El México profundo, el de la mayoría de la sociedad, está triste y preocupado. Falso que esté feliz por la vida que a diario enfrenta. Aunque la Presidencia de la República proclame como parte de su segundo informe de gobierno que “vamos muy bien”, la realidad -la prueba más clara de la verdad o la mentira- nos dice lo contrario.

El segundo informe oficial proclama la disminución de los índices delictivos y de la violencia, pero hay muchos datos que  parecen indicar que hay una manipulación perversa de los números en el Sistema Nacional de Seguridad Pública, porque según cifras oficiales del INEGI, la gente se siente más insegura, teme por su vida y la de sus familiares. Todos los días conocemos de nuevas ejecuciones múltiples y recientemente hasta de atentados con coches bomba.

En tanto, las personas buscadoras de sus seres queridos siguen reclamando a las autoridades federales que atiendan sus exigencias y desmantelen las redes criminales que siguen secuestrando principalmente a menores de edad y adolescentes -mi reconocimiento a todos ellos y un abrazo solidario a mi querido Fernando Vargas, cuyo hijo Olin Hernando fue secuestrado hace varios meses en el Ajusco, en la Ciudad de México. Se habla de 135 mil en los 8  años del obradorato y de más de 20 mil en estos dos  de años de Sheinbaum.

Eso ya de suyo es una tragedia nacional, un drama humanitario, que debiera borrar la falsa sonrisa de Sheinbaum en sus mañaneras y en su informe. Pero a ella parece no inquietarle el dolor de madres y padres de familia. “La violencia disminuye”, dice, aunque crezcan diariamente las cifras de nuevos desaparecidos. Eso es “peccata minuta” para el “humanismo” obradorista.

Y así llegamos al segundo año del gobierno claudista, con un país estancado económicamente, con un crecimiento que ronda el 1% del PIB anual (ni siquiera llega al tan condenado 2% del “crecimiento neoliberal”), muy lejano del 6% que López Obrador prometió para el final de su sexenio. Con una ocupación de la mano de obra mayoritariamente en la informalidad (el 55%), sin prestaciones sociales y sin contribuir al fisco. Además, con salarios raquíticos para los empleados públicos en todos los sectores, incluidos los maestros y aquellos que se encuentran en el sistema de salud pública, con entendibles rendimientos de su productividad laboral a la baja.

Sería prácticamente interminable hacer un recuento de las desgracias nacionales provocadas por estos falsos regeneradores de la vida nacional. Son infinitamente más corruptos que sus antecesores. Todos los días conocemos de un nuevo escándalo del saqueo de las arcas públicas y de la riqueza nacional por parte de la realeza gobernante (hijos, amigos y protegidos), así  como  de la decisión gubernamental de protegerlos. Saben que son impunes, que la ley no los tocará.

Eso es lo que explica por qué Sheinbaum no ha querido entregar a Rocha Moya y sus cómplices a la justicia norteamericana ante la incapacidad de juzgarlos aquí en México por ser protectores de las bandas delincuenciales que les ayudaron a ganar elecciones para llegar al poder. Eso es también lo que hacen de Morena, López Obrador y Sheinbaum, los verdaderos traidores a la patria al entregar la soberanía nacional a los grupos criminales. Complicidad con los delincuentes e impunidad mutua: la propia y para ellos.

Por eso al país no llegará la tan reiteradamente cacareada inversión nacional y extranjera. Por eso estamos estancados. Por eso somos tan vulnerables ante las presiones de los Estados Unidos. Por eso crece el déficit fiscal y está en riesgo el financiamiento de los programas sociales, cada día más desvergonzadamente utilizados para comprar votos. Y por eso no hay recursos suficientes para educación, salud, el campo, ni para invertir en infraestructura.

No. No vamos bien. Sheinbaum y su equipo lo saben. Por eso mismo el inmenso poder político que han acumulado lo están utilizando no para gobernar mejor, sino para anular y hasta eliminar a sus opositores, políticos y sociales.

Eso explica la rabia con que quieren censurar la libertad de expresión, callar a dirigentes de partidos críticos y prohibir programas de sátira política al gobierno. Mientras más poderosos se han vuelto, más débiles se sienten y temen perder el 2027.

Por eso  saludo que voces como las de José Ramón Cossío y Jorge Medellín demuestren con riguroso análisis la necesidad de una alianza opositora y celebro la decisión del PAN de abrirse a esa exigencia nacional.

Mientras tanto, ¿MC actuará de esquirol a favor de Morena?