Hace poco caminé por Insurgentes Norte y dirigí la mirada a la sede nacional del PRI. Luce semiabandonada. Esa inmensa construcción que abarca una cuadra sobre una de las avenidas más importantes de la Ciudad de México es la imagen viva de la debacle de lo que fue la maquinaria electoral más importante del siglo XX. El primero de los ejes de la dictadura perfecta, del presidencialismo y del corporativismo electoral, ahora luce en ruinas. ¿Cuándo comenzó esta debacle? Unos dicen que con la muerte de Carlos Madrazo; otros, que con el asesinato de Luis Donaldo Colosio, y otros más, que cuando Ernesto Zedillo le entregó la banda presidencial a Vicente Fox en los umbrales del siglo. Tal vez sea la suma de todos esos errores, soberbia y corrupción.

El destino de Alejandro Moreno, el terrible Alito, está sellado: será el enterrador del PRI o, mejor dicho, el sepulturero del cascarón priista. Aquí conviene una precisión. Una cosa es el gobierno de Coahuila y el de Durango, los dos últimos bastiones de los revolucionarios institucionales, que son territorios de sus respectivos gobernadores, y otra es la franquicia del partido y sus grupos parlamentarios en el Congreso de la Unión, que, como celosos guardianes, cuidan la propiedad de Alito, que puede ofrecerles, al menos en la elección del próximo año, un lugar plurinominal, porque los distritos de mayoría donde pueden ganar los definen los gobernadores.

El PRI continúa siendo el partido político con el mayor porcentaje negativo y Alejandro Moreno, el dirigente partidario con peor imagen pública. Sin embargo, después del incidente con Gerardo Fernández Noroña, su presencia en redes se disparó por los cielos. Ahora no sólo es un personaje de la picaresca mexicana, sino un creador de contenido en las redes sociales que decidió abrazar, de manera definitiva y contundente, la polarización, la mentira y la difamación con tal de estar presente en los complicados sentimientos de las redes sociales.

Esto no lo hace de una manera temperamental o visceral. Tiene una estrategia y ésta se orienta a salvar su cabeza, es decir, a no caer en una cárcel mexicana, a acrecentar su patrimonio económico y a victimizarse. Hay que reconocer que varias veces algunos integrantes de Morena le facilitan su estrategia. Lo metieron al rostizador del desafuero, le abrieron expedientes judiciales, pero no han procedido en su contra. Ante esto, Alito, que tiene más sentido de supervivencia que bótox en la cara, decidió salvar su pellejo a cualquier costo.

¿A qué va tanto Alito a Estados Unidos? Formalmente, ha ido a Estados Unidos a entrevistarse con Ana Corina Machado, con representantes republicanos y a presentar diversas denuncias contra Morena y, ahora, contra integrantes del INE.

Informalmente, su agenda es un secreto, pero, como dice el dicho, el amor y el dinero no pueden ocultarse, y las intenciones de Alito en Estados Unidos son buscar protección. Ha tratado de colocar su dinero fuera de México y ha buscado protección de agencias estadounidenses, hablando o inventando información sobre temas escabrosos en México. El problema es que allá tampoco goza de las mejores credenciales de credibilidad.

Eso pienso yo, ¿usted qué opina? La política es de bronce.

@onelortiz

https://youtu.be/5IOo-mNb0oc?si=-dB3riuI4wynEFIb