El Indicador Oportuno del Consumo Privado (IOCP), publicado este 17 de septiembre por el INEGI, ofrece una fotografía que exige matices antes de convertirse en buena noticia. Para julio de 2026 el instituto estima un incremento anual de 1.6% en el gasto de los hogares, cifra que se reduce a apenas 0.9% para agosto, con variaciones mensuales de 0.2% y 0.1%, respectivamente. En términos de índice, el consumo alcanzaría 113.6 puntos en julio y 113.8 en agosto, sobre una base 2018=100. La lectura superficial —”el consumo repunta”— se desmorona en cuanto se contrasta con la trayectoria completa del indicador y con el contexto económico que lo rodea.
Una desaceleración disfrazada de estabilidad
El propio boletín reconoce algo que rara vez se destaca en los titulares: los intervalos de confianza al 95% para agosto van de -0.5% a 2.3% en la variación anual, un rango tan amplio que incluye la posibilidad de una contracción. Esto no es un matiz menor. El IOCP es, por diseño, un nowcast econométrico sujeto a revisión, y su historial reciente muestra que la economía mexicana atraviesa un proceso de moderación sostenido desde el arranque de 2026, cuando el consumo privado cayó 1.6% mensual en enero —el peor dato para ese mes desde 2009— en paralelo a un desplome de la inversión fija de 1.1%, la caída más pronunciada en ese mes desde 2018.
El Mundial no fue el motor que se anunció
Durante junio y julio, distintos analistas privados anticiparon que la Copa del Mundo 2026 inyectaría un impulso temporal al gasto de los hogares. La realidad fue más ambigua: los datos sugieren que el Mundial de Fútbol no logró impulsar de forma sostenida al consumo privado durante junio, pues es probable que el gasto asociado al torneo haya sido resultado de un desplazamiento desde otros productos o servicios, en un contexto donde el mercado laboral formal continúa débil. Este dato contradice la narrativa de que un evento de gran escala basta para reactivar la demanda interna cuando los fundamentos estructurales —empleo, inversión, salarios— no acompañan.
Remesas: el sostén que se erosiona por dentro
El otro pilar tradicional del consumo de los hogares mexicanos, las remesas, atraviesa una paradoja reveladora. Aunque el monto en dólares mostró cierta recuperación durante 2026 tras la caída de 4.6% registrada en 2025, el poder adquisitivo real de esos envíos se ha visto comprometido. El poder adquisitivo de las remesas en pesos reales se ha visto afectado por la fortaleza cambiaria, lo que reduce una fuente importante de apoyo para el consumo de muchas familias. Es decir: llegan más dólares, pero cada dólar compra menos pesos y, con ello, menos consumo interno. La fortaleza del peso, celebrada como logro macroeconómico, opera en sentido inverso sobre el bolsillo de millones de hogares receptores.
Lo que el índice no puede capturar
Existe además un componente que ningún modelo econométrico incorpora con precisión: la violencia. Episodios como los bloqueos y disrupciones registrados en distintos estados durante el primer trimestre de 2026 afectaron directamente la actividad económica y el gasto privado en ciertas regiones, un factor que rara vez se menciona cuando el discurso oficial celebra cifras agregadas nacionales. La estadística nacional promedia realidades regionales muy distintas, y ese promedio puede ocultar tanto zonas de franca contracción como picos artificiales de gasto.
Entre el optimismo institucional y la cautela técnica
No todo es negativo: algunos economistas de banca privada sostienen que el comportamiento actual corresponde a una normalización tras años de crecimiento atípico, no a un cambio de tendencia, y que los salarios reales, el nivel de ocupación y las remesas continúan respaldando el ingreso disponible de los hogares, aunque anticipan un ritmo más moderado en la segunda mitad del año. La tensión entre esta lectura institucional —que privilegia la resiliencia— y la lectura técnica más escéptica —que subraya la desaceleración y la fragilidad de los motores de gasto— es exactamente el tipo de fricción que el debate público mexicano evita profundizar.
La pregunta de fondo no es si el consumo creció en julio y agosto, sino qué tan sólido es un crecimiento que apenas roza el 1% anual, sostenido por remesas que valen menos y por un mercado laboral que no genera empleo formal al ritmo necesario. ¿Puede llamarse recuperación a una economía que, mes tras mes, necesita explicar por qué no cae, en lugar de explicar por qué crece?
