En México existe un déficit en la investigación de los delitos, persecución de los delincuentes y el castigo de estos. Esto habla mal de las fiscalías, la general de la República y las particulares de las entidades federativas. Los jueces sabios y justos electos por el pueblo no están exentos de dudas y culpa.

Durante los gobiernos morenistas, tanto el de AMLO como el de la señora Sheinbaum, la inacción de la Fiscalía General de la República, con su anterior y su actual titular dejó de ser apática; avanzó unos peldaños más: se convirtió en cómplice.

No es exagerado decirlo, de los testimonios rendidos por miembros de la delincuencia organizada que han comparecido ante tribunales norteamericanos, ha quedado en evidencia que pocos morenos están a salvo de sospechas. De los presuntos, unos son responsables de acción y otros, que son los menos, de omisión.

Quienes han sido entregados a las autoridades de los EUA o quienes por sí se han entregado para ser jugados hablan pestes del gobierno mexicanos, de los políticos y de la policía. De su testimonio se desprende que ningún servidor público está libre de sospechas y que muchos están inmersos en graves responsabilidades. Los que están siendo juzgados hablan de un estado de descomposición generalizado y profundo de los funcionarios públicos. Para el caso no importan los colores partidistas; muchos, si no casi todos, están inmersos en actividades ilícitas o no del todo correctas. De lo que ha se ha hecho público, de lo declarado por los procesados, quienes más se han distinguido por corruptos son los morenistas; los mismos que nos prometieron un cambio y que afirmaron que eran diferentes.

Alguien dirá: no son creíbles sus testimonios, están encaminados a alcanzar una sentencia benigna; ellos, como criminales que son, con tal de alcanzar gracia, son capaces de mentir y de inventar responsables. Es cierto. Pero su testimonio, corroborado con otro tipo de pruebas, pudiera ser un indicio de la descomposición generalizada que existe en el gobierno mexicano

Lo que soltó Sergio Villareal Barragán, también conocido como el Grande, a la periodista Anabel Hernández: Narcodemocracia, El Grande rebela cómo los cárteles conquistaron México, (Grijalbo, México, 2026), parece desprenderse que la seguridad de que gozó Arturo Beltrán Leyva, uno de los capos más poderosos de México, las autoridades del Distrito Federal, encabezadas por AMLO, no sólo sabían de sus andanzas en la Capital, sino que le brindaban protección: ponía a su disposición patrullas para que se moviera libremente y con seguridad dentro del territorio de la capital. Después de todas las habladas que le echó a Felipe Calderón, él no nos puede salir que no sabía nada.

El Grande, pistolero cercano al capo Arturo Beltrán Leyva, afirma expresamente: “Es difícil corromper a una corporación tan grande. La verdad es que nosotros, en nuestro apogeo, sí corrompimos a la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal, pero no teníamos a toda la corporación porque es un monstruo de policía, muy grande. Teníamos lo que nos interesaba: a los altos mandos, cien por ciento seguros, y nuestras áreas de trabajo.” (pág. 205).

El mismo Grande, pone pintos y en su lugar a los hijos de Martha Sahagún.  (capítulo 9, págs. 147 en adelante). Tan decentes que se veían, no eran capaces de quebrar un plato. Este tema amerita un comentario por separado.

El impoluto AMLO no quedó a salvo de la maledicencia del Grande, con pelos y señales lo encuera en público:

“Durante aquellos años, cuando Marcelo Ebrard fue titular de la Secretaría de Seguridad pública (SSP) (2002 a 2004), por instrucciones de López Obrador, Gabriel Regino fue nombrado subsecretario de esa institución. Según me señaló un funcionario que en aquella época estaba en el círculo más cercano de López Obrador y que conocía bien a Regino. ´Era los ojos de AMLO en la Secretaría de Seguridad Pública´”. (pág. 205)

“El 20 de noviembre de 2018, el Rey Zambada declaró en el juicio contra el Chapo que entregó millones de dólares a Regino para la campaña presidencial de AMLO cuando era Jefe de Gobierno y ya aspiraba abiertamente a ser candidato del PRD a la Presidencia de la República.” (pág. 207).

“En la campaña presidencial de 2006 le entregue dinero a (Andrés Manuel) López Obrador en sus propias manos.” (pág. 208).

Ahora sí, como decía el clásico, el presidente de la República está informado de todo lo que pasa en el país, mucho más lo estaría el jefe de gobierno del Distrito Federal: AMLO respecto de la seguridad que policías de la ciudad prestaban a uno de lo grandes capos de la droga en México. (pág. 193). No nos puede salir con que no sabía de ese operativo de protección que, aparte de ser notorio, era permanente.

A pesar de lo anterior, que yo sepa, no se ha abierto averiguación alguna. Eso, aparte de ser una negligencia grave, raya en complicidad.

La omisión y negligencia de las autoridades mexicanas y, en particular de la Fiscalía General en la investigación de delitos y persecución de los responsables de ellos, ha derivado en que quienes lo están haciendo sean las fiscalías de los EUA. Por esa misma razón son los tribunales de ese país los que conocen de los procesos penales que se siguen a delincuentes nacionales.

Eso que, al parecer, fue declarado ante las autoridades norteamericanas, es muy grave, a pesar de serlo, la Fiscalía General de la República no ha solicitado a las autoridades norteamericanas información adicional y, desde luego, no ha iniciado dentro del territorio nacional una averiguación para esclarecer responsabilidades.

Nada va a pasar. Lo dicho por alguien que es delincuente confeso no merece ningún crédito. Pueden estar tranquilos AMLO, sus hijos, los hijos de Marta Sahagún, Peña Nieto y otros.

De lo que dice el Grande mucho es preocupante y también risible. Algunas de las que andan en la farándula o que aparecen en las series de TV, afirma que completaban su gasto haciendo servicios sexuales a los grandes capos. No digo sus nombres ni afirmo que sea cierto. Han caído de mi gracia. Pobres. La ambición las hundió. El desprestigio que deriva del dinero fácilmente ganado también las alcanzó a ellas. ¡Qué le vamos a hacer! Tan buenotas que se ven. Un amigo mío, no digo su nombre, me comentó: “No se confíe; están operadas; nada de lo que enseñan es natural.” Su dicho me dio gran consuelo; hasta me tranquilizó. Quedaron a salvo del señalamiento Lolita Ayala y la Chilindrina (pág. 184).

¡Qué ventaneada tan fea dieron a los gobernantes mexicanos los delincuentes procesados en los EUA! Si lo declarado es falso, habría que reconocer que, para difamar, es muy fácil generalizar; y si es cierto: ¡qué mal andamos!

El autor es Catedrático Universidad Autónoma Metropolitana.