dio mucho de qué hablar. Se le atribuyeron aventuras amorosas con un sinnúmero de hombres: Teseo, Agamenón; París, Deìfoo y otros. Se decía que siendo Helena adolescente, fue raptada por Teseo y que de esa relación había nacido Ifigenia, la que supuestamente iba a ser sacrificada en Aúlide. No me atrevería a decir que eso fue cierto y de que ella fue de cascos ligeros; Estesícoro, de Himera, se atrevió a decir: “… porque Tindáreo sacrificando una vez a todos los dioses sólo se olvidó de Cipris, de amables dones; y ella, irritada con las hijas de Tindáreo, las hizo mujeres de dos bodas y de tres e infieles al marido.” (Lírica griega arcaica, Estesícoro, Gredos, p. 214), por decirlo fue cegado por Helena, convertida en Diosa. Para recuperar la vista tuvo que cantar la palinodia, es decir, se vio obligado a retractarse en público de su dicho; sólo así le fue devuelto el sentido de la vista.
Hay que guardar respeto por los Dioses y Diosas –así, con mayúsculas — de todas las religiones; eso es parte de la tolerancia. Además, para qué correr riesgos innecesarios.
Esparta tiene un clima horrible: en verano sus habitantes enfrentan un calor insoportable y en invierno, el Taigeto y sus nieves, provocan un frío extremo. Tal vez esa circunstancia llevó al rey a construir su palacio en las afueras de la población, en una colina próxima a ella; ésta goza de un clima envidiable y de una vista privilegiada.
Con el tiempo, por hecho de haber sido la residencia de una hija de Zeus, como lo era Helena, se convirtió en un santuario milagroso y, por ello frecuentado por los griegos necesitados de prodigios. Heródoto, refiere un milagro de la santa –pagana, si se quiere– que ahí vivió:
“… este sujeto tenía una esposa que era, con ventaja, la mujer más bella de Esparta; y era, sin lugar a dudas, la más bella a pesar de que en su niñez había sido rematadamente fea.
Resulta que, como la pequeña pertenecía a una familia acomodada y era poco agraciada, su nodriza, al ver lo mal parecida que era y, además, que los padres la consideraban una desgracia la fealdad de su hija, al advertir, repito, esa serie de circunstancias, puso en práctica la siguiente idea. Todos los días la llevaba al santuario de Helena (dicho santuario se encuentra en el paraje que recibe el nombre de Terapne, dominando el templo de Febo), y, cada vez que lo hacía, la nodriza colocaba a la niña ante la imagen e imploraba a la diosa que la librara de su fealdad. Y he aquí que, según cuentan, cierto día en que la nodriza regresaba del santuario, se le apareció una mujer y, de buenas a primeras, le preguntó qué era lo que llevaba en brazos, respondiéndole ella que se trataba de una niña. La mujer le pidió que se la mostrara, pero la nodriza se negó, pues los padres le habían ordenado que no se la enseñara a nadie. No obstante, la mujer le pidió insistentemente que lo hiciera; y, al ver que la desconocida estaba muy interesada en verla, la nodriza acabó por mostrarle a la niña. Entonces la mujer le acarició la cabeza a la niña y afirmó que llegaría a ser la mujer más hermosa de toda Esparta. Justamente a partir de aquel día empezó a cambiar su fisonomía; y, cuando estuvo en edad de casarse, Ageto, hijo de Alcidas –ese amigo de Aristón a que he aludido–, se casó con ella.” (Heródoto, Historia, VI, 61, 2 a 5).
Todos los Dioses, junto con sus hijos mortales, sin importar cuáles sean ellos, cristianos o paganos, hacen milagros, prodigios u actos que infringen las leyes de la naturaleza. Sin excepción son poderosos, omnipresentes, milagrosos y celosos. Romper las leyes de la naturaleza es patrimonio común a todas las deidades: paganas o cristianas. Somos afortunados.
Al palacio se le conocía como Menelaión. En la actualidad, al este de Esparta, se observan las ruinas, abandonadas, por cierto, de lo que fue la residencia real.
Islas Toas
De las islas Toas (Picudas o Agudas), en las que se escondieron los pretendientes para dar muerte a Telémaco a su regreso de Pilos y Esparta (Odisea, XV, 299), a donde había ido a buscar noticia de su padre Ulises, poco es lo que queda. En la actualidad son unos peñascos pequeños, que apenas se alcanzan a divisar; están entre las islas de Ítaca y Cefalonia; rocas sin vida que aún sobresalen entre las aguas del mar. La erosión que provocan las olas casi ha acabado con ellas. Otro era el paisaje hace más de tres mil años, en los tiempos en que refiere la Odisea tuvieron verificativo los hechos. En ese entonces eran capaces de ocultar una acechanza.
El autor es catedrático Universidad Autónoma Metropolitana.
Foto: La tumba de tholos de Tzanata en Cefalonia.
