Hierbas flotantes (Ukigusa, Japón, 1959), con Nakamura Ganjiro, Machiko Kyo.
El guion de Kogo Noda y Yasujiro Ozu, adaptación de la película silente Historia de las hierbas flotantes (Japón, 1934), también de Yasujiro Ozu, dio como resultado ésta belleza obra de arte, considerada una de las mejores película jamás realizadas, según algunos admiradores de Ozu. Hay algo de cierto. Las transiciones de una secuencia a otra, de manera lineal, son pasmadamente poéticas. Al inicio, la toma de la torre portuaria, teniendo en primer plano una botella de sake, y luego esa misma toma sin la botella de sake, lo ejemplifican. El drama de un maduro actor de teatro itinerante y los encuentros y desencuentos con su pasado y presente lo llevan a su desmoronamiento moral; pero, ante las circunstancias de la vida, continúa su existencia, con renovadas esperanzas. Deliciosa comedia amarga, sobre celos e intrigas, amores y desamores, alternadados con breves actuaciones de teatro Kabuki de los actores y actrices, ellas de una exquisita delicadez, que sufren y gozan, dentro y fuera del escenario.
Una mujer fuera de la ley (Hijosen no Onna, Japón, 1933), con Kinuyo Tanaka, Joji Oka.
Acompañada por música de piano, en vivo, a cargo de Deborah Silberer, se proyectó ésta insólita incursión de Yasujiro Ozu al bajo mundo gangsteril, con todo y sorprendentes movimientos de cámara, muy alejados de su estilo. El drama roza el melodrama, largo y tedioso, que pareciere un trabajo de encargo, más que de autor. Aquí cabe trancribir que “el katsuben (recordando lo dicho por la Benshi Sassaki Akiko) designa la profesión y práctica de narrar y explicar en vivo el contenido y los diálogos de las películas mudas. Su nombre formal es katsudo shashin benshi, y constituyó una forma única de cultura cinematográfica en Japón, muy popular desde finales de la era Meiji hasta comienzos de la era Shöwa.” (Nota de la JapanFundation, México).
El sabor del sake o Una tarde de otoño (Sanma no aji, Japón, 1962), con Chishu Ryu, Keiji Sada, Shima Iwashita, Shinchiro Mikami.
Última realización de Yasujiro Ozu, en la que, podría decirse, el sake tiene un papel protagónico (las borracheras del personaje principal con sus antiguos amigoS de la escuela son frecuentes, incluido un veterano profesor). Nuevamente escribió el guion con Kogo Noda y filma un testamento cinematográfico en el que el tema familiar sale a relucir más que nada: El deber de un padre por casar a su hija, en edad de merecerlo y su soledad ante el deber cumplido, sin dejar de pensar en tener una acompañante en sus ultimos años. Drama nostálgico, con momentos de humor, citando la guerra perdida.

Primavera temprana (Soshun, Japón, 1956), con Ryo Ikebe, Chikage Awashima, Keiko Kishi.
El tema de la familia, siempre la familia, con sus múltiples variantes, fue el preferido de la mancuerna Kogo Noda y Yasujiro Ozu, sin dejar, en la filmación, de recurrir a sus característicos planos fijos y tomas bajas de interiores. Ahora, una aventura extramatrimonial de un joven marido y su traslado a un nuevo y lejano sitio donde trabaja de oficinista, le trae problemas con su noble y bella esposa. El final, convencional, y toda la cosa (después de largos 144 minutos), resuelve la situación de la mejor manera.
Historias de Tokio (Tokyo monogatari, Japón, 1953), con Chishu Ryu, Chieko Higashiyama, Setsuko Hara, Haruko Sigimusa.
Obra maestra, en blanco y negro, anterior a Soshum (1956) y Tokyo Boshoku (1957) y sus obras maestras, en color, Higanbana (1958), Ohayo (1959), Ukigusa (1959), Akibiyori (1960), Kohayagama ke no aki (1961) y Sanma no aji (1962), que, en las más recientes clasificaciones (desde 2012), es considerada como una de las mejores películas de la historia del cine, si no es que la mejor de todos los tiempos (Sight & Sound). El guion, escrito con Kago Noda, permitió a Yasujiro Ozu la realización de un inspirado drama sobre el fin de la vida y su espera serena, conjuntando todo la temática sentimental, sobre las relaciones familiares y de amistades, y el estilo formal de Yasujiro Ozu, de manera perfecta. Estilo formal propio y único, en el que su concepto estético adquiere gran simetría, al darle a cada plano la forma de un cuadro dentro de su marco.
Buenos días (0hayó, Japón, 1959), con Chishu Ryu, Kuniko Miyake, Yoshiro Kuga…
Quizá exagere; pero, en Buenos días, Yasujiro Ozu cultivó la poesía cinematográfica y si no hay lirismo, si hay, dentro del humor, una propuesta para reflexionar sobre la diferencia entre lo bello y lo sublime, considerando, primero, lo que tienen en común: placen. El cine de Yasujiro Ozu, place y por lo tanto es bello. Es sublime, porque trasciende el absurdo y deja una lección moral, con validez universal, gran diferencia respecto a lo simplemente bello o placer estético. Repito, quizá exagere.
