Un amigo periodista me habló espantado; no es para menos. Me inquirió: “Como jurista que es usted, quiero saber su opinión respecto de las maniobras del gobierno morenista para acabar con la libertad de prensa, censurar a los medios y publicar una lista con los periodistas indeseables para ellos”.
Me limité a contestarle: fui jurista; sería irresponsable que estando retirado de la profesión me atreviera a emitir una opinión. Como consejo me limité a repetirle lo que me dijo un amigo: en alguna ocasión quedamos en ir a determinado sitio y yo le dije: te recojo a tal hora en tal lugar. Mi amigo, de inmediato, me contesto: si me redejo.
En el caso, no hay duda de que los morenos quieren acabar con las libertades de prensa, la de expresar libremente las opiniones, de pensamiento y con otras. Eso es lo que va con su ADN, pero lo harán si nos redejamos.
Los gobiernistas no se están metiendo con inválidos o tullidos; nos defenderemos con lo que tenemos: nuestra pluma, nuestra voz y nuestra presencia en los actos de protesta. Debemos gritar y demostrar que no les tenemos miedo. Hacerlo implica: salir a las calles a protestar, exhibir a los morenos como fascistas que son; escribir respecto de sus errores, deficiencias, omisiones y, sobre todo, exhibirlos como corruptos, ineptos y hasta como posibles cómplices de la delincuencia organizada.
En ejercicio de nuestra libertad de prensa y de libre expresión de nuestras ideas, debemos exhibir a esos que ahora se dicen defensores de la verdad y de ser protectores de los mexicanos ante tanta mentira que aparece en los medios. Esos izquierdosos, bajo el pretexto de defender el derecho a la verdad, pretenden terminar con la libertad de decir, de manera razonada y responsable, lo que pensamos respecto del actual estado de las cosas públicas; de la tragedia a la que, de manera irresponsable, nos han llevado esos que nos prometieron acabar con la corrupción, que lo iban a hacer como se barren las escaleras: de arriba para abajo; que para captar nuestro voto, nos prometieron desmilitarizar el país; que íbamos a tener un sistema de salud mejor que el de Dinamarca.
En el actual estado de cosas, en que ha desaparecido el estado de Derecho y están por desaparecer nuestras libertades, no nos queda más que, como escribidores, aceptar el riesgo de aparecer en las listas negras y estar dispuestos a afrontar las consecuencias que ello implica. Esos morenos deben saber que los mexicanos no somos menores de edad y que, en lo relativo a estar informados, no necesitamos de su protección. Que para mentiras nos sobra y bastan las que ellos dicen todos los días. Las mañaneras no son un foro en el que impere la verdad. En el mejor de los casos son mentideros en los que habundan las verdades a medias, la desinformación y el ocultamiento de la realidad.
Sólo nos falta que, como en la antigüedad, para exponer una opinión tengamos que recurrir a las fábulas, parábolas o iniciar nuestros escritos: “Hace muchos años, en un país muy lejano, había una banda de tiranos que expoliaban y sacrificaban a los habitantes que tenía dominados. En su concepto de autoridad no cabía la menor libertad; de los bienes de dominio público podían disponer sin ningún control o rendición de cuentas; respecto de los bienes privados, todos eran susceptibles de serles arrebatados a sus dueños, sin que hubiera instancias a las que recurrir. No había jueces independientes y conocedores; tampoco defensores idóneos de los derechos individuales. En ese país, lejano todo era arbitrariedad y violencia; los cortesanos estaban coludidos con los bandidos y hasta compartían utilidades. Esos bandidos eran los que ponían a los jueces a modo y quitaban a los juzgadores que se mostraban imparciales o conocedores. En ese país lejano nadie se sentía seguro en su persona y patrimonio …”
Yo me niego a escribir de esa manera. Nuestros supuestos gobiernos izquierdistas, al igual que todos los que, como hongos brotan en los países latinoamericanos, sólo saben gobernar como déspotas y, en cuanto a información: con censura.
La agresividad de los morenos con los medios tiene una explicación: todo les está saliendo mal. Las obras de relumbrón con las que pretendían adornarse, tronaron antes de tiempo. Sus posibles vínculos con la delincuencia organizada fueron exhibidos en el momento menos oportuno. Las cortinas de humo con la que procuraron ocultar sus grandes fracasos y malas compañías, pronto se cayeron.
Conociendo a los morenos es de esperarse que intenten inventar otro distractor. El de la gobernadora de Chihuahua ya dio todo lo que tenía que dar. El nuevo: el desafuero de Alejandro Moreno, jefe del PRI; ahora, más que nunca, se justifica que lo intenten, pues se atrevió a poner pinto al tal Andy, a quien era el seguro candidato de Morena a la presidencia de la república. De él dijo pestes: “Pinche narcojunior. ¡No mames, cabrón! ¿Con qué autoridad moral pides explicaciones cuando Morena ha sido la tapadera de criminales y narcopolíticos? Mejor empieza por dar explicaciones tú. ¿Vas a caer, pinche narcojunior de mierda!” (Reforma, 14 de agosto de 2026, primera plana). A don Alito sólo le faltó que dijera que el tal Andy es un pájaro nalgón.
Al Andy de Morena le urge tener inmunidad; la que le daba el ser hijo de su papá ya no es suficiente. Por lo pronto, como pintan las cosas, buscará, aunque sea aquella que deriva de una diputación, para el caso no importa que sea federal o local. Que se olvide de sus sueños guajiros de ser presidente de la república para el 2030.
En este momento en que está saliendo tanta suciedad, a la presidenta de la república, a Morena y a los morenos les urge acabar con la libertad de prensa y tener una base para censurar y perseguir.
Lo harán si nos redejamos. Hay que ponerlos pintos y decirles hasta de lo que se van a morir. No tienen corona y aunque la tuvieran, con tanta suciedad se han puesto de a pechito; no debemos dejarlos ir impunes.
El autor es catedrático Universidad Autónoma Metropolitana.
