La memoria de los seres humanas suele ser flaca; recuerda lo que le place. Lo doloroso se hace a un lado. Pese a intrincadas funciones cerebrales que impiden olvidar lo que lastima, a veces se tienden cortinas que disfrazan ese sentimiento. Quizás por eso, muchos medios de comunicación nacionales y extranjeros, no le dieron la debida atención a la muerte del ex general serbiobosnio, Ratko Mladic, de 84 años de edad, el tristemente famoso “carnicero de Bosnia”, ocurrida en el Centro Judicial para la Atención Somática, el hospital penitenciario de La Haya (Holanda), donde se le atendía de varios problemas cerebro vasculares.
Mladic, cumplía cadena perpetua, declarado culpable en 2017 por el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia (TPIY), por genocidio, cinco cargos de crímenes de lesa humanidad y cuatro cargos de crímenes de guerra. Su sentencia fue la última que emitió este tribunal creado en la capital de los Países Bajos en 1993 para juzgar los crímenes de las guerras balcánicas.
Ratko Mladic, nació el 12 de marzo de 1942 en el pueblo de Bozanovici, municipio de Kalinovik, que en ese momento pertenecía en el estado independiente de Croacia, al sur de Sarajevo que a la sazón era una entidad títere de la Alemania nazi. En 1944 murió su padre combatiendo con los partisanos (resistencia) del mariscal Josip Broz Tito, contra fuerzas ustachas, fascistas croatas partidarios de la Alemania hitleriana.
Mladic creció en la Yugoslavia fundada por Tito en 1943 —la República Federativa Socialista de Yugoslavia—, en plena Segunda Guerra Mundial, formada por seis repúblicas: Eslovenia, Croacia, Bosnia-Herzegovina, Serbia, Montenegro y Macedonia. La formación del país demuestra una permanente complejidad histórica. La península balcánica arrastra una larga tradición de divisiones étnicas, nacionalismos y disputas territoriales que marcarían hechos cruciales como la Primera Guerra Mundial y las guerras de Yugoslavia. De ahí el origen de la frase del legendario y polifacético estadista británico Sir Winston Leonard Spencer Churchill: “Los Balcanes producen más historia de la que pueden consumir”., lo que refleja esa región europea con una intensa carga de tensiones políticas y sociales.
Las palabras de Churchill dicen mucho más de lo que suele creerse. Por lo menos ayudan a ubicar, si eso fuera posible, el derrotero de la vida y obra del “carnicero de Bosnia”, aunque no es fácil aceptar el comportamiento del antiguo comandante militar de los serbiobosnios, uno de los hombres más buscados de Europa durante 16 años. La muerte de Mladic deja en penumbras muchos de los criminales actos de una guerra que marcó a Bosnia y Herzegovina con las fosas comunes, las ciudades sitiadas y la repudiada limpieza étnica. Su impronta queda asociada con dos escenarios imborrables: Sarajevo y Srebrenica. Lo más impresionante del caso es que esos crímenes tuvieron lugar apenas hace 31 años. La II Guerra Mundial había terminado 50 años antes, cuando la Humanidad había comprobado la vesania del Holocausto, la locura de los campos de exterminio nazis. Tal parece que el hombre nunca aprende.
El motivo principal de la Guerra de los Balcanes en los años 90 del fatídico Siglo XX fue la desintegración de Yugoslavia y el deseo de independencia de sus diferentes repúblicas, proceso que se topó con el rechazo y el nacionalismo de Serbia. La muerte del mariscal Josep Broz Tito en 1980 fue el principio del fin. El pegamento político que mantenía unidas a las seis repúblicas yugoslavas desapareció, así como la convivencia pacífica de musulmanes, católicos y ortodoxos.
Cuando la federación comenzó a desintegrarse y las repúblicas yugoslavas emprendieron el camino hacia la independencia fue el momento para que el oficial de carrera —Ratko Mladic—, se convirtiera en uno de los principales instrumentos militares del nacionalismo serbio bosnio. Bajo el padrinazgo de Slobodan Milosevic —que lo protegería aún en los momentos más negros siendo prófugo de la justicia—, que dirigía el gobierno central de Serbia, Mladic también se opuso firmemente a la ruptura para intentar retener el poder y unificar a la población serbia en un solo territorio. El choque combinó diferencias profundas entre serbios (ortodoxos), croatas (católicos) y bosnios (musulmanes) avivado por “limpiezas étnicas”. Todo un relato de choques, mezclas y fronteras entre imperios, religiones y culturas.

No hay espacio suficiente para narrar la trágica historia de los Balcanes, palabra que proviene del turco otomano y significa “montaña” o “monte arbolado”. Por cierto, el término península balcánica lo acuñó en 1808 el geógrafo August Zenne, inspirándose en lo montañoso del terreno. Toda la región incluye 12 países. Por razones históricas y culturales, Hungría y Moldavia también se incluyen en la región de los Balcanes, que comprende una superficie de 550,000 km2, con una población (actual) de casi 53 millones de habitantes. México tiene, 1,964,375 Km2, y una población de 134,400,000 habitantes.
Como se ve, no es necesario contar un país de millones y millones de kilómetros cuadrados y más de mil millones de habitantes, para influir en la historia del mundo. La complicada historia de la región balcánica, caracterizada por las frecuentes divisiones y subdivisiones de los Estados desde al menos la segunda mitad del siglo XIX, ha dado origen al concepto de “balcanización” que se aplica, incluso, a territorios muy distantes de los Balcanes. “Balcanización” significa la división generalmente violenta y artificial por potencias extraterritoriales de los países que integran una zona geográfica.
Por si algo faltara, en los Balcanes se hablan 16 idiomas indoeuropeos; entre los mayoritarios un grupo de eslavos: búlgaro, serbo-croatas, esloveno, macedonio, griego y albanés (descendiente del ilirio, hablado en la zona desde antes del Imperio Romano, y del Darío o tracio, de la antigua Dacia); de lenguas neolatinas, rumano, moldavo, y el aromuna. En algunas áreas se habla húngaro, alemán, turco e italiano; y en comunidades dispersas por la península el romaní (gitanos), y en las comunidades judías, yidish y judeo-español (ladino). Uf.
De este melting pot (crisol de culturas) surge Ratko Mladic, como otros “militares” que escaparon de la justicia internacional a la sombra del desorden del momento. Años de ignominia para muchos y de sufrimientos inenarrables para otros: de abril de 1992 hasta diciembre de l995. La guerra de Bosnia fue causada por una compleja combinación de factores políticos y (seudo)religiosos: exaltación nacionalista, crisis políticas, sociales y de seguridad que siguieron al final de la Guerra Fría y de la caída del comunismo en la antigua Yugoslavia.
Mladic asumió el mando del Estado Mayor del Ejército de la República Srpska (las fuerzas militares serbobosnias que combatieron durante la guerra de Bosnia), en mayo de 1992. Cargo que desempeñó hasta 1996. Su objetivo militar estaba ligado al proyecto político de los dirigentes serbobosnios, conquistar y mantener territorios que permitieran levantar una entidad serbia étnicamente homogénea en Bosnia. El TPIY consideraría en sus deliberaciones que Mladic mantuvo una responsabilidad central en el asunto.
Aparte de Slodovan Milosevic —que perdería el poder hasta el año 2000 tras masivas protestas populares—, el rostro de Mladic se convirtió en uno de los símbolos de la guerra. Alto, corpulento, de gesto severo, siempre ataviado con uniforme militar, aparecía entre sus soldados como una figura de autoridad paternal. Apariencia que se vio totalmente empañada cuando su hija Ana de 23 años de edad, se suicidó el 24 de marzo de l944, en su Departamento con la pistola reglamentaria de su progenitor, debido a que (vox populi), descubrió los crímenes de Ratko contra los perseguidos musulmanes. Ana, lo consideraba un héroe.
Y como héroe lo veían muchos serbios. Sin embargo, para los bosnios musulmanes representaba al general que dirigía las fuerzas responsables de bombardear sus ciudades, expulsar a sus familias y asesinar a sus compatriotas. Según los registros, Mladic ordena disparar contra los barrios musulmanes de Sarajevo, hasta llevar a sus habitantes “al borde de la locura”; esta operación se prolongó durante más de tres años y medio y se convirtió en el asedio urbano más largo de la guerra moderna después de la II Guerra Mundial, con una duración de 1425 días, incluso después de que se firmaron los acuerdos de Dayton, Ohio, EUA.
Durante la caída de Srebrenica en l995, Mladic llevó al comandante holandés de la ONU (Cascos Azules de los Países Bajos (Dutchbat), coronel Thomas (Thom) Jacob Karremans, a una sala donde un cerdo vivo estaba amarrado, según se cuenta en el periódico The Washington Post. En presencia del impávido Karremans, un soldado serbio destripó al animal con un cuchillo. Mladic le dijo al coronel: “Así es como tratamos a nuestros enemigos”. Por cierto, Harremans permitió la salida de miles de refugiados bosnios del complejo de la ONU en Potocari hacia una muerte segura. Un tribunal holandés lo exoneró de toda culpa, y dijo que la ONU lo había enviado a una misión imposible. Por el contrario, el asedio de Sarajevo fue uno de los cargos fundamentales en contra de Ratko Mladic.
Asimismo, los sucesos en Srebrenica fueron los que definieron para siempre la suerte del “carnicero de Bosnia”. En julio de 1995, las fuerzas serbio bosnias tomaron el enclave que Naciones Unidas había declarado “zona segura”. Lo cierto es que miles de hombre y niños bosnios musulmanes fueron separados de las mujeres y de los ancianos y asesinados impunemente. El 13 de julio del mismo año, a las 16 horas, miles de musulmanes exhaustos fueron capturados por las fuerzas de Mladic mientras intentan huir por las montañas. Durante las siguientes 72 horas, se desata una masacre sistemática. Soldados serbobosnios asesinan brutalmente a 8,732 hombres de Srebrenica.
Entre agosto y noviembre del horrendo 1995, las fueras de Mladic participaron en un esfuerzo organizado y exhaustivo para ocultar los asesinatos y ejecuciones de los musulmanes serbios de Srebrenica, exhumando y volviendo a enterrar en lugares aislados, los cuerpos exhumados de fosas comunes. Aún hoy se siguen identificando los cuerpos mediante complejas técnicas de ADN. Lamentablemente más de 1000 cuerpos siguen desaparecidos.
Tras la guerra más de 40,00 personas fueron declaradas desaparecidas, y desde 1955 se han descubierto más de 3,000 fosas comunes que contienen sus restos. Srebrenica fue reconocida judicialmente como genocidio y se convirtió en la mayor atrocidad cometida en Europa desde la Segunda Guerra Mundial, cuando los nazis mostraron de lo que es capaz la maldad humana.
Las fotografías de guerra en las que aparece Mladic en su entrada a Srebrenica, rodeado de cámaras fotográficas y de televisión, forman parte de la memoria más obscura de las guerras yugoslavas. En aquellos momentos, Ratko llegó incluso a dirigirse públicamente a los habitantes musulmanes de la ciudad, mientras sus tropas comenzaban a ejecutar el plan que terminaría en una de las mayores matanzas de civiles de la Europa contemporánea.
Tras las negociaciones entre la ONU —que en los Balcanes desempeñó una de sus peores intervenciones—, las tropas del Batallón holandés, pueden abandonar Srebrenica. El general Mladic se despide del coronel Karremans, que después de la guerra se refugió en España, donde todavía reside. El general Mladic”carnicero” le desea buen viaje y le ordena una valla. Se ve a la tropa del Dutchbat celebrando en las calles, bailando y bebiendo. Comienzan a surgir los primeros informes sobre la masacre. El jefe civil de la ONU en Bosnia, Yasushi Akashi, no informa sobre las pruebas de las atrocidades. Tiempo después, el funcionario de la ONU fue acusado por los serbios.
Por otra parte, el coronel Karremans se refiere al ataque a Srebrenica como “operación militar excelentemente planificada”. A su regreso a Holanda obtuvo un ascenso militar.
La guerra terminó el 12 de diciembre de 1995 con los acuerdos de Dayton, firmados en París, pero negociados en la base de la Fuerza Aérea Wright Patterson, en Ohio, EUA. Este tratado frenó la violencia armada de forma inmediata, pero consolidó las divisiones étnicas, dificultando reformas y creando un sistema propenso a la corrupción y las tensiones nacionalistas. Puede decirse que el conflicto de las guerras de los Balcanes no terminó por la intervención de la ONU. Uno de sus fracasos.
Mladic no terminó en esos momentos ante la justicia. Acusado formalmente por el tribunal de La Haya, desapareció y permaneció prófugo durante casi 16 años. Durante ese tiempo se convirtió en una especie de fantasma de las guerras balcánicas. Durante mucho tiempo gozó de la protección oficial en Serbia y entre antiguos miembros de los servicios de seguridad.
El 26 de mayo de 2011, fue detenido en Lazarevo, al norte de Serbia, cuando ya era un hombre envejecido a los 69 años de edad. Cinco días más tarde fue trasladado a La Haya. El juicio comenzó en 2012 y se prolongó varios años. Sus argucias como militar que recibía órdenes y defendía a los serbios no convencieron al jurado. Sus crímenes eran innegables. El 22 de noviembre de 2017 serbios dictó sentencia. Fue condenado a cadena perpetua. En junio de 2021 la sentencia quedó definitivamente confirmada tras un recurso que se le negó.
El jueves 27 de julio del presente año murió después de agravarse su estado de salud. La memoria de sus crímenes y de quienes murieron bajo sus órdenes permanecerán vivas durante mucho tiempo. Su muerte no fue suficiente. VALE.
