Sigo con las virtudes de nuestra presidenta Sheinbaum. Somos afortunados, también es omnisciente y omniparlante. Está en todos los moles, todos los arroces y, para nuestra fortuna, aunque sin saber, habla de todo y en todo momento. No le da descanso a su boca, sobre todo si se trata de criticar a la oposición y a sus gobiernos. Éstos son los responsables de todo lo malo: del descarrilamiento del ferrocarril del Istmo, de que no funcione el tren peninsular, de que la refinería de Dos bocas no refine y, por su política de abrazos y no balazos, de que la delincuencia organizada cogobierne nuestro país.

Fueron los opositores, cuando gobernaron México, los que inventaron el huachicoleo, los responsables del crecimiento de la delincuencia organizada y de establecer vínculos de maridaje con el narcotráfico. Los morenos no querían; al parecer, los priistas, como malos y perversos que son, metieron ese gen en su Movimiento y fueron ellos los que, al inicio los obligaron a entrar como protectores y al final, como socios.

La presidenta, en las mañaneras, frecuentemente incurre en excesos o errores. Es natural, por más que se esté informada de muchas cosas, no puede saberlo todo; y, como ser humano que es, tampoco puede retener toda la información que le es proporcionada por sus asesores antes de iniciar las mañaneras. Ella y sus ayudantes no han sido capaces de fijar un límite a las preguntas y a las respuestas.

Aunque sólo sea para aumentar el rating, ella y sus colaboradores deberían circunscribir de lo que se habla y pregunta en las mañaneras.

Un límite, con el que todos pudiéramos estar de acuerdo, sería disponer que las preguntas que se le formulen y que ella deba contestar, versen sobre materias que ella tiene confiadas como titular que es del poder ejecutivo federal; lo que implicaría el tener que rechazar las preguntas relacionadas, por ejemplo, con asuntos que son de la competencia de la Fiscalía de la Nación, Congreso de la Unión o del Poder judicial.

La presidenta de la república no tiene por qué estar opinando respecto de lo que compete a otros poderes o autoridades. Hacerlo implica una invasión indebida y correr riesgos innecesarios. Esos poderes y autoridades tienen quien los encabece y, además, da la casualidad de que quienes los presiden no son mudos y tampoco tullidos.

Otro, limitar el número de las mañaneras y el tiempo que dedica a ellas: es agotador prepararlas, responder las preguntas y, con posterioridad, hacer las aclaraciones pertinentes: fui mal interpretada, mis palabras fueron sacadas de contexto y no fue mi intención.

No lo va a hacer. Ella, al igual que su mentor, tiene necesidad de hablar y de distraer la atención de la ciudadanía. Lo hace a la más mínima provocación. La alocan los micrófonos y las cámaras. El patrón que impuso AMLO, como todo lo que él estableció, es intangible y, por absurdo que parezca, también es eterno.

A nuestra presidenta le da por los eufemismos: palabras más, palabras menos, ha dicho que el ferrocarril del Istmo no se descarrilo, creo que dijo que se estacionó; las víctimas mortales del descarrilamiento no se murieron, pasaron a mejor vida; no ha aumentado el número de personas que han perdido violentamente, simplemente se murieron. Sólo falta que, en funciones de Fiscal General de la República, nos diga que el supervisor de la obra, uno de los Amlitos, como no percibió sueldo, no incurrió en responsabilidad penal.

Su verborrea no la utiliza para tender puentes con la oposición; sirve para atacarlos, desacreditarlos y, finalmente, dividir. Los calificativos le sobran.

Esas son una de las tantas consecuencias de haber tenido en la presidencia de la República a alguien que se creía mesías y que estaba dentro de sus funciones el establecer dogmas eternos e intangibles.

Nuestra presidenta se ausentó del país para ir a ver la final del mundial de futbol, pero no me enteré de que haya informado previamente a la Comisión Permanente de los motivos del viaje y de que, a su regreso, haya presentado un informe de la gestión que realizó. El resultado del partido entre España y Argentina ya lo sabemos, lo que ignoramos y queremos saber de manera oficial, es de qué habló con el señor Donald Trump, con el rey de España y el primer ministro canadiense. (No menciono al representante de los argentinos; está de moda ignorarlos) Está obligada a informar de su gestión (artículo 88 constitucional).

No nos puede salir con que otra vez dejó ir la oportunidad de exigirle al rey de España una disculpa por los crímenes que los conquistadores españoles cometieron hace más de quinientos años. Desaprovechó una oportunidad de oro. De haber obtenido la disculpa, otra sería nuestra suerte: seríamos menos pobres, el déficit fiscal que los gobiernos morenistas heredaron del gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, habría desaparecido –ellos son incapaces de endeudarnos–; habría menos delincuencia, tendríamos mayor seguridad y empleo; habríamos recuperado nuestra soberanía y estarían libres y en territorio nacional el Chapo y el Mayo. Nos urgía a todos los mexicanos esas disculpas. Se nos va a ir el sueño. No se vale.

Lo de Ernesto Ruffo más huele a distractor, que a un efectivo ejercicio de la acción penal y un interés real por limpiar la imagen del mundo de la política. Estando por iniciar el ejercicio electoral para renovar la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión y algunos poderes locales, su aprehensión, consignación, reclusión en la prisión del Altiplano y lo festinado que ha sido todo ello, huele a persecución política y a un distractor, y mucho más ahora que Morena y la gobernadora Marina del Pilar Ávila Olmeda más necesitaban un pretexto distractor. Lo de la exhibida de Baja California fue algo inesperado y hasta desastroso para Morena. Encueró a los morenos en público y a todo color; enseñaron sus vergüenzas a la vista de todos.

En parte Ernesto Ruffo tuvo la culpa. Dónde se le fue a ocurrir ingresar a Somos México, organización política de recién creación. La acción penal seguida en su contra huele a persecución, todo por haberse atrevido a disentir y en público.

En este caso, por estar de por medio gente ajena a morena, hubo aprehensiones, escándalo y juez a modo.

Los azules, a pesar de ya no estar dentro de su corral, tomando en cuenta sus antecedentes, han sacado la cara por él. Mucho por ellos.

El autor es catedrático Universidad Autónoma Metropolitana.