Las fronteras entre países no son accidentes naturales. No brotan de las montañas ni siguen obedientes el curso de los ríos. Son decisiones humanas. A veces nacen de una firma, otras, de una guerra, algunas se trazan sobre una mesa distante. La de Chiapas nació de un tiempo en que todo parecía posible y poco estaba resuelto. No fue un instante inevitable ni una historia sin fisuras. Fue un proceso de incertidumbre, disputas y determinaciones, ocurrido cuando las nuevas naciones buscaban nombre, delimitaban confines y destino.
En los albores de 1821, en el continente americano, el dominio de la corona española se desplomaba. Agustín de Iturbide y Vicente Guerrero proclamaron el Plan de Iguala, firmado en la ciudad del mismo nombre, en el que declararon a la Nueva España como un país soberano e independiente de esa monarquía.
Chiapas no era el extremo sur de la nación mexicana, era una provincia que formaba parte de la Capitanía General de Guatemala. Era un territorio de encuentro entre Centroamérica y los Estados enclavados en el centro de México. Sus habitantes, su comercio y sus senderos tenían la opción de volver la mirada en las dos direcciones.
Siguiendo el ejemplo del Plan de Iguala, el ayuntamiento de Comitán proclamó su independencia. Determinación que se extendió a otros pueblos de la provincia. En septiembre fue instalada una junta provisional y posteriormente, Chiapas rompió sus vínculos con España y con Guatemala. Sin embargo, independizarse traía como consecuencia una decisión todavía más difícil: ¿Cuál sería el estatus de Chiapas a partir de ese momento?
Durante la Colonia, Chiapas había pertenecido a la jurisdicción de Guatemala. Pero en el nuevo escenario, México acababa de consumar su independencia y Centroamérica comenzaba a imaginarse como una entidad política propia. Chiapas geográficamente ubicada entre estos dos nacientes países, se encontraba en la oportunidad de decidir si se unía a alguna de ellas o se quedaba como país independiente.
En enero de 1822, Chiapas se incorporó al Imperio Mexicano de Agustín de Iturbide. Anexión que duró muy poco. La caída del Imperio en 1823, debilitó la unión. Nuevamente volvió la incertidumbre para que Chiapas decidiera su pertenencia.
En octubre de 1823 tropas mexicanas dirigidas por Vicente Filísola llegaron a disolver la Junta Chiapaneca. La reacción produjo el Plan Chiapas Libre, que determinaba que la provincia era independiente de México, así como de cualquier otra entidad, y obligó a las fuerzas mexicanas a retirarse de tal manera que únicamente la provincia estaba en posibilidades de decretar su destino, lo que constituía la afirmación de un derecho: el de pertenecerse a sí misma.
Pero, como suele suceder, en un conglomerado de personas, las opiniones son discordantes. Ciudad Real, hoy San Cristóbal de las Casas -que dicho sea de paso es mi ciudad natal- y otras plazas concordaban con la unión a México. Regiones como el Soconusco mantenían fuertes lazos con Guatemala y Centroamérica. También existían diferencias entre Tuxtla, Comitán y otras localidades. Detrás de las solemnes declaraciones, existían intereses comerciales, rivalidades entre regionales, vínculos familiares, opiniones políticas, militares y muy diversas formas de vislumbrar el futuro.
México tampoco contemplaba el proceso desde lejos. Chiapas tenía una ubicación estratégica. En la visión de Lucas Alamán, entonces ministro mexicano de Relaciones, Chiapas podría interconectar una posible ruta comercial interoceánica, por su gran cercanía con el Istmo de Tehuantepec y con Centroamérica. Visión que motivó una campaña política y de prensa favorable a su incorporación a México, además del apoyo a los dirigentes mexicanistas. Ofrecimientos que no tuvieron los simpatizantes de la unión con Centroamérica, por los problemas económicos, militares y políticos por los que atravesaban.

En 1824 La Junta Suprema de la Provincia organizó una consulta, no fue un plebiscito en el sentido moderno. La participación se articuló mediante ayuntamientos, las preferencias fueron contabilizadas según la población que representaban. Las mujeres carecían de derechos políticos y las numerosas comunidades indígenas: tzotziles, tzeltales, choles, zoques, mames, tojolabales y lacandones, aunque participaron, no lo hicieron en condiciones de igualdad, sobre todo por la lejanía de sus comunidades y la dificultad en las vías de comunicación.
El resultado del cómputo de la votación, según lo informa el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, fue la siguiente: 96,829 por la opción de anexarse a México; 60,400 por unirse a Centroamérica y 15,724 quedaron registradas como indiferentes o sin definición.
El 12 de septiembre se formalizó el resultado y el 14 de septiembre de 1824, la provincia declaró solemnemente su federación a la República Mexicana. Desde entonces, el 14 de septiembre se recuerda como el día de la unión de Chiapas a México.
El Soconusco siguió un camino distinto. La región costera, profundamente relacionada con Guatemala, no quedó integrada de manera efectiva junto con el resto de Chiapas. Durante cerca de 17 años permaneció en una situación de neutralidad disputada, expuesta a las pretensiones de México y Centroamérica. En 1842, el gobierno de Antonio López de Santa Anna decretó su incorporación a Chiapas y a la República Mexicana. Sin embargo, la frontera internacional quedó reconocida, definitivamente, hasta el tratado firmado por México y Guatemala en 1882.
¿Por qué terminó imponiéndose la unión con México? Entre otras razones manifestadas por los partidarios de esta anexión, por las siguientes:
En primer lugar, el resentimiento contra el gobierno guatemalteco. Las élites de Ciudad Real afirmaban que durante muchos años Guatemala había atendido principalmente sus relaciones con las provincias centroamericanas y había dejado a Chiapas en el abandono.
En segundo término, la búsqueda de seguridad y estabilidad. México parecía más grande, rico y militarmente capaz que la federación centroamericana.
Un tercer punto, las expectativas económicas. Los partidarios de México esperaban abrir mejores rutas comerciales. Aducían que las montañas dificultaban la comunicación con Guatemala.
En cuarto lugar, la posibilidad de conservar autonomía dentro de una federación. Tras la caída del Imperio de Iturbide, México adoptó el sistema republicano federal. Esto hizo más atractiva la unión, pues Chiapas podría incorporarse no como una provincia completamente subordinada, sino, como un estado con instituciones propias.
Chiapas no llegó a México porque su destino estuviera escrito. No todos miraban hacia el mismo horizonte. Unos imaginaron un Chiapas independiente, otros buscaron su porvenir junto a Guatemala y otros más vieron en México la promesa de una federación común. Pero en medio de aquellas legítimas divergencias, la mayoría oficialmente reconocida se pronunció por México. Así, Chiapas no fue mexicano por inercia, ni por accidente geográfico. Eligió serlo. Por eso afirmamos que los chiapanecos somos mexicanos por historia y por convicción.
La autora es ministra en Retiro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación
@margaritablunar
