En su libro Miradas al cine (artículos de crítica) José de la Colina citó a Jean Mitry sobre Iván el terrible (Ivan Grosny, primera parte, 1943-1944, La conspiración de los bolyardos, 1945-1946, segunda parte, Unión Soviética) de Serguéi Mijáilovich Eisenstein, con Nikolái Cherkasov: “Es menos un film, en el sentido dramático de la palabra, que una ceremonia religiosa” (La fascinación del poder, páginas 70-76). Quiero citar a Jean Mitry, de manera directa, para dar testimonio de esta obra maestra del cine que para Emilio Riera es “la obra más bella, más rica, más impresionante y más conmovedora que haya producido el cine”: “Grandioso ´fresco´ lírico que narra la lucha entablada por Iván IV, gran duque de Moscovia, contra los boyardos, el clero e, incluso, contra él mismo, contra sus propias dudas (conflicto entre el deber y la fe). Igual que Alejandro Nevski, este film no está construido como un relato seguido. Preocupado por alcanzar la ´sublimación épica´ a través de la forma, Eisenstein llega a significar por las imágenes mismas, por su composición plástica, más que por su organización rítmica. Los personajes no son seres vivos, sino ideas encarnadas. Todo es símbolo: el gesto, la mirada, tanto como las líneas, los movimientos y la forma del decorado. La psicología no está expresada, sino ´puesta en signo´. Los arcanos del arte eisensteianos reúnen, de nuevo, la liturgia clásica y hallan los fundamentos de su simbolismo tan viejo como la noción misma del arte, la de la ´representación´. Más que un film (se repite la cita de José de la Colina, con más por menos y ceremonial por ceremonia religiosa), en el sentido dramático de la palabra, es un ´ceremonial´ de, una transfiguración exaltante de la grandeza imperial en el seno de una atmósfera angustiada que traducen los arcos bajos, los estrechos corredores, los reductos tortuosos, ante la solemne amplitud de los techos y las salas inmensas, en las que las sonoridades se repiten de eco en eco. Este film expresa, en fin, en un clima de angustia y de asfixia, la mística del poder contra la mística del odio y de la traición. El esplendor pictórico triunfa sobre el contenido, que sólo existe en función de los signos formales que lo traducen”.
¿Pero, qué escribió Eisenstein sobre su último film, ejerciendo la autocrítica mas severa? En sus Yo, memorias inmorales encontré lo siguiente: “… el juicio de la ´pelirroja Bess´, como nuestro zar Iván el Terrible llamaba a la reina de Inglaterra (mi hermana Isabel, se le escucha decir en un diálogo). (En Iván el Terrible) se envenenan las zarinas… Y no es absoluto casual que durante muchos años ocuparía mis pensamientos y fuera mi héroe preferido el mismo zar Iván Vasilievich el Terrible (Nota: grosny, severo o amenazador, raíz grosá, la tempestad. Prólogo: Se avecina una tormenta. Nubes cruzan la pantalla. Voces cantan: Negras nubes se reúnen, cárdena sangre baña el alba). Hay que decir que como autor soy poco atractivo. Pero es interesante que, precisamente en el guion sobre el Terrible, aparezca una especie de autoapología del autor. Justamente en el guion, ya que debido a ciertas consideraciones las escenas de la infancia del Terrible no formaron parte de la película (Nota: si formaron parte el segunda película) …”

Al respecto, cabe trascribir integro lo dicho de sí por Eisenstein (autopsicoanálisis):
“En el guion se muestra cómo la suma de las impresiones infantiles favorecen la creación de una causa social e históricamente útil, lo cual sucede cuando el complejo emocional formado por estas impresiones coincide, en el orden de los sentimientos, con aquellos que en el orden de las acciones racionales y volitivas debe realizar el adulto. En otras palabras, de una serie de impresiones infantiles agudas y de los sentimientos que las acompañan -el ´cuídate del veneno, cuídate de los boyardos´, dicho por la madre que muere envenenada, la nostalgia de las ciudades auténticamente rusas del Báltico conquistadas por los extranjeros (en la canción de la nana), la corrupción de los boyardos en torno al trono del príncipe moscovita-. todas ellas determinan el tinte emocional apasionado de los actos que realiza en el futuro el adulto Iván como empresas progresistas del Estado. (La liquidación del feudalismo y la conquista de la costa del Báltico.) Si una serie de traumas de la infancia coincide, según su índice emocional con los problemas que enfrenta el adulto, desemboca en un bien. Éste es el caso de Iván. Considero que en este sentido tuve suerte en mi vida…”
Iván el Terrible o la fascinación del poder mítico, conflico entre el poder y la fe, el ceremonial litúrgico, el oratorio religioso y págano, con música de Serguéi Prokófiev (Orquesta. Coro. ¡Coro! ¡Orquesta!, sonido como un todo orgánico y la experimentación del color y el autopsicoanálisis del autor, son ejemplos de una obra inclasificable que pertenece al cine estereoscópico del futuro, ilusión de profundidad y tres dimensiones (3D) digitales, al mostrar una imagen distinta en cada ojo.
