Sheinbaum decidió prohibir que un mexicano con doble nacionalidad pueda aspirar a la Presidencia de la República o a una gubernatura.
Para justificar su decisión dijo: “No puedes ser Presidente y jurar dos banderas, solo una”. Si quieres gobernar un país —añadió— no puedes tener dos o tres patrias. Sólo una.
La patriotera decisión está alimentada por la propaganda cuatroteísta repetida mil veces desde la “mañanera”: “La soberanía no es negociable”, la “soberanía está por encima de todo”, “México es una nación libre, independiente y soberana”.
¿A qué le tiene tanto miedo la Presidenta que se vio obligada a modificar varios artículos de la Constitución y con ello violar los derechos políticos de millones de mexicanos que tienen doble nacionalidad?
¿A qué le tiene tanto miedo la Presidenta? La respuesta es sencilla: tiene pavor a que Morena pierda las próximas elecciones. Por eso, en mayo de este año, la mayoría del partido oficial en el Congreso también aprobó una reforma para anular las elecciones en caso de intervención extranjera.
Sheinbaum está colocando obstáculos a la oposición y construyendo una narrativa nacionalista para defender a su partido —no a México— del impacto político que ya tienen los escándalos publicados en Estados Unidos sobre políticos de Morena vinculados al crimen organizado y al huachicol fiscal.
Está dedicada a inventar pretextos, enemigos, fantasmas, y herramientas “constitucionales” que le permitan impedir a toda costa la derrota de Morena en las urnas. Si un candidato de oposición utiliza la información de la DEA para atacar a un candidato de Morena será acusado de permitir la intervención extranjera y las elecciones serían anuladas.
La iniciativa de Sheinbaum para prohibir la doble nacionalidad es una restricción que utilizan las dictaduras como castigo político perseguir y marginar a sus opositores. Así lo hizo Daniel Ortega y su impresentable esposa Rosario Murrillo en Nicaragua.
La lengua de la Presidenta tiene efecto de búmeran. Todo lo que dice opera en su contra. Trata de decirnos que sólo los leales a México tienen una sola nacionalidad, ergo, los que tienen dos, son traidores a la patria.
Bueno, bueno, pues Andrés Manuel López Obrador, Andy López Beltrán, Rubén Rocha Moya, Adán Augusto López, más los que se quiera añadir no tienen —hasta donde sabemos— doble nacionalidad y sin embargo se destacan por ser distinguidos traidores a la patria.
Cada uno de ellos ha entregado a los cárteles un trozo de soberanía nacional. Han asaltado las arcas públicas a través del huachicol. Han enriquecido y empoderado a los narcos. Todos ellos tienen un solo pasaporte, no obstante, juran ante la bandera narca.
