“Mal empieza la semana para el que ahorcan en lunes”, dice el vetusto refrán. Y, para la ocasión, bien se puede concretar la idea con otro adagio que dice: “El hombre propone y Dios dispone”, sin que falte el malintencionado que le echa más sal al asunto: “Y llega el diablo y lo descompone”. Así le ha sucedido, en cuestión de horas al nuevo presidente de Colombia, el discutido abogado penalista, empresario, cantante ocasional de ópera, aficionado al lujo y polemista profesional, outsider de la política, calificado como ultraderechista por sus adversarios, Abelardo Gabriel de la Espriella Otero, el sustituto del no menos discutido ex guerrillero del M19, Gustavo Francisco Petro Urrego, hombre de izquierda, y mal perdedor, por supuesto.
De la euforia de la toma del poder, el viernes 7 de agosto, De la Espriella pasó al peso de la realidad en un suspiro: atentados con drones y explosivos, a cargo de las disidencias de las FARC, el domingo 9 en once de los 32 departamentos —Cauca, Nariño, Cesar, Antioquia, Tolima, Huila, Arauca, Caldas, Bolívar, Meta y Guaviare—, que forman el país, y el lunes 10 a las 7:34 de la mañana, todo el país fue cimbrado con un terremoto de 7.4 grados que —hasta el momento de escribir este reportaje, causó 254 muertos (y contando)—, más de mil heridos, un número indeterminado de desaparecidos, y personas atrapadas entre los escombros, 1,575 casas destruidas y un centenar de edificios colapsados, 18 carreteras afectadas, 52 escuelas, centros comunitarios, 7 aeropuertos y hospitales dañados. El martes 11, De la Espriella declaró luto nacional por tres días. Esa fue la corta luna de miel del nuevo mandatario colombiano. Pese a la emergencia nacional, decretada por el nuevo gobierno la reacción fue criticada inmediatamente por la izquierda colombiana y por la de otros países iberoamericanos, incluyendo la de México.
Sin duda, las secuelas del terremoto en Colombia afectarán el proyecto de gobierno del “Tigre” —sobrenombre que adoptó De la Espriella en su campaña electoral cuando escuchó al ex presidente centrista Álvaro Uribe que dijo: “Colombia necesita ser gobernado por un tigre—, que en las primeras horas después del temblor expuso reticencias para la ayuda del extranjero, pero que poco más tarde se abrió de capa frente a los países que ofrecieron su apoyo oficial, como México, Estados Unidos de América, Ecuador, El Salvador, Panamá, Perú, Chile, Argentina, Brasil, incluso Venezuela (que hace mes y medio sufrió el embate de un doble sismo), Cuba, Guatemala, Ucrania, Suecia, Turquía y otras capitales.
Como muestra del interés que tiene la administración Trump por sostener a De la Espriella, desde el inicio de su campaña electoral, la Casa Blanca ordenó 15.5 millones de dólares en apoyo a los damnificados. Los recursos se enfocarán en refugios de emergencia, alimentos, y la atención directa en las zonas dañadas por el terremoto.
Ante la emergencia, De la Espriella anunció que activará un crédito de hasta 450 millones de dólares con el Banco Mundial. El ministro de Hacienda, Miguel Gómez Martínez declaró la urgencia del caso, lo que le permitirá adoptar medidas extraordinarias. En principio, la nueva administración colombiana descartó subir impuestos y priorizará ahorros y recortes presupuestarios. También aplazará un mes el pago del impuesto de renta a personas residentes en Chocó, Risaralda, Quindio y Valle del Cauca. Además, el vicepresidente José Manuel Restrepo informó que ya se recibieron Propuesta de ayuda de organismos multilaterales por más de mil 300 millones de dólares.
El Papa León XIV expresó su dolor por las víctimas y los daños materiales causados por el sismo y envió 200 mil euros para el fondo de ayuda directa, una cantidad similar envió el Pontífice hace 40 días cuando Venezuela sufrió una hecatombe parecida, aunque con mayor número de muertos. El titular de la Defensa Nacional de México, general Ricardo Trevilla, informó que por órdenes de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, la dependencia enviaría 225 militares con ayuda humanitaria a Cali. En sendos aviones el miércoles 12 se envió la aportación mexicana.
Por otro parte, antes del terremoto, el gobierno colombiano por conducto del ministro de Comercio, Industria y Turismo, Mauricio Gómez Amin, anunció, en Cali, que el nuevo gobierno buscará trabajar con México en materia económica dejando de lado las diferencias ideológicas. Aclaró que la política colombiana marcará una diferencia con el anterior gobierno (que encabezaba Gustavo Petro), pues privilegiará el diálogo y el encuentro con otras naciones en vez de buscar la confrontación en redes sociales.
El funcionario originario de Barranquilla, manifestó: “Estaremos en México el 20 de agosto fortaleciendo la Alianza del Pacífico, vamos a trabajar con nuestros países hermanos y México es uno de ellos”. Anticipándose a desacuerdos entre los respectivos gobiernos, Gómez expuso: “Por encima de las ideologías están las naciones y el bienestar de nuestros ciudadanos; se acabó la diplomacia por conducto de X —antes conocido como Twitter—, pues debe de ser cara a cara, en la mesa, con transparencia y sinceridad en la conversación”. Dejó en claro en su declaración a la prensa, que durante su visita a México no habrá discusión en torno a la ideología de cada gobierno, “no hablaremos de eso”, aseguró.
En el mismo tenor, José Manuel Restrepo Abondano, el nuevo vicepresidente colombiano, declaró que uno de los principales objetivos de la novel administración, es fortalecer la relación con México, que es una de las principales herramientas de desarrollo económico de la región. “Todas las relaciones serán en beneficio de las oportunidades para la zona y para Colombia; hay que fortalecer la Alianza del Pacífico, indispensable, y hay que animar a México a que, efectivamente, se comprometa con ella”, remarcó. Propósito difícil de lograr, ya que Claudia Sheinbaum Pardo navega en otras aguas, de otro color.
Sin embargo, la Alianza del Pacífico es un mecanismo de integración económica creado en 2011y está conformado por Chile, Colombia, México y Perú.
Cabe decir que en el discurso inaugural que Abelardo de la Espriella brindó desde el cantón militar Pichincha, en Cali, el mandatario colombiano aseguró que Las relaciones internacionales y el comercio exterior no estarán ideologizados como lo hizo su antecesor. Incluso, aseguró que su administración estará trabajando y desarrollándose “lejos del abismo de los modelos totalitarios bolivarianos que tanto sufrimiento han causado en nuestra región”.
Destacó en su primer discurso como mandatario: “Gracias a nuestra política exterior, recuperaremos el liderazgo que históricamente nos ha correspondido en Iberoamérica y en nuestro hemisferio, siempre orientado a promover la integración y el desarrollo de nuestros pueblos, y no la ideologización de las relaciones internacionales”.
La tarea que le espera a De la Espriella es de pronóstico reservado, el “paciente (Colombia) requiere cuidado médico extremo y continuo”. Va más allá de cuestiones ideológicas. De un bon vivant pasa a presidente de un país con muchos problemas que necesitan pronta solución, o por lo menos bajar la presión a niveles fáciles de controlar. De otra suerte, su futuro y del país es poco halagüeño. Tiene que demostrar, en poco tiempo, que sus habilidades de negociador y de temple para enfrentar circunstancias poco agradables sean suficientes para mantener el timón con certeza.
Llega al cargo como un outsider, algo que en algunos países se ha puesto de moda, pero que no siempre da resultado. Nunca había desempeñado un cargo público, mucho menos ganado una elección. Su vida se desarrolló en los tribunales, defendiendo paramilitares, narcotraficantes, políticos corruptos y estrellas de futbol; en los medios de comunicación, en los negocios, con una personalidad extrovertida. Extrovertida, pero a veces insegura. Durante la reciente campaña siempre estuvo rodeado de escolta, protegido con chaleco antibalas (aseguran sus allegados), y siempre en vehículos blindados por si las dudas. La historia de la violencia política en el país incluye el asesinato de por lo menos ocho candidatos presidenciales a lo largo del siglo XX y el XXI. Característica que ha marcado absolutamente el rumbo de la democracia y la memoria colectiva del país. Del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, en 1948, al de Miguel Uribe Turbay, en 2025, hay historia.
El hijo de la Espriella Juris, abogado ex magistrado del Tribunal Administrativo de Córdoba y notario, y de María Eugenia Otero Aldana, perteneciente a una familia ganadera, cuenta que fue su padre el que lo encaminó a estudiar derecho —en vez de periodismo como él quería—, y le enseñó el poder de la palabra. Cuando era infante, estudió en el colegio La Salle de Montería, qué aunque era exclusivo de las familias de élite de la ciudad, ofrecía apertura para personas de menos recursos.
Los De la Espriella tenían educación, contactos políticos y una cómoda posición económica en Córdoba, pero no pertenecían a la clase pudiente, “éramos riquitos de pueblo”, contaba su progenitora. Una de sus profesoras recuerda a Abelardo como “un muchacho con autoridad. Era un chico que no se dejaba de nadie, peleaba por la justicia, con criterios claros”.
En 1999, año cabalístico, comenzó su aventura como abogado, con algunos casos laborales y civiles. En 2002 fundó su propio bufete De la Espriella Lawyers. Dio el golpe durante el proceso de desmovilización de los paramilitares impulsado en el gobierno de Álvaro Uribe. Fue entonces cuando tomó la defensa de jefes paramilitares y argumentó que éstos deberían ser tratados como actores políticos y no como narcotraficantes. Decisión que le granjeó convertirse en un despacho rentable y famoso. Abogado dispuesto a defender personajes peliagudos. Entre sus clientes figuraron “David Murcia Guzmán creador de DMG, holding acusado de fraude piramidal y lavado de dinero, los hermanos Nule, acusados de malversación, soborno y conspiración en Bogotá y Alex Saba, empresario colombiano señalado por EUA como testaferro de Nicolás Maduro”. Un abogado defensor de película hollywoodense. Alguien con personalidad que lo único que le importa es “ganar sin cruzar la línea ética”. Alguien muy hábil.
De la Espriella se presenta como un hombre que hizo su riqueza fundamentalmente trabajando como abogado y empresario, y utiliza esa independencia económica como argumento político convencido de convertir al Estado en una compañía próspera, una copia sudamericana de Trump. Cree que puede financiar su proyecto “social” sin depender de los grupos tradicionales.
Algunos periodistas lo describen como un “hombre familiar y de buen humor”, sin dejar de lado que disfruta de la buena vida, los vinos, la moda y los objetos costosos. Viaja como frecuencias a Italia y a Miami y otros centros donde asiste la High Society. No se cuida por demostrar su afición por la ropa de marca, relojes y automóviles lujosos. Para que nada falte, le fascina el show y ha aparecido como cantante de ópera y de música popular. Características que no comulgan con un mandatario preocupado por las clases populares.
Su transformación política fue meteórica. En julio de 2025 lanzó el Movimiento Defensores de la Patria. Pasa de ser un abogado discutido a encabezar una candidatura presidencial. Su discurso combinó reducción del Estado, rebaja de impuestos a favor de los ricos, defensa de la propiedad privada, valores conservadores, enfrentando a la izquierda, y una política de seguridad basada en la autoridad y el fortalecimiento de la fuerza pública.
La incógnita es si podrá convertirse en un estadista. Como presidente ya no tendrá la libertad de poder escoger sus adversarios y resolver los problemas a su manera. ¿Hasta dónde lo soportará la sociedad colombiana? VALE.
